Crónicas

Machine Head en Chile: arrasando con todo

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Como notera del Cuartel del Metal y fan reciente de Machine Head, me complace compartir mi experiencia sobre el increíble concierto que la banda entregó en el Teatro Coliseo. Debo decir que la noche del martes quedará grabada en la memoria de todos los presentes en el teatro, donde la legendaria banda de heavy metal ofreció un concierto que dejó al público sin aliento. Con una entrega apasionada y una potencia descomunal, lograron crear una experiencia inolvidable que demostró por qué son considerados una de las bandas más influyentes del género.

Machine Head, formada en 1991 por el talentoso guitarrista y vocalista Robb Flynn, ha dejado una huella imborrable en la historia del heavy metal. Desde sus inicios, su música ha sido un torbellino de riffs poderosos, letras intensas y una energía desbordante que ha cautivado a fanáticos de todo el mundo. Con su álbum debut “Burn My Eyes” en 1994, Machine Head se convirtió en un fenómeno instantáneo. Canciones como “Davidian” y “Old” se convirtieron en himnos para una generación sedienta de música agresiva y auténtica. Desde entonces, la banda ha seguido evolucionando y desafiando los límites del género con álbumes icónicos como “The Blackening”, “Unto the Locust” y “Catharsis”.

 

Un concierto inolvidable

 

Desde el primer instante, el aire se cargó de electricidad mientras un mar de luces espectaculares iluminaba el escenario. Las notas inconfundibles de la guitarra de “imperium” resonaron en la oscuridad, anunciando la inminente llegada de la poderosa fuerza sonora que estaba por desatarse. Los amplificadores rugieron con una intensidad abrumadora, como si el mismísimo trueno se hubiera desatado en el recinto. Y entonces, en medio de la expectación y el clamor ensordecedor de la multitud, Machine Head hizo su entrada triunfal, desencadenando un torbellino de energía que envolvió a todos los presentes en una espiral de pura pasión y éxtasis. La apertura había sido simplemente arrolladora. Los acordes iniciales resonaron en el aire y la batería marcó un ritmo atronador. La guitarra se unió a la melodía, creando una sinfonía de sonidos que envolvió al teatro en un abrazo. La energía desbordante de la banda se transmitió instantáneamente al público, que respondió con vítores y Mosh.

 

El repertorio de Machine Head fue un viaje a través de su legado musical. Desde los clásicos atemporales hasta los temas más recientes y poderosos, cada canción resonó con una intensidad arrolladora. “Ten Ton Hammer” y “CHØKE ØN THE ASHES ØF YØUR HATE” hizo que el público enloqueciera, entregándose por completo al nivel musical de la banda. Los coros se elevaron en unísono, creando una comunión entre músicos y fanáticos. El virtuosismo de los músicos era simplemente asombroso. El guitarrista desató solos vertiginosos y llenos de pasión, demostrando su destreza técnica y su dominio del instrumento. Los dedos volaban por el mástil de la guitarra. Al momento que interpretaron “Now we Die” la piel de todos los presentes se erizó y la gente respondió a la frenética melodía cabeceando con todo. El bajo resonaba con una fuerza descomunal, proporcionando una base sólida para los estruendosos ritmos de la batería. Cada nota, cada acorde, era ejecutado con una precisión milimétrica. La banda luego tocó” The Blood the Sweet the Tears” un gran clásico y “Killer Kings” tema más calmado que le entregó dinamismo a la noche. La interacción entre la banda y el público fue constante a lo largo del concierto y se hizo notar en todas las canciones. El vocalista invitaba a todos a corear las letras y la respuesta del público no se hacía esperar y era un testimonio del poder de la música para unir a las personas. Era evidente que había una conexión profunda entre los músicos y sus seguidores, una conexión que trascendía las barreras del escenario.

El concierto fue una montaña rusa de emociones. Desde momentos más introspectivos y melancólicos con “UNHALLØWED” y “Locust” con un tremendo solo de guitarra, hasta explosiones de furia y energía desenfrenada invocadas por “BECØME THE FIRESTØRM”, Machine Head no dejó respiro a los asistentes. La intensidad era palpable en el aire y cada canción era recibida con euforia y pasión desbordante. “No gods, no masters” se desata con la suave y cautivadora melodía de la guitarra, una canción que rebosa de epicidad en cada nota. Rob, enérgico y carismático, interactúa con el público y rememora su regreso triunfal. Luego, desafían al público a elegir una canción para interpretar cómo cover, bromeando con una versión de “All the Small Things” de Blink 182 antes de sumergirse de lleno en una interpretación magistral de “Hallowed” de Iron Maiden. Con una habilidad asombrosa, ofrecen una maravilla musical que deja a todos sin aliento.

