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High on Fire y “Snakes for the Divine”: Manifiesto de sangre

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“El titulo se basa en la premisa de que Adán y Eva no fueron los primeros seres humanos en la Tierra. Adán tuvo una esposa reptiliana llamada Lilith, y juntos crearon seres que podían cambiar su forma, transitando entre la Cuarta Dimensión y la condición humana. Esto originó la teoría de los Illuminati, una orden que ha perdurado durante siglos eligiendo a los gobernantes del mundo”. Con estas palabras, Matt Pike se refirió al detonante creativo de Snakes for the Divine (2010), la quinta placa en estudio de High on Fire, nombre pilar en el rock pesado químicamente puro durante las últimas tres décadas. Y por mucho que sus palabras suenen a conspiranoia, hay un trasfondo creativo que se imprime a través de una lucidez brutal en material de escritura, todo potenciado con el tratamiento en el estudio que Greg Fidelman -Black Sabbath, Metallica, Slayer- le brinda hasta dar con un sonido más -in-your-face que sus producciones anteriores.

 

Digamos las cosas sin rodeos: High on Fire es una banda que apela a la repetición de manera natural. Una palabra que los fariseos del virtuosismo suelen relacionar con ‘estancamiento’ o escasez de ideas. La realidad es que High on Fire, en la misma línea que Motörhead, Slayer y Electric Wizard, es una banda aferrada a las viejas formas, a la vez que pone un ojo en quienes saben que su propuesta puede tanto alejar a los curiosos como atraer a los hambrientos del sonido lodoso. La producción a cargo de Fidelman, además, brinda una claridad que poco y nada empaña la identidad del trío de Oakland. Más bien ayuda a refrescar y optimizar una propuesta que defiende y ataca de manera inteligente, manifestando una solidez que, en otros casos, suele traspapelarse con el piloto automático.

 

Los 46 minutos de Snakes for the Divine proyectan, desde el corte titular, la madurez requerida para ajustar los matices y aprovechar las múltiples posibilidades que el género permite abordar en favor del relato. Y es en el segundo corte, “Frost Hammer”, cuando te das cuenta de que, a pesar del tratamiento quirúrgico de Fidelman desde la mesa de control, High on Fire mantiene su andamiaje en regla. La opulencia técnica que Des Kensel brinda en los tarros, es lo que impulsa aquellos pasajes que intercalan arranques explosivos con velocidad de locomotora y cambios de ritmo que te pillan desprevenido las veces que sea. Por algo se habla de la formación integrada por Matt, Jeff Matz y el propio Des como la alineación más exitosa en cuanto a lanzamientos y solidez.

 

Por mucho que “Bastard Samurai” te descoloque por su desplante menos intenso y más expansivo, la pieza encaja en un cuadro nutrido de símbolos y mensajes ocultos. Snakes… es un trabajo que evoca magnitud sin caer en la banalidad. Ahí donde Pike aprovecha la cadencia de sus compañeros en bajo y batería para desenrollar la dosis justa de habilidad en la guitarra, mientras la pieza te toma del cuello y te suelta unos instantes solo para castigar de nuevo al oyente.La teoría es realidad: el sonido pesado es una descarga emocional, sin recurrir al cliché y apelando a una idea desde la sangre y los dedos, todo canalizado por el poder de la electricidad. De ahí el contraste que “Ghost Neck” te empapela como una ráfaga de puñetazos en la cara. Brochazos de hardcore-punk y thrash que funcionan como parte de un bestiario incorruptible.

 

La instrumental “The