🔄 Actualizado: 17 enero 2024, 14:28
La gira promocional de Fly to the Rainbow en 1974 ayudó a Scorpions a posicionarse en Alemania y a dar sus tibios primeros pasos en el resto de Europa. A su vez, los llevó a reunirse de manera involuntaria con su «sexto integrante», el productor Dieter Dierks. Oriundo de Stommeln, Dierks estaba haciendo lo suyo con bandas de rock progresivo y krautrock, pero su entrada en el hard rock estaba destinado a hacerlo con la compañía de Scorpions. Grabado en el verano boreal de 1975, el gran paso hacia el estilo definitivo de los alemanes se dio con In Trance.
Ya desde la introducción de «Dark Lady» queda claro que la psicodelia de sus primeros dos álbumes quedó atrás, dando paso a un primigenio heavy metal. La dama oscura funge como la primera nueva sensación del disco, con un Uli Jon Roth metiendo su voz en los versos para dejar a Klaus Meine explayarse con el estribillo. Su música resalta gracias a las twin guitars, marca registrada de Scorpions durante esta era, y al juego constante con el wah wah por parte de Roth, tanto al inicio como al final. La joya real de este disco es la canción que le da precisamente su nombre, «In Trance». Como una concienciación a los excesos, el tema tiene la clásica estructura de una canción de Scorpions: versos cálidos y estribillos fuertes. El solo de guitarra es corto, pero preciso y bien ejecutado, que junto con el estribillo pegadizo y el outro, son lo mejor de la canción. Un clásico de los alemanes visto desde todas las direcciones. Las twin guitars otra vez hacen lo suyo en la introducción de «Life’s Like a River», una power ballad que la banda debió haberle dado más énfasis en sus conciertos en vivo, porque es una delicia. Con una letra coescrita por la esposa de Dierks, Corina Fortmann, es un canto a apreciar y valorar la vitalidad de la vida.

«Top of the Bill» añade ese punto pesado, con uno de los mejores riffs escritos por Rudolf Schenker y una letra celebrando el auge de las bandas de rock. En sus últimos minutos, Roth una vez más juega con el pedal de su guitarra. Por el contrario, «Living and Dying» es más lugubre, en que Meine expresa a través de su voz sentimientos de soledad, con la base de que «el brillo se ha ido». «Robot Man» es mas rocanrolera y dinámica, donde la banda te invita a ser un headbanging; sin lugar a dudas, es una de esas canciones poco conocidas por el público general, pero una vez que la descubren, se valora. «Evening Wind» es otra de esas canciones pesimistas, en que la instrumentación es la protagonista. Aunque las partes vocales son pocas, la actuación de Meine es sublime, mientras que los coros al final, dan por confirmado ese tono sepulcral y tétrico. Roth toma el control de todo en «Sun in My Hand», atestado de la herencia psicodélica, blusera y «hippiestica» de Jimi Hendrix. «Longing for Fire» me recuerda a «This is My Song» del álbum Fly to the Rainbow por su ritmo alegre, animado por el bajo de Francis Buchholz. Como broche de oro, la instrumental «Night Lights» da término a esta obra sublime de forma solemne. Poco común en un álbum de Scorpions, ya que siempre terminan con power ballads, pero en este caso me parece apropiado.
A pesar de que sus letras y tonos son más bien lúgubres en comparación a sus otros discos, In Trance es una obra digna de escuchar. Algunas de sus canciones poseen pocas partes vocales, pero Meine las aprovecha al máximo. Por su parte, el estilo de Roth es omnipresente en cada una de las pistas, independiente si es rápida o lenta, tumultuosa o calmada, se adapta perfectamente. Me agrada que el álbum tenga ese concepto claro sobre temas complejos como la vida, la muerte o la soledad, no solo en lo lírico, sino también en la instrumentación. In Trance es uno de sus mejores álbumes y el que establece los cimientos del sonido característico de Scorpions, una combinación perfecta de hard rock, heavy metal y power ballads.

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