Mientras el Black Metal noruego de los 90 se hacía conocido entre incendios, polémicas y portadas sensacionalistas, en Fredrikstad comenzaba a gestarse algo distinto. Algo menos interesado en el caos urbano y más conectado con la niebla, el bosque y los espíritus antiguos. En 1994, Dolk dio vida a Kampfar, proyecto cuyo nombre proviene de un antiguo grito de guerra pagano dedicado a Odín, dejando claras sus intenciones desde el inicio: esto no iba de caricaturas satánicas ni de posar para la prensa. Iba de naturaleza, tradición y oscuridad primitiva.
Durante años, Kampfar fue casi una entidad fantasmal dentro del underground europeo. Junto a Thomas en guitarra, la banda decidió mantenerse lejos de los escenarios y existir únicamente a través de sus discos. Mientras otras agrupaciones construían reputación en vivo, Kampfar se refugiaba en el aislamiento, dejando que la música hablara por sí sola.
Y vaya que habló.
Con ‘Mellom skogkledde aaser’ (1997) y ‘Fra Underverdenen’ (1999), el grupo empezó a levantar las bases de lo que más tarde sería reconocido como Pagan Metal. Riffs helados, crudeza absoluta y melodías folklóricas que parecían surgir desde montañas cubiertas de escarcha. Discos que todavía hoy suenan como una caminata perdida entre árboles moribundos y niebla espesa. No era un Black Metal pensado para destruir iglesias; era un Black Metal hecho para invocar paisajes.
El hechizo del aislamiento terminaría rompiéndose en 2003. La incorporación de Ask Ty en batería y Jon Bakker en bajo transformó a Kampfar en una máquina mucho más brutal sobre el escenario. Lo que antes era misterio de estudio comenzó a convertirse también en ritual en vivo.
Con ‘Kvass’ (2006) y ‘Heimgang’ (2008), la banda expandió todavía más su sonido y terminó de consolidarse en los grandes escenarios europeos. El Black Metal pagano de Kampfar ya no solo funcionaba en la intimidad de los audífonos o en noches solitarias; ahora también hacía retumbar festivales completos bajo una atmósfera densa, ceremonial y salvaje. La presencia de Dolk al frente de la banda terminaría convirtiéndose en otro de sus sellos: teatral, agresiva y casi chamánica por momentos.
La siguiente mutación llegaría en 2011 con el ingreso del guitarrista Ole Hartvigsen. Desde ahí, Kampfar empezó a sonar todavía más oscuro, más elaborado y más enorme. ‘Mare’ (2011), ‘Djevelmakt’ (2014) y ‘Profan’ (2015) elevaron a la banda hacia una nueva etapa, mezclando la violencia del Black Metal con texturas épicas, pasajes ritualísticos y una densidad casi hipnótica. Profan incluso terminaría llevándose el Spellemannprisen, el equivalente noruego a un Grammy.
Pero lo más impresionante de Kampfar es que jamás perdieron el filo.
Incluso después de crisis internas y años difíciles, la banda regresó con ‘Til Klovers Takt’ (2022), un álbum pesado, frío y ceremonial, donde todavía se siente intacta esa conexión con la naturaleza, la furia y la espiritualidad pagana que los ha acompañado desde sus inicios. Pocas bandas logran llegar a más de treinta años de carrera sonando tan vivas y peligrosas.
Y ahora, finalmente, ese ritual aterriza en Chile.
Kampfar llega al Teatro Cariola no como una reliquia nostálgica de los años 90, sino como una banda que todavía suena hambrienta, gigantesca y profundamente conectada con su identidad. Entre el concreto gris de Santiago y el frío que empieza a envolver la ciudad, el Pagan Black Metal de los noruegos encuentra el escenario perfecto para desplegar toda su oscuridad ceremonial.
Porque hay bandas que simplemente tocan canciones.
Y hay otras, como Kampfar, que parecen invocar tormentas.
Nota por: Bastian Fernandez
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