Masters of Rock Chile 2023: Maestría pura
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Crónicas

Masters of Rock Chile 2023: Maestría pura



El festival Masters of Rock en Chile, con Kiss, Scorpions, Deep Purple, Helloween, Skid Row, Cleaver y Queenmilk, se realizó a pesar del mal tiempo. Skid Row tocó después de Cleaver y Queenmilk y ofreció un gran espectáculo, con problemas de sonido pero con los clásicos de sus álbumes y una canción de su último disco. Helloween y Deep Purple también tocaron, pero estos últimos hicieron el mejor show del evento según el autor.


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Kiss

Cuando el año pasado se anunció la realización del festival Masters of Rock en Chile, todos los fanáticos del rock clásico sabíamos que este iba a ser uno de los más esperados eventos del 2023 por su poderoso cartel de artistas. Liderada por Kiss, la lista la completaba Scorpions, Deep Purple, Helloween y Skid Row. Más tarde, se confirmaron como artistas invitados a los nacionales Cleaver y Queenmilk, haciendo un total de siete bandas para amenizar el domingo 30 de abril. Hasta ahí todo bien, pero el anuncio de un frente de mal tiempo puso en duda su realización, porque, para quienes vivimos en «el mejor país de Chile», sabemos que pasa en Santiago cuando las lluvias superan lo normal. No obstante, este comentado mal tiempo ocurrió suavemente el sábado, ya que para el domingo, como un milagro, el cielo estaba más ameno, aunque con un frío de locos.

El público comenzó a llegar temprano, ya que las puertas del estadio Santa Laura, en la comuna de Independencia, abrieron al mediodía. Miles de fanáticos hicieron alarde de sus ya típicas poleras, remeras, playeras, camisetas, o como quieras llamarlas, con los logotipos de una infinidad de bandas, aunque las más habituales fueron las de Scorpions y Kiss. Los locales Cleaver y Queenmilk fueron los encargados de prender a un público que recién pisaba el recinto, pero debo reconocer que me los perdí porque mi objetivo siempre fueron las bandas internacionales, así que llegué más tarde. Como estaba previsto, pasada las dos de la tarde salió al escenario Skid Row con su nuevo cantante Erik Grönwall. El sueco se lució con un buen bozarrón y una buena puesta en escena. Cuando estaban en medio de «I Remember You», pasó lo inesperado, el sonido se fue y la banda quedó plop! como diría Condorito. No obstante, el problema duró poco tiempo y el público, que ya bordeaba las 10.000 personas, los acompañó en todo momento. Cuando todo volvió a la normalidad, repitieron la canción, ¡chilenos suertudos! Los clásicos de los álbumes Skid Row y Slave to the Grind sonaron fuertes, pero también hubo espacio para la homónima de su último disco The Gang’s All Here de 2022. Skid Row realizó un show redondo, una banda esperada por los fanáticos acérrimos porque no pisaba suelo chileno desde 2009.

La pausa entre Skid Row y los alemanes Helloween se sintió breve. Pasada las 16 horas los oriundos de Hamburgo golpearon fuerte con «Dr. Stein», para seguir con una serie de clásicos de sus icónicos álbumes. Michael Kiske y Andi Seris se lucieron con sus tremendas voces, al igual que Kai Hansen. Deris se echó el público al bolsillo con su fluido español, e incluso mostró interés en comprarse una «casita» en nuestro país, ya que prácticamente tocan en Chile muy seguido. Dudo que no hayan existido ofertas. Se notó que el público los quería ver, porque cantó a todo pulmón canciones como «Eagle Fly Free», «Ride the Sky» o «I Want Out». Ya en la parte final, las pelotas con la calabaza siniestra recorrieron la cancha y algunas tuvieron la suerte de caer en las galerías, divirtiendo al público de todas las edades, hasta que una salió del estadio y otra se reventó ¿Qué pasó con las demás? Ni idea, aunque como recuerdo estaban geniales, así que lo más probable hoy estén en alguna casa. La banda que puso la cuota de power metal agradó a los asistentes totalmente. La única queja fue algunos problemas de sonido en que las voces no se oían bien, como saturado y sucio, pero el show estuvo muy bueno.

Ya con el crepúsculo, era la hora de una de las agrupaciones más esperadas, Deep Purple. Eso se notó porque el sector de la cancha general estaba a tope para cuando sonó «Highway Star». Los británicos se las mandaron e hicieron, a mi gusto, el mejor show del evento. Los veteranos Ian Paice, Roger Glover e Ian Gillan pusieron a prueba su trayectoria con talento puro y dedicación. Gillan sonó increíble. El noirlandés Simon McBride también realizó un excelente trabajo, mientras que Don Airey hizo de punto de encuentro. Si había un reemplazo ideal a la altura del fallecido Jon Lord, era Airey definitivamente. El teclista nos sorprendió con un «Gracias a la vida» de Violeta Parra y con el himno nacional en el piano; el «asilo contra la opresión» sonó más fuerte que nunca. Todos los clásicos sonaron excelentes y fueron coreados por un público que esperaba reencontrarse con los británicos desde 2017. Hubo espacio para roquear fuerte y duro con «Perfect Strangers», «Lazy» o «Space Truckin’», pero también para la emotividad con «When a Blind Man Cries» y la dedicada al otrora teclista en «Uncommon Man». El gran punto a favor, además del profesionalismo de los músicos, fue el nítido y claro sonido.

