"El Loco de la Ruta": los crímenes que inspiraron la canción de Morferus
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“El Loco de la Ruta”: los crímenes que inspiraron la canción de Morferus

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El Loco de la Ruta

Si siguieron nuestra serie de crónicas basadas alrededor de Argentina Psicópata, el debut de los deathmetaleros argentinos Morferus que trata en sus letras algunos de los asesinatos más resonantes de la historia de la criminología argentina, podrán comprobar que todos estos casos tienen un hilo en común: de una manera u otra, los casos se cerraron. Incluso en el caso de Cayetano Santos Godino, alias “El Petiso Orejudo”, en el que se pueden encontrar dudas y contradicciones serias en todos excepto el último de los crímenes por el que se lo acusó, se puede decir sin lugar a dudas que el caso se cerró.

Pero el de “El Loco de la Ruta” es un caso diferente, más que nada por la sencilla razón de que nunca se lo haya atrapado, y que incluso se dude de que siquiera haya existido. Los crímenes en si fueron muy reales: una serie de asesinatos, más que nada de prostitutas, en la ciudad costera de Mar del Plata a lo largo de casi una década, a lo que suma una serie de desapariciones.

Las comparaciones con el caso de “Jack, el Destripador” no se basan simplemente en que ambos sean casos de (supuestos) asesinos seriales sin resolver y que en ambos las víctimas hayan sido, al menos en su mayoría, trabajadoras sexuales, sino que en ambos hubo suficientes elementos en común como para relacionar todos estos casos, tanto en ejecución como en el estado de los cuerpos. Pero lo resonante del caso del supuesto “Loco de la Ruta” fue la trama de corrupción que terminó destapando.




El primer cuerpo lo encontró un camionero el 1ro de julio de 1996, debajo de un puente a la vera de la Ruta 226. Se trataba de Adriana Jaqueline Fernández, una mujer de 26 años de origen uruguayo que trabajaba como artesana en la ciudad de Mar del Plata. Fernández no tenía relación con la prostitución, pero su caso terminó unido por su modus operandi al del resto de los cuerpos que se encontraron en los meses siguientes: Viviana Esther Espíndola (26 años), Mariela Giménez (27), María del Carmen Leguizamón (25), y Analía Fuschini. Todas estas eran prostitutas. Algunas de ellas fueron descuartizadas, pero las unía la zona de la ruta. Y a estos se sumaron los casos de otras siete mujeres desaparecidas por es misma época.

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No queda bien en claro si fue la policía o la prensa quien instaló la idea de que todos estos asesinatos eran obra de un solo asesino, pero ciertamente la prensa marplatense se agarró de la idea, publicando artículo tras artículo acerca de los casos, instalando una variedad de hipótesis acerca de este supuesto asesino, al que bautizarían como “El Loco de la Ruta”. Se dijo mucho acerca de este supuesto psicópata, y mucho se inventó: un periodista dejó una flor en el lugar donde se había encontrado el cadáver e informó que había sido puesta por el asesino. El diario El Atlántico incluso contrató a una vidente que dijo que el asesino “trabajaba para Satán”.




Pero lo que encontraron los investigadores fue muy real: se encontró una agenda perteneciente a Verónica Andrea Chávez, una de las víctimas desaparecidas. En ella se encontró una serie de números telefónicos que se terminaron relacionando con Marcelo García Berro, fiscal federal de Mar del Plata, a lo que se sumó el testimonio del portero del edificio donde vivía Chavez, que la describió llegando varias veces en un Chevrolet Corsa verde, descripción que coincidía con la del auto oficial del fiscal.

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En agosto de 2002, se separó a García Berro de su cargo, y lo procesaron junto a otros catorce hombres (diez policías y cuatro civiles) por encubrir las desapariciones. A través de las pesquisas, se descubrió una enorme red de corrupción que involucraba a la policía, que cobraba “protección” tanto a los prostíbulos como a las prostitutas, además de implicarse en los negocios de los narcotraficantes. Según varias hipótesis que se manejaban, los asesinatos y desapariciones se habrían dado porque algunas habían rechazado pagar la “protección”, como un acto de represalia. García Berro argumentó que todo el caso se trataba de una maniobra política en su contra, debido a que el fiscal estaba involucrado en los Juicios por la Verdad que investigaban los crímenes de la última dictadura militar en Mar del Plata, que entre sus investigados se encontraba Pedro Hooft, juez de la causa del “Loco de la Ruta”.




Durante el juicio, García Berro tuvo como representante a César Sivo, un abogado que se haría conocido por representar a acusados de pertenecer al negocio del narcotráfico. En 2006 promovieron a Sivo a fiscal. Comenzó una causa contra Hooft por crímenes de lesa humanidad que se extendió por doce años hasta que fuera sobreseído.

El caso del “Loco de la Ruta” terminaría en la nada. Dos suboficiales fueron condenados en 2004 por el encubrimiento, pero el resto terminaría siendo sobreseído. García Berro volvería a su puesto como fiscal. Aparecería de vuelta en las noticias en 2019, cuando avaló la liberación de Sergio Orlando Leiva, conocido como “El Negro Sombra”, quien fuera parte de una red de secuestradores.

Al día de hoy, los asesinatos y desapariciones siguen sin resolverse, los culpables están libres y las familias de las víctimas siguen sin encontrar consuelo.

Director del grupo editorial El Cuartel del Metal. A los 16 años fundé El Cuartel del Metal y desde entonces no he parado de descubrir nuevas cosas que me apasionen. Programador por pasión y licenciado por obligación. Practico artes marciales mixtas. ¿El mejor concierto de mi vida? Napalm Death en el 2016.

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