La banda alemana liderada por el multinstrumentista Noise transformó el recinto de la calle San Diego en una trinchera de la Primera Guerra Mundial, ofreciendo un debut épico donde la teatralidad y el Death metal melódico se dieron la mano.
La noche en el centro de Santiago prometía ser intensa y no defraudó. El clásico Teatro Cariola, que se ha convertido en el epicentro de la música en vivo en la capital, fue testigo de una velada donde la historia y la distorsión se fundieron en un solo estruendo.
Antes Muertos (AM): La previa de alto calibre
Los encargados de abrir el fuego fueron los chilenos de Antes Muertos. La banda, formada en 2014, demostró por qué fueron los elegidos para esta cita. Con una propuesta de aggro metal sólida, encendieron los ánimos de quienes iban llegando al local de calle San Diego.
Su presentación destacó por una batería demoledora, potente y precisa, que sirvió de base para una serie de consignas líricas que invitaron a la reflexión como “Ilusionistas”, “Dry bones” y “Lo que sube”. No fue solo ruido; fue un mensaje directo que preparó el terreno mental de la audiencia para lo que vendría.
El desembarco de la artillería alemana de Kanonenfieber
La propuesta de Kanonenfieber es sencilla en papel, pero compleja en ejecución: rendir un homenaje solemne y crudo a los soldados que lucharon y perecieron en la Primera Guerra Mundial. Su estética misteriosa, con rostros cubiertos y uniformes de época, no son meros adornos, sino el vehículo principal para transportar al público al horror de 1914-1918.
El setlist comenzó en lo más alto. Tras una introducción atmosférica, la banda puso los pies en la tierra y comenzó la masacre sonora con “Menschenmühle”. Este debut se sintió épico desde el primer acorde; el público chileno, conocido por su energía, esperaba con ansias esta fuerza en un escenario con tanta mística como el Cariola.
Francotiradores y trincheras
Uno de los puntos álgidos de la noche llegó con la interpretación de «Der Füsilier», momento el cual Noise, el cerebro detrás de esta one-man band (que en vivo se transforma en una máquina perfectamente engrasada), se empoderó del escenario. En una pose teatral de francotirador, apuntó y disparó su música directamente al centro de la cabeza de los asistentes, logrando una conexión visceral.
El segundo encore marcó el dominio total de la escena con «Die Feuertaufe». La banda demostró no solo capacidad técnica, sino una habilidad única para transmitir la desesperación y la adrenalina del combate a la audiencia.
La recta final trajo consigo «Lviv zu Lemberg» (referencia a la batalla de Lviv), marcando el inicio de la despedida. El Cariola vibró completo, sintonizado en torno a la temática bélica, como si el recinto mismo fuera parte del frente oriental.
Con «Waffenbrüder», la comunión fue total. El coro de los fanáticos se metió de lleno en el campo de batalla, logrando que la mística de las trincheras se apoderara de cada rincón del teatro. Fue un momento de hermandad entre la banda y su público.
El horror persiste
El cierre fue tan dramático como la historia que cuentan. Luego de «morir» simbólicamente en el escenario, Noise regresó portando una máscara de calavera. Un gesto final potente para demostrar que, aunque la música termine, los horrores de la guerra siguen presentes en la memoria.
Kanonenfieber ofreció un espectáculo que reafirma que la puesta en escena sigue siendo vital para entregar el mensaje de la música. Si bien la temática es la guerra, la noche dejó claro que lo importante fue el homenaje que se realiza a quienes la sufrieron, ejecutado a través de un metal de primer nivel que dejó al público presente en estado de shock.
Agustín Morales Pérez
Fotos por Maximiliano Figueroa Henríquez


