CD Review

Reseña: Soda Stereo – “Signos” (1986)

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Siguiendo con las revisiones cronológicas de los álbumes de Soda Stereo, esta vez toca reseñar el tercer álbum, Signos. Para entonces, la banda argentina estaba subiendo la montaña del éxito y, como ocurre en muchos casos, este trae consigo los excesos. El consumo de cocaína ya estaba instaurado en el seno del grupo y Gustavo Cerati, aunque suene raro decirlo, saco provecho de eso para cocomponer las canciones de este disco editado en 1986.

El álbum inicia con “Sin sobresaltos”, un tema de new wave con una sección de instrumentos de viento metal como novedad. No obstante, para ser la pista inicial curiosamente es la más débil del disco; de hecho, el título está bien puesto porque pasa sin sobresaltos. Siempre me he preguntado por qué no dejaron a “El rito” como la canción de apertura, era la ideal. En esta ocasión la banda le da un mayor protagonismo al órgano Hammond y a los arreglos en una atmósfera post-punk introspectiva y sutil. La introducción de “Prófugos” siempre me ha parecido una de las mejores de Soda Stereo, en especial como aparece el bajo de Zeta Bosio que hace de quebrantador. Ya sea la música, la letra, los arreglos y el solo de guitarra (uno de los más pesados que grabó Cerati), son aspectos que la resaltan. “No existes” parte como una balada con unos preciosos arreglos casi industriales de fondo, para después fluir en un rock de tempo medio, muy inspirado en The Police y el new wave británico.

“Persiana americana” es la mejor pista del álbum y se ha instaurado dentro del Olimpo del rock latinoamericano por derecho propio. Sin quitarle mérito a la música, la letra (sobre un voyerista) es lo mejor de la canción. Desde una vista retrospectiva, “En camino” establece la piedra angular para lo que sería el posterior sonido de la banda, aquel que presentaron con fuerza en Dynamo (1992). A pesar de aquello, siento que desentona con el resto del material, porque es muy “alegre”. “Signos” muestra otra de las introducciones más preciosas de Soda Stereo. El ambiente que ofrece en los versos es mucho más maduro y serio; en cambio, en el estribillo es más dócil. Los arreglos de los teclados y, supongo que es una trompeta, afirman la madurez que comento, porque son detalles que no hacen en un parpadeo. El disco termina con “Final caja negra”, un new wave acorde a la época con mucha herencia del sonido británico detrás.

En la reseña de Nada Personal comenté que ese disco era la pubertad de Soda Stereo, mientras que acá es la adolescencia, porque Signos es como aquel joven que está dispuesto a explorar el mundo. Tanto la música como las letras muestran a una banda madura, con deseos de eliminar todo rastro del molde juvenil y alegre de su primer disco; lo destacable es que pasaron solo dos años. El mayor intervencionismo de los teclados, la incorporación inteligente de arreglos leves en cada una de las pistas y la aparición de coros femeninos, hacen que el álbum sea más desfachatado. A grandes rasgos, Signos es una digna continuación de Nada Personal.

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