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Reseña: Soda Stereo – “Nada Personal” (1985)

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Tras el debut homónimo de 1984, Soda Stereo comenzó lentamente a conquistar el mercado argentino con la gira respectiva. Aunque Buenos Aires aún seguía siendo la ciudad principal para el trío, esta serie de conciertos los llevó a recorrer varias urbes de su país, incluso, en enero de 1985 tocaron en Uruguay. Lo llamativo de estas presentaciones fue la aparición de las primeras canciones que serían parte de un nuevo disco, uno que iniciaría el verdadero sonido de la banda, Nada Personal de 1985.

El álbum parte con “Nada personal”, la cual es una restructuración completa del sonido del álbum anterior, pues es inteligente. La introducción, como si fuese una breve intervención de post punk, da paso a un new wave radial y, por sobre todo, atractivo. El gancho definitivamente es el estribillo, porque los “oh, oh, oh” son astutos y convincentes. “Si no fuera por…” es interesante, pero sucumbe al estar al medio de dos de las mejores canciones del disco, por lo que a veces pasa desapercibida. Sin embargo, en ella es posible distinguir ciertos recuerdos al álbum anterior, fungiendo de puente entre ambos discos. “Cuando pase el temblor” es, a mi gusto, la primera canción seria y madura de Soda. El teclado que emula una zampoña (instrumento propio de las culturas andinas, en este caso, del noroeste de Argentina) otorga un punto de vista diferente y particular. Su letra deja para la interpretación, pues el doble sentido (una constante en la carrera de Cerati) está a la orden del día. “Danza rota” y “El cuerpo del delito” son cortes de new wave acorde a la época, destinadas a las radios. Resalto que la última está directamente influenciada en Duran Duran, de hecho, el bajo sigue casi el mismo estilo de John Taylor. Además, la intro es como oír una reinterpretación de “Girls on Film”.

Una de las canciones insignias de Soda es “Juegos de seducción”, una continuación perfecta de la inicial “Nada personal”. En ese sentido, es como si ambas fueron concebidas al mismo tiempo y hora, puesto que se percibe una correlación. Si para la primera eran los “oh”, acá son los “eh”. Una curiosa introducción del saxofonista Gonzalo Palacios da el puntapié en “Estoy azulado”, una canción que no pasó a la gloria como otras del disco, pero igual termina siendo atrapante. “Observándonos (Satélite)” me recuerda mucho al estilo del debut de Duran Duran, por lo que desentona un poco con el resto del álbum. En cambio, “Imágenes retro” posee un ritmo y un estribillo ganchero, haciéndola más lúdica y divertida. El álbum termina con “Ecos”, una canción un tanto regular como para sellar un álbum, pero es audible; la influencia de The Police es notoria aquí.

Nada Personal es un gran paso para la definición del sonido de Soda Stereo, aquél que conquistó a millones de argentinos y demostró ser accesible para el resto de Latinoamérica. La necesidad y pretensión de distanciarse de su álbum debut, hizo que existiera una mayor producción en las canciones, ejemplificadas en arreglos y detalles puntuales. Además, la intromisión de los teclados, el sintetizador y el saxofón, ayudó bastante para posicionarse como el verdadero cimiento del trío argentino. A pesar de no ser un álbum espectacular, se hace respetar, es convincente y, principalmente, atemporal. Si Soda Stereo era la niñez, Nada Personal es la pubertad de Soda Stereo.

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