Para las ocho de la noche el aire frío post lluvia se sentía con ganas, pero Scorpions calentó al público con su poderoso hard rock y heavy metal tradicional. A pesar de que Klaus Meine se mostró menos ágil sobre el escenario que en las visitas previas, es solo la vejez física, porque la vocal ni por si acaso muestra cansancio. Las roqueras sonaron fuertes y pesadas, mientras que las power ballads conquistaron al público. Las luces de los celulares y las miles de voces ambientaron a «Send Me an Angel», «Wind of Change» y la histórica «Still Loving You». Mikkey Dee se mandó el tremendo solo de batería, acompañado por una presentación en las pantallas gigantes que entretuvo bastante. A pesar del frío, Scorpions no decepcionó y temas como «Blackout» o «Big City Nights» contagiaron a un estadio repleto. Como de costumbre, el arácnido picó tan fuerte como un huracán.

Cerca de las once de la noche, las llamaradas de fuego y las plataformas sobre el escenario anunciaban la llegada de los líderes del cartel, Kiss. Hay que reconocer que el espectáculo era el mismo de las veces anteriores, pero nunca está de más ver a Paul Stanley volando por sobre el público, a Gene Simmons escupiendo sangre, o el exagerado confeti. Esta supone ser la «despedida de la otra despedida de aquella otrora despedida», pero personalmente sentí que no estuvo a la altura comparada por ejemplo a su concierto en 2014. Todos los clásicos estuvieron presentes, Simmons sonaba bastante bien, mientras que Stanley mostró una menor calidad vocal. Ya conocemos sus problemas vocales, pero hay que ser conscientes de que tampoco podemos exigir tanto a alguien que siempre lo ha dado todo. La parte más incómoda pero a la vez divertida, fue cuando Stanley confundió a Santiago con San Diego, pero salió victorioso de ese desliz con humor al llamarse así mismo un «estúpido» en un fluido español. A partir de ahí la palabra Santiago la mencionó más veces que nunca. El show lo sentí largo, hubo muchas pausas en que Stanley parecía estar dando un stand up y ese aburrido y largo solo de guitarra al final de «Calling Dr. Love», provocó algunos abucheos, al menos donde estaba yo. La aparición de fotografías y videos del clásico Kiss de lo setenta, generó un sentimiento de nostalgia al saber que nuestras queridas bandas ya están diciendo adiós. «Rock and Roll All Nite» fue el perfecto final para un evento de doce horas seguidas.

Kiss

Kiss

Si tuviera que elegir los puntos positivos del festival serían la calidad del evento; el sonido y el escenario estuvieron a la altura y, como el estadio no es muy grande, la visibilidad fue perfecta. La calidad de las bandas fue el gran factor a favor, en especial de aquellas más longevas (Deep Purple, Scorpions, Kiss) porque se notó el compromiso de los músicos con su público y dieron todo a pesar de las limitaciones físicas de una edad avanzada. Lo otro interesante, fue ver a una nueva generación de fanáticos, adolescentes y niños acompañados por sus padres dando una cierta esperanza de que el rock seguirá vivo en el consciente colectivo después de que las grandes bandas digan adiós.

Si hay ying también hay yang, y hubo algunos puntos negativos. Se me viene a la mente el problema técnico en la presentación de Skid Row (un error blanco, por así decirlo) el sonido un tanto sucio en Helloween y la falta de pirotecnia en el show de Kiss. Hay muchas razones para no haber incluido fuegos artificiales, pero al ser tu último show en Chile como también en Latinoamérica, sentí que fue un punto en contra. Lejos del espectáculo, lo malo fue el frío, porque cuando salió Kiss ya habían cerca de 8 grados. Mucha gente, al menos de la cancha general, comenzó a irse después de «I Was Made for Loving You», porque el frío estaba agresivo, sobre todo para aquellos que fueron con sus pequeños hijos. Lo otro, fue la elección del estadio porque está construido en un sector muy congestionado, por lo que salir del evento fue una proeza. Además de que no cuenta con estacionamientos, muchos dependieron de la locomoción colectiva, la que no dio para todos, sobre todo después de la una de la madrugada. Como habrán ganado dinero los taxis y las aplicaciones de transportes.

En definitiva, como amante del rock y metal clásico espero con ansias que este evento se replique el próximo año y que se mantenga con los años, porque la propuesta es buena, vendible y gusta a los fanáticos del rock, sino pregúntenles a los cerca de 35.000 que estuvieron presentes. Sabiendo de antemano que las visitas a Chile de las clásicas bandas podrían ser las últimas, este evento parece ser el idóneo para reunir a un puñado de ellas y disfrutarlas a concho. La primera edición del Masters of Rock en Chile pasó el examen con una nota alta, no hay duda de ello.

Colaborador de El Cuartel del Metal desde Chile. Responsable de reseñas de discos.

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