La industria musical lationamericana, salvo la mexicana y antiguamente la argentina, es pequeña en comparación a la europea o la estadounidense. Es por ese motivo que a veces no sabemos cuantificar el grado de nivel musical que nos ha dado las tierras latinoamericanas, porque nos bañamos principalmente por la música exportada. Sin embargo, «este pueblo al sur de Estados Unidos», parafraseando a Los Prisioneros, ha producido grandes nombres en diferentes áreas musicales. Una de las innumerables agrupaciones que escucho y que ejemplifican lo de calidad musical latina, entremedio de tanto hard rock y heavy metal en inglés, es la chilena Los Jaivas. Los conocí por medio del recopilatorio Obras Cumbres de 2002, pero se ganó su lugar gracias a la musicalización de un poema de Pablo Neruda, que finalmente la hizo posicionarse como mi banda chilena favorita. Esta vez me daré el gusto de reseñar uno de los grandes discos latinoamericanos, Alturas de Machu Picchu de 1981.
El álbum parte con un poco más de dos minutos de una atmósfera mística y siniestra en «Del Aire al Aire», una pista instrumental repleta de pajarillos e instrumentos de viento andinos, apoyados en un efecto delay para darle más dinamismo y prepararnos al eventual viaje por la epicidad musical de la siguiente canción. «La Poderosa Muerte» es una pista que tiene absolutamente de todo. Gracias a sus más de once minutos, la banda puede lucirse con todo su arsenal musical e involucrar una variedad de instrumentos, desde los clásicos del rock (bajo, batería, guitarra eléctrica, piano, etc.) hasta los tradicionales sudamericanos (tarka, ocarina, trutrucas, etc.) en unos parajes con cambios constantes, pero todos efectivos. La complejidad del rock progresivo se funde con la música folk como un todo, en una estrategia que ninguna otra banda latina lo ha podido lograr con tan detallada perfección. Podría hablar todo el día de esta canción, porque si le pones atención a cada uno de sus segundos, te darás cuenta de la calidad, la astucia, pero sobre todo, la habilidad de poner cada ingrediente musical en una porción precisa y ajustada. Sublime en todo sentido. Una preciosa línea de bajo hace de introducción a «Amor Americano», el primer corte andino del álbum. La canción es una mezcla entre lo antiguo y lo moderno, debido a los instrumentos empleados.
El lado B empieza con «Águila Sideral», donde la guitarra con un efecto precioso nos lleva a un viaje relajado, un ejemplo del rock espacial latinoamericano. Tanto el bajo como el piano, y más tarde la guitarra acústica, ayudan a potenciar aún más el concepto de lo galáctico. Mis puntos favoritos son la quena y las voces matizadas entre lo catedrático y lo divino. «Antigua América», es otro corte folk, hasta que hace aparición el piano y la batería, para convertirla en un rock prog-folk. Tal vez me pueda equivocar, pero en la parte donde aparece el clavecín, al parecer es ese instrumento, es muy bueno. Las voces son casi inexistentes, pero cuando aparecen, generan nuevamente esta cátedra comentada anteriormente. El protagonismo de la guitarra eléctrica es la conclusión ideal de un tema mayormente instrumental. La más conocida del disco es «Sube a Nacer Conmigo Hermano», cuya letra -obra de Neruda- es la protagonista: una poesía única, un tanto espiritual, oscura y deprimente; una oposición total a la música llena de alegría y optimismo. El álbum termina con «Final», un título acertado para despedir un viaje como ninguno.
Aunque es común ver comentarios de que «Los Jaivas son los Pink Floyd latinoamericanos», déjenme decirles que están equivocados, porque la banda chilena no solo sigue el rock progresivo setentero sino que le agregan una identidad única y propia, resaltando las cualidades de la instrumentación latina y añadiéndola como un corte realizado por un bisturí bien afilado. Acerca de esto último, la implementación de los instrumentos tradicionales sudamericanos, en especial los de viento, está bien estudiada y ejecutada. Además, la musicalización por parte del quinteto viñamarino acentúa en un grado épico la poesía de Pablo Neruda, haciendo que el álbum esté lleno de emociones, puesto que cada canción pareciera contarte una historia de vida, entre lo espiritual y lo real. La combinación del rock progresivo y la música folk es poco usual verlo hoy en día, por ello un álbum como Alturas de Machu Picchu es tan preciado, al menos para aquellos que están dispuestos a ser sometidos ante un viaje único. Una obra majestuosa e insuperable de principio a fin.

