Hay bandas que escuchas decir su nombre y haces automáticamente una reverencia, eso me pasa con Deep Purple. Porque más allá que Black Sabbath aportó con la concepción del heavy metal, los riffs y el sonido lúgubre y pesado, y Led Zeppelin con sus letras épicas y un vocalista que fue el plano a seguir para otros, Deep Purple fue la que añadió tres elementos fundamentales: virtuosismo, técnica y velocidad. Además de ser la única vigente, independiente de sus constantes cambios de músicos, desde hace años que llegó la estabilidad en su alineación y el único cambio en el último tiempo fue la entrada de Simon McBride. Tuve el placer de verlos el año pasado por primera vez en vivo en el festival Masters of Rock en Santiago y quedé atónito, una calidad sonora y una prestancia escénica sencilla, pero impresionante. McBride encajó bien en el espectáculo, pero una duda nació ¿encajará así también en una producción de estudio? Pues bien, la respuesta llegó este 2024 con el vigésimo tercer álbum, curiosamente llamado =1.
El álbum inicia con «Show Me», un comienzo que no destruye cerebros, pero compositivamente hablando es fuerte, en especial la relación teclado-guitarra. Una canción de ritmo medio que presenta toques progresivos, sobre todo en los arreglos y con un solo que la rompe. «A Bit on the Side» tiene una vibra de sus trabajos de los setenta, Ian Paice se luce con un excelente trabajo con el bombo y los toms. Por su parte, «Sharp Shooter» es un recuerdo setentero con mayúsculas, pues es más pesada, pegadiza, atrapante; un heavy rock moderno con elementos clásicos. «Portable Door» posee la marca indeleble de la banda, porque Don Airey deja que el órgano Hammond sea el protagonista como debe ser. Rescato favorablemente el riff; adicción absoluta e inmediata. En cambio, el bajo de Roger Glover es el líder de «Old-Fangled Thing», un corte más roquero en su concepción sesentera, incluso la sección rítmica funge como una jam session. «If I Were You» es mitad balada y mitad roquera, con influencias de blues y con una parte final de lujo. Debo reconocer que su breve introducción me recordó un poco al de «Temple of the King» de Rainbow.
«Pictures of You» es más melódica y británica, pero a pesar de que su melodía es atrayente, eché de menos un remate, una conclusión. No obstante, destaco la parte final progresiva, de hecho, se me vino a la mente The Alan Parsons Project. «I’m Sayin’ Nothin’» es regular, no mala, pero si un tanto plana; por alguna razón distinguí un cierto toque de jazz rock en su composición. Las pistas que sin dudas incluiré en mi lista de clásicos de Deep Purple son «Lazy Sod» y «Now You’re Talkin’», pues son la representación moderna y actual del heavy rock clásico de la banda. Sobre todo la última, porque la sentí como una reimaginación de «Highway Star», a su manera actual por supuesto. El riff de «No Money to Burn» es genial, muy blusero y seductor, con un sonido reminiscente. «I’ll Catch You» tiene una vibra soul y del rhythm and blues, sobre todo en Gillan, que la interpreta como los otroras cantantes de la era de las big bands. Se luce el hombre en esta. La introducción de «Bleeding Obvious» me dejó loco, podría estar perfectamente en el Invincible Shield de Judas Priest. Luego continúa con hartas decoraciones progresivas y melódicas, mientras que la sección sonora, liderada por Airey, es para prestarle atención.
Más allá del ridículo nombre y una portada extremadamente simple, =1 acabó siendo un deleite sonoro. Aunque presenta elementos contemporáneos, al final los de la vieja escuela terminan brotando a borbotones, pues las composiciones retoman muchos aspectos que nacieron en el MK II. La producción prístina de Bob Ezrin hace que la banda se escuche natural y relajada, ahí se nota los años de circo de los músicos y del productor, incluso hasta McBride se contagió con eso. Por su parte, Gillan, sin la necesidad de alcanzar tonos altos (bueno, seamos realistas, dudo que los consiga) se oye bastante bien, se nota que cuida su voz porque su timbre se mantiene intacto. Aunque en cierta manera las canciones pueden pecar de recurrir a la nostalgia, esa característica hace que el álbum se sienta familiar. En general, =1 es sobresaliente y gratificante. Siento que a Invincible Shield y Hell, Fire and Damnation les salió una dura competencia, porque =1 se postula al podio de los mejores álbumes del año.
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