Artículo por Marco Galván, fotografía cortesía Teatro Diana | Ángeles del Infierno nace en 1979 en Lasarte, España, creada por el guitarrista Robert Álvarez y logra consolidarse en 1982 con la entrada del vocalista Juan Gallardo. Siendo la banda abridora de grupos como AC/DC, MÖTORHEAD y SAXON, entre otros, llamaron la atención del sello discográfico WEA con el que cerraron contrato. Coexistiendo junto con bandas como Barón Rojo, Obus, Panzer, Ñu y Muro, entre otros, se convirtieron en la banda más importante del país en esa década, gracias a su excelente producción, sonido crudo, grandes riffs y buenos estribillos corales.

A lo largo de los años, han experimentado una evolución con altibajos, pérdida de integrantes y algunos períodos de inactividad. Decayeron paulatinamente sin grabar un buen álbum desde su época dorada en los ochenta. De hecho, solo dos miembros españoles originales siguen en la banda: Juan, el vocalista, y Robert, el guitarrista. Actualmente, el resto de la banda está conformada por músicos mexicanos.
El pasado 7 de octubre, a las 7 de la noche, las puertas del Teatro Diana en la Perla Tapatía abrieron sus puertas para el concierto de Ángeles del Infierno. Las bandas tapatías Hard y The Drakma fueron las encargadas de calentar motores, para dar paso a una leyenda del metal mexicano llamada MEGATON (donde Chava Drago, vocalista de Coda, grabó su primer disco). Desafortunadamente, el equipo de sonido comenzó a dar muestras de fallas.
Con un foro casi lleno en su totalidad, al término del set de MEGATON, comenzaron a escucharse los gritos al unísono: «¡Ángeles, ángeles!»
Alrededor de las 10 de la noche, el esperado momento llegó y la banda decidió comenzar con uno de sus peores temas, «Todos Somos Ángeles», uno de los discos más odiados por los fans, el cual, según las críticas, nunca debió de haber existido.
Retomando el camino de sus grandes éxitos de antaño, siguieron los temas «Sombras en la Oscuridad», seguido de «Rocker» y «Prisionero», causando que los asistentes se levantaran de sus asientos extasiados para mover sus melenas y cantar cada una de las palabras con gargantas en tensión. De repente, el sonido siguió fallando del lado del guitarrista fundador Robert Álvarez, quien claramente se mostraba molesto y terminó desapareciendo del escenario, dejando al segundo guitarrista Foley haciendo lo posible, pero mostrando profesionalismo, ya que el show debía continuar.
El show continuó con «Vives en un Cuento», el cual no es muy común en sus presentaciones. Como era de esperarse, el concierto dio paso a los clásicos ochenteros de la banda, con la totalidad de los fans cantando cada una de las palabras de cada canción y, en muchos momentos, el público sobrepasando el sonido del mítico vocalista. Las baladas «Pensando en Ti» y «Si Tú No Estás Aquí» dieron paso al momento romántico de la noche para posteriormente traer temas más heavys: «Diabólica», «Con las Botas Puestas», «El Principio del Fin» y «Todo lo que Quiero», y dar un nuevo respiro con el sonido del piano, dando paso a una de las baladas más bellas sobre las dificultades interpersonales de pareja: «Jugando al Amor».
A mitad del set, la fuerza se retomó con más temas clásicos, dando paso al potente «Héroes del Poder», «Condenados a Vivir» y la graciosa «A Cara o Cruz», con inconfundible nanana nanana. No podía faltar «Fuera de la Ley», para conectar con otro bloque de semibaladas clásicas marcando el número telefónico de los Ángeles, «666», y «Al Otro Lado del Silencio». Esta última mostró en las pantallas a los fallecidos viejos amigos de la banda, «Charly Montana» (ex Vago, ex Mara) y Sax de La Maldita Vecindad, y darles un homenaje despedida. Acabada la canción, ellos mismos se despidieron y el público siguió gritando por su regreso.
Ya para terminar la noche, postergando la cereza del pastel, regresaron para interpretar su éxito más famoso, «Maldito Sea Tu Nombre», dejando a todos agradecidos, incluyendo al mismo Satanás, el cual, contento de ver triunfante otra noche más donde sus hijos esparcen su imagen y palabra.

