Reseña: Judas Priest - «Invincible Shield» (2024)
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Reseña: Judas Priest – «Invincible Shield» (2024)



El último álbum de estudio de Judas Priest, Invincible Shield, confirma que esta banda está más viva que nunca. Un álbum que mezcla lo clásico con el sonido moderno y pelea puño a puño con Firepower por ser su mejor trabajo desde Painkiller de 1990.


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Aunque me considero un «viudo de K.K. Downing» y daría lo que fuera por verlo en vivo de nuevo con Judas Priest, es innegable no reconocer la vitalidad que trajo la llegada de Richie Faulkner en 2011. Después del tibio Nostradamus, parecía que el sacerdote había perdido su fuerza, pero todo cambió con el bueno de Redeemer of Souls de 2014 y más aún con el sorprendente Firepower de 2018. Después del anuncio de un nuevo disco con pretensiones progresivas de por medio y tomando su herencia setentera, al menos así lo dijo Rob Halford años atrás, generó en muchos metaleros la cuestión de si Judas Priest era capaz de marcarse un triplete. Los adelantos publicados en 2023 parecían decirnos que sí. Con un título y una portada que no me llamaron la atención en su momento, en especial lo último, los británicos vuelven a la cancha cincuenta años después de su álbum debut con Invincible Shield.

El álbum parte con una épica introducción en «Panic Attack», con un comienzo sintetizado, casi como un opening de un videojuego de arcade, hasta que aparece el riff principal que acaba con la añoranza ochentera; de hecho es similar al de «Halls of Valhalla». El tema es extremadamente poderoso, la voz de Halford suena como si mandara el tiempo y no al revés. ¿Cómo mierda logra esos tonos altos a su edad? ¿Suerte, pacto con el diablo? No, no, no, trabajo duro y tal vez su ayudita durante la producción. ¿Descanso tras ello? Nah, «The Serpent and the King» llega para sacarte el poco cerebro que quedó después de la pista inicial. En ambos casos es posible distinguir elementos antiguos; por ejemplo, en la primera hay mucho de Painkiller mezclado con Redeemer of Souls, mientras que en la segunda noto una fusión de los setenta con Painkiller. Súmale a ello unos estribillos atrapantes y obtienes una dupla ganadora. Más metal clásico con una producción moderna llega de la mano de «Invincible Shield», otra pista que rememora a Redeemer of Souls, incluso en el estribillo cuando dice invincible shield, su tono es igual al de la canción de mismo nombre. El solo de guitarra es brutal. Tanto en «Devil in Disguise» como en «Gates of Hell» la banda rebaja las revoluciones a un medio tempo que en ciertos aspectos pareciera un viaje en el tiempo hacia sus álbumes ochenteros. Tienen un sonido que añora un metal tradicional, con elementos de hard rock y leves toques de blues, esto último sobre todo en la primera.

Con un corto solo de guitarra como apertura, «Crown of Horns» sigue la tendencia de las dos predecesoras; menos sonidos metálicos actuales y más de lo clásico. Un tema que cuando la oí como adelanto me recordó a «Worth Fighting For» de Angel of Retribution, en el sentido del tempo y el tono medio de Halford. Después de tres canciones «relajadas», el speed metal vuelve con «As God is My Witness», otro corte que aspira al estilo visto en Painkiller. «Trial By Fire» es la prueba de que en este disco menos es más, o sea en términos generales no tiene la misma brutalidad de las tres primeras, pero sonoramente está tan también construida y producida que la sección rítmica suena vigorosa, mientras que la voz de Halford sorprende de nuevo. En «Escape from Reality» destaco la configuración rítmica, tanto Scott Travis como Ian Hill suenan curiosamente densos, como si esto fuese una obra noventera; en cambio, en la voz es posible discernir una melancólica amargura. «Sons of Thunder», aunque es la más corta del álbum, termina siendo poderosa en su simplicidad. Toda su composición tiene un metal tradicional ochentero arraigado, incluso en el estribillo suena como si Wolf Hoffmann estuviese respondiéndole a Udo Dirkschneider. Si eres seguidor de Accept entenderás esta referencia. El álbum cierra con «Giants in the Sky», un sentido y pesado homenaje a los guerreros que se fueron como Lemmy Kilmister y Ronnie James Dio. Un tópico que lamentablemente va ser cotidiano oír en los años venideros, debido a que las leyendas están diciendo adiós a este mundo para irse al cielo de los gigantes. La parte con la guitarra acústica le añade una dosis sentimental y que mejor manera de terminar el tributo con un tremendo grito, a su usanza señor Halford.

La versión deluxe posee tres canciones más. La primera es «Fight of Your Life», muy setentera en su inicio y cubriendo un sonido que no se oía desde «Burnin’ Up» de 1978. Un tema que no desentona con la calidad del álbum. Le sigue «Vicious Circle», con otro riff tradicionalista y con melodías que golpean duro, para luego terminar con «The Lodger», una semibalada con una progresión semioscura con aire noventero que no convence demasiado. Su elección como pistas adicionales es la correcta.

Cuando reseño nunca pretendo caer en la adulación gratuita, porque esa no es la labor de alguien que da una opinión (ojalá siempre estudiada), pero en este caso la palabra idónea es asombroso. Judas Priest me dejó boquiabierto esta vez, porque es un disco fuerte y sólido, con una buena producción, buenos ritmos, sorprendentes y atrapantes estribillos, una fuerte sección rítmica, brutales solos de guitarra y una voz estruendosa. Es notable destacar que musicalmente tiene mucho de antaño y se percibe de una manera constante una especie de repaso por su propia discografía; elementos de aquí y de allá que logran un sonido equilibrado entre lo moderno y lo clásico. La música tiene ese ambiente típico del sacerdote, incluso hasta la canción menos vigorosa termina siendo un buen ejemplo del heavy metal tradicional en pleno 2024. En los solos distingo mucho más a Faulkner que a Glenn Tipton, bueno la salud del británico no lo acompaña, pero aún así se merece un punto de atención. Pero volviendo al británico más joven, acá se luce, porque demuestra técnicas muy de la onda clásica; por ejemplo, en determinadas partes sigue lo concebido por Michael Schenker pero llevándolo al mundo del metal. En resumen, Invincible Shield cumple con el triplete y de tiro libre. Un álbum que va seguro a posicionarse entre los clásicos de la banda, pelea puño a puño con Firepower por ser su mejor trabajo desde Painkiller y, aunque es pronto, va como candidato para el álbum del año.

Colaborador de El Cuartel del Metal desde Chile. Responsable de reseñas de discos.

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