Iniciar una carrera solista no es fácil, ni siquiera para alguien que ha estado en la industria desde hace años y ligado a una banda con una extensa trayectoria. Dicho esto, luego de la separación de Slayer en 2019, el guitarrista Kerry King decidió lanzarse a la vida con un álbum solista; nunca es tarde señores. Para ello, formó una banda con músicos conocidos de la escena metalera: Mark Osegueda de Death Angel (voz), Phil Demmel de Vio-lence (guitarra), Kyle Sanders de Hellyeah (bajo) y su excompañero en Slayer, Paul Bostaph (batería). Con trece canciones de su autoría, King hizo su debut en 2024 con From Hell I Rise.
El álbum parte con «Diablo», un título acertado para el ambiente siniestro que proyecta. Esta introducción instrumental da paso a la pesada, brutal y rápida «Where I Reign». A partir de entonces, se establece un marcado patrón; por ejemplo, «Residue», «Toxic» y «Shrapnel» sonoramente disponen de una unión entre el thrash ochentero y el groove noventero, así que automáticamente me recordó a Pantera, mientras que en otras hay un enorme parecido a las canciones de Slayer, tales como «Idle Hands», «Two Fists» y «Rage». Incluso, cualquiera diría que «Crucifixation», «Everything I Hate About You» y «From Hell I Rise» son descartes de algún disco de su exbanda por la composición en sí; por ejemplo, la voz de Osegueda se asemeja mucho al tono de Tom Araya. De hecho en la primera de las mencionadas, en la parte previa al solo de guitarra, posee una característica propia de Slayer, los conocedores entenderán de lo que hablo.
A pesar de esta similitud, en «Throphies of the Tyrant» es posible oír algo diferente, un metal más clásico y con aires de los noventa, incluso hasta el vocalista baja un poco las revoluciones. Tal vez por ese motivo se me vino a la mente el álbum Jugulator de Judas Priest. «Tension», por su parte, me llamó más la atención, no porque sea mejor sino que sale del molde que nos estaba ofreciendo el álbum. Es la manera creciente del ritmo, el ambiente oscuro y el arpegio de la guitarra las que la hacen una pista distinta.
Cuando un músico establecido anuncia una carrera solista, siempre espero que entregue una propuesta diferente, no en el sentido de que pase del metal al pop, pero si en el ámbito de oír algo distinto, más personal, algo que por cierto motivo no haya podido explorar en su antigua banda. En este caso, King no se arriesgó demasiado y no salió del molde sonoro de su exbanda, pues el álbum suena a Slayer. Aunque los riffs son espectaculares y la sección rítmica hace bien su trabajo, es la voz de Osegueda la que no me convenció del todo, la noté antinatural, monótona, exagerada, a ratos casi fingida. En definitiva, From Hell I Rise es un debut que a los seguidores de Slayer les fascinará, pero en términos generales, no hay nada de otro mundo, no existe una propuesta nueva ni siquiera hay un quiebre de las reglas establecidas por el propio King. Por ese motivo, es un debut fuerte, sonoramente archireconocido, pero estándar.
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