La noche del 17 de diciembre de 2025 quedó marcada como una de esas jornadas que se instalan en la memoria colectiva de los fans del nu-metal. El Teatro Coliseo fue testigo de un reencuentro cargado de nostalgia, emoción y potencia sonora, con P.O.D. encabezando una velada que celebró décadas de música, resistencia y conexión real con su público.
La jornada comenzó puntualmente a las 19:50 horas con la salida a escena de Demon Hunter, banda estadounidense que asumió con solidez y convicción la misión de abrir el show. Con 24 años de trayectoria, el grupo dejó claro desde los primeros acordes por qué se ha mantenido firme dentro de la escena del metal alternativo y metalcore cristiano desde su formación a comienzos de los 2000. Su presentación, que se extendió hasta las 20:50 horas, fue un recorrido intenso por su historia, combinando fuerza, técnica y una entrega emocional que no pasó desapercibida.
Demon Hunter; un encuentro necesario
Lejos de ser un simple acto de apertura, Demon Hunter logró cautivar al público presente, muchos de los cuales llegaron temprano exclusivamente para verlos. Las primeras filas revelaban admiración y goce total del show, además de voces que coreaban cada canción con emoción palpable, evidenciando una base de fans fiel y profundamente conectada con el mensaje y la música de la banda. Hubo momentos de comunión entre escenario y público al demostrar complicidad con gestos de admiración y aplausos tras cada canción; siempre con la banda haciendo hincapié en su largo camino recorrido al sostener con cariño la bandera de nuestro país, agradeciendo el apoyo constante y celebrando más de dos décadas de perseverancia musical.
Tras un breve intermedio, la espera llegó a su fin y la emoción hizo presencia en el lugar. A las 21:15 horas, las luces se apagaron nuevamente y la fuerza del público anunció el regreso de P.O.D. al escenario. Desde las primeras canciones del setlist, la energía se desbordó: mientras la banda entonaba sus clásicos inmortales, una bengala se encendió entre el público, iluminando la sala en medio de saltos, pogos y coros que retumbaban de muro a muro. Fue una imagen potente, casi simbólica, de la intensidad con la que los fans recibieron a la banda.
Manteniendo la misma estructura del setlist presentado la noche del 15 de diciembre en Argentina, la banda decidió agregar un tema extra: Lay Me Down (Roo’s Song), P.O.D. ofreció un show sólido y emocional compuesto por un total de 19 canciones, cuidadosamente ordenadas para recorrer distintas etapas de su carrera. Cada tema fue recibido como un viejo amigo, con el público entregado por completo, cantando, saltando y acompañando cada riff con una devoción que traspasaba generaciones.
Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó con el cover de “Don’t Let Me Down” de The Beatles, una versión inesperada que logró unir a todo el recinto en un disfrute transversal. Lejos de romper el clima, la interpretación aportó una pausa emotiva y potente, demostrando la versatilidad de la banda y la conexión total con una audiencia que cantó el clásico con sonrisas y brazos en alto.
A lo largo del show, P.O.D. se destacó por su constante comunicación con el público en español, un gesto que fue recibido con aplausos y cercanía. Sonny Sandoval se mostró agradecido, cercano y genuino, dedicando palabras de cariño a Chile, recordando visitas pasadas y reforzando ese lazo especial que la banda ha construido con sus fans latinoamericanos a lo largo de los años. Cada intervención reforzó la sensación de estar viviendo algo más que un concierto: era un reencuentro.
Con más de 30 años de historia, P.O.D. se mostró tan vigente como siempre, demostrando sobre el escenario que el paso del tiempo no ha mermado ni su energía ni su capacidad de conexión con el público. La banda desplegó un show sólido y honesto, apoyado en un repertorio que ha sabido envejecer con dignidad, combinando clásicos que marcaron a toda una generación con una ejecución potente y actual, reafirmando su lugar como uno de los nombres fundamentales del nu metal y del rock alternativo a nivel mundial.
Uno de los instantes más emotivos de la noche llegó con “Youth of the Nation”, canción que, más de dos décadas después de su lanzamiento, sigue resonando con una fuerza especial. En un gesto que emocionó a toda la sala, la banda invitó al escenario a Noah, un niño chileno que se ganó el aplauso inmediato del público. Con valentía y emoción visible, Noah entonó el clásico tema junto a la banda, llenando el Teatro Coliseo de orgullo y simbolizando el traspaso generacional que la música de P.O.D. ha logrado de manera tan natural. Fue un momento genuino, honesto y profundamente humano, de esos que definen una noche inolvidable.
El show se extendió hasta aproximadamente las 22:30 horas, cerrando con “Alive”, uno de los temas más emblemáticos de la banda, interpretado como un verdadero punto en común colectivo. No fue solo un concierto, sino una celebración de historias personales ligadas a canciones que han acompañado procesos, caídas y victorias. La nostalgia estuvo presente en cada acorde, no como un ancla al pasado, sino como un recordatorio del camino recorrido y de la vigencia emocional que estas bandas aún mantienen.
La velada del 17 de diciembre no solo reunió a dos nombres fundamentales del rock alternativo y el nu-metal, sino que también confirmó que, pese al paso del tiempo, la conexión entre banda y público sigue intacta. En el Teatro Coliseo, por unas horas, el tiempo pareció detenerse, y la música volvió a ser ese refugio compartido que une generaciones bajo un mismo coro.
Carolina Sulbarán
Fotos por Blanca González

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