La poderosa introducción de “Old” comienza con un solo de batería que irradia fuerza, seguido por el arrollador sonido de los demás instrumentos. La multitud se eleva en un frenesí de saltos y explosiones de emoción ante la poderosa interpretación. En un momento épico, un fanático se sube al escenario y se lanza al público, elevando aún más la vibración del lugar. Continuaron con la tremenda canción “Aesthetic of Hate”, una canción cargada de potencia con un coro enérgico y atronador que incita a todos a moshear sin medida. Pero luego suavemente traicionaron en la siguiente canción “ARRØWS IN WØRDS FRØM THE SKY”, muy agradable y otra interpretación superior. Continuamos con los solos épicos y el guitarrista polaco Wacław Kiełtyka nos deleita con una interpretación de guitarra fenomenal. Sin descanso, demostró su habilidad brutal para crear solos increíbles con una destreza inimaginable, luciéndose de manera impresionante. Luego Robb Flynn aparece con su guitarra acústica interpretando la intro de “Darkness Within” mientras nos narra una historia. Luego, los demás integrantes de la banda se unen a él en una interpretación conjunta.

 

Las luces se apagan y da inicio a “Catharsis”. El talentoso vocalista aparece cantando y tocando la guitarra en solitario junto a la batería, para luego ser acompañado por el resto de la banda en una interpretación enérgica de la canción. El público, atento, observa con admiración mientras tocan. De repente, estalla la energía y todos comienzan a cabecear al ritmo de la música. Pero luego, “Bulldozer” hace su aparición y no suelta al público, donde todos bailan y se sumergen en un mosh pit, celebrando el inmenso poder musical de Machine Head. En ese momento, pareciera que podrían derrumbar el Teatro Coliseo con su descomunal fuerza sonora.

“From This Day” fue la canción culminante hasta el momento, con todos los presentes disfrutando felizmente del poder del metal. Este clásico nos regaló un momento hermoso que todos guardaremos en nuestra memoria. Pero aún quedaba una canción legendaria: “Davidian”, la canción más popular de la banda. En vivo sonaba diabólicamente perfecta, y la interpretación, excelente. La gente estaba enloquecida, y el mosh pit solo reventaba más. Antes de avanzar hacia el final del concierto, la banda propuso un pequeño desafío al público: agarrar un vaso de alcohol que se lanzaba al público. Al lograrlo, Robb cantó “We Are the Champions” de Queen y dio un dato curioso: somos el segundo país en lograr este desafío. Lamentablemente todo lo bueno debe acabar y en el clímax de la noche. Con “Halo”, Machine Head cerró su actuación con broche de oro, dejando a todos los presentes con ganas de más. Los acordes finales resonaron en el teatro mientras el público coreaba la letra con fervor. Fue un momento mágico, un instante en el que todos éramos uno con la música.

En resumen, el concierto de Machine Head en el Teatro Coliseo fue una experiencia verdaderamente épica e inolvidable. La banda, considerada como auténticos titanes del metal, desató una tormenta de poder y pasión sobre el escenario, entregándose sin reservas en cada nota y creando una conexión mágica con su público. Es lamentable que la grandeza de Machine Head esté infravalorada, ya que su música trasciende los límites y merece ser escuchada por multitudes sedientas de autenticidad y fuerza sonora. Sin embargo, aquellos afortunados que presenciamos el concierto anoche fuimos testigos de un evento épico que quedará grabado en nuestras almas para siempre. Vibrando con la energía desenfrenada y la entrega apasionada de la banda. Cada acorde, cada grito, cada golpe de batería resonó en lo más profundo de nuestros seres, despertando una pasión indomable y un sentimiento de unidad. Machine Head dejó una huella imborrable en la historia del Teatro Coliseo, un legado que perdurará a través del tiempo. Anhelamos con fervor su próximo regreso a tierras chilenas, para revivir una vez más la grandeza de esta banda y sumergirnos en el éxtasis musical que solo ellos pueden brindar.

Javiera “Jaji” Jiménez Horta

 

Fotos por Pedro Ateaga

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