Nos encontramos como si fuera Domingo por la noche, precisando un 19 de Abril en las puertas del Teatro Coliseo para el deleite guitarrístico más esperado en lo que va del año, junto a la dupla Adrian Smith (Iron Maiden) / Richie Kotzen (Poison, Mr. Big, The Winery Dogs): un par de compadres bien piolas que en pandemia se les ocurrió –al más puro estilo Goku y Vegeta– fusionarse a lo grande y sin escatimar en buen gusto, y es que esta combinación trae lo mejor de dos mundos (no tan opuestos, por cierto) para deleitarnos en pleno corazón capitalino.
Si bien no hay que ser un gran fanático del género para entender el peso que tienen estos titanes de la guitarra, sí es importante para cualquier conocedor de este arte poder darse el gusto (y lujo) de melomaniar junto a un dúo que se las sabe por libro, con fórmulas más que probadas y una humilde trayectoria que justifica con creces este viaje musical.
Comienza la velada con Fahrenheit, banda nacional de inicios de siglo que puso el pecho a las balas cuando el Hard Rock estaba más que sepultado tras el auge del Grunge y el Industrial de los 90’s, y es que la era 80tera se niega a morir, como la mala hierba que crece y permanece intacta, y Fahrenheit es ese aguante que tuvo una de las mejores camadas de músicos nacionales en los últimos 50 años, y es que principios de los dosmiles fue una catapulta para grandes artistas de la región y más aún en Chile.
Con gran impronta y poder, los nacionales pisan el escenario con seguridad y desplante, nos regalan coros afinados y armonizados (¡al fin una banda chilena de hard rock que los hace bien!) y sólidos riffs con ritmos pegotes, de esos que te hacen mover la patita aunque no conozcas los temas. El detallazo del spanglish también le da un toque distinto, porque suenan gringos pero son más chilenos que los porotos con riendas. Si bien surfean en las distintas corrientes del hard rock, se nota la línea 80-90’s súper claramente, en las progresiones de acordes y en las rítmicas, pero sobre todo en las voces. Los chilenos repasan su repertorio más clásico además de su nuevo material “The Love EP” lanzado en 2025 y también hacen memoria ante un hito de hace 22 años: la apertura del primer show de Richie Kotzen en Chile, año 2004 en el House of Rock & Blues. Algo de trote tienen estos cabros, y es que el sexteto en poco más de 30 minutos nos dio una muy buena pincelada de rock nacional. La dupla Jackson (Carlos Otto) – Ibanez (Ignacio “Nacho Dedos Largos” Torres) es un golazo a media cancha de equilibrio armónico, que va de la mano con los galopes de Carlos Cid en el bajo, con las voces de Christopher “Chaz” Thomson en el micrófono principal y por supuesto Juan Ignacio Almarza en la batería. Con grandes escenarios y aperturas en el currículum (como KISS y Mötley Crüe, por mencionar algunas), Fahrenheit son referentes indiscutidos, y para efectos de esta jornada, una apuesta segura de TheFanLab para comenzar la fiesta.
La cita principal estaba pactada para las 20:30, y con precisión quirúrgica se apagan luces para iniciar el viaje. El “Black Light / White Noise” tour trae la fusión dos bestias de las cuerdas, que mezclando blues, hard rock, heavy metal y rock n roll, dan vida a su tercera placa oficial de estudio (como dúo, obviamente), con una identidad musical sumamente marcada y reconocible, pero con pequeños salpicones que nos recordarán o a una u otra de las bandas que Adrian Smith o Richie Kotzen han sido parte en su vasta trayectoria.
Partimos con los sólidos bends desde “Life unchained” hasta “Hate & love”, pasando por “Wraith”, “Glory road” y el segundo single del presente disco “Black light”, con distorsiones agudas y una afilá de pailas que tomó a varios por sorpresa, y es que Coliseo sonaba especialmente fuerte en comparación a otros shows.
Junto a “Blindsided” llegó “Taking my chances”, particularmente coreada y ovacionada también entre solos y spotlights, con una iluminación teatral, inmersiva y atmosférica a cargo de Willy Rojas, connotado iluminador nacional encargado de sumergirnos a través de destellos en la historia que cuenta cada canción, sobre todo en “Outlaw”, monster ballad presente en el disco que da nombre a la gira.
Antes de hablar de los músicos que acompañan al dúo, quisiera detenerme para hablar del fiato que existe entre Adria y Richie, puesto que se percibe la admiración que tienen el uno al otro, se complementan especialmente bien, conectan con miradas y sonrisas, es la muestra de como se ve y se escucha un muy buen proyecto con un muy buen amigo. Cuando la cosa funciona, se nota con creces, y la química entre estos dos músicos es indiscutible, más allá de la experticia o la experiencia, son dos cracks haciendo lo que más les gusta hacer, disfrutando del escenario en conjunto, compartiendo el foco principal de manera equilibrada, sin tanto ego, sin tanta parafernalia, sólo música en su máxima expresión.
La sección central del show, compuesta por “Darkside” y “Got a hold” tuvo mucho más desplante, sobre todo de la bajista Julia Lage, cantante y compositora brasileña que además forma parte de las icónicas Vixen, clásicas ochenteras, quien con gran seguridad se comió el escenario sin titubear. Esta tremenda intérprete se bajó del Monsters of Rock Cruise para traernos una muestra contundente de frecuencias bajas (respect). Puede no ser relevante, pero tampoco sobra mencionar que Julia es la actual pareja de Kotzen desde hace ya casi 10 años, y esa química tampoco pasa desapercibida sobre el escenario.
La canción “White noise” es el primer single del disco y el baterista Bruno Valverde se las mandó también con la intro de este tema, y es que como le pega ese hombre a los tarros. Con Angra el compadre se luce, pero como se nota que disfruta surfear estos estilos menos exigentes, a diferencia de otros shows donde se le ve sudando la gota gorda, aquí estuvo mucho más relajado y sereno. Obviamente “Scars” dejó la grande, y entre saltos y coros relucen los solos, dejando espacio a cada uno de los artífices para dar una muestra de lo suyo.
Considero que una de las mayores sorpresas de la noche fue la voz de Mr. Smith, porque si bien en Maiden siempre lo hemos escuchado haciendo voces de soporte, muy distinto es escucharlo protagonizando las melodías vocales, y si bien no es la voz más virtuosa del mundo, tiene un timbre especial que complementa a la perfección el característico tono de Kotzen, de quien no ponemos en tela de juicio su capacidad inagotable para cantar, después de las joyas que nos ha regalado con The Winery Dogs, no es de extrañarse que en S/K podamos identificarlo casi al segundo desde que abre la boca. Nadie aquí inventó la rueda, pero de que hay identidad, hay identidad. A ratos igual se escucha algo de Mr. Big por acá, o algo de Poison por allá, pero nada que uno diga “esta banda suena igual a ellos”, al contrario, usan los mejores recursos de cada una de las agrupaciones en las que han estado para construir un sonido nuevo, fresco y único en su naturaleza, sin tanto piru piru pero con holgado virtuosismo.
Sabemos que ambos dos son excelentes guitarristas, y ahondar en ello sería redundante, pero sí destaco el control que cada uno tiene sobre su instrumento. Smith con solos y licks impecables, Kotzen luciéndose tras su floyd, ambos con abultadas pedaleras para darle distintos colores al sonido y obviamente los riffs que pareciera fueron tocados con uñetas de mantequilla: suaves, sabrosos y contundentes. Un par de viejos capos que no tienen nada que envidiarle a nadie. Como dice el título: “excitante” me parece un buen adjetivo para describir el placer auditivo que genera este dúo sobre el escenario.
Cierran antes del encore las clásicas “Running” y “Solar fire” para despedirse finalmente con “You can’t save me” del disco Into the Black de Richie Kotzen, y no podía faltar la guinda de la torta con “Wasted years” de Iron Maiden, cantada íntegramente por Mr. Smith.
Una jornada sólida y potente, con altibajos sonoros como en cualquier show, ¿Pudo sonar mejor? siempre puede sonar mejor, porque el streaming nos tiene mal acostumbrados a escuchar todo nice and clean, pero gran parte de la magia del liveshow es poder sentir ese retumbar en el corazón que te recuerda que aún estás vivo y que hay cosas hermosas en la música que son, como menos, irreemplazables en el mundo.
Rocío Belén Muñoz Pomar
Fotos por Daniel Sáez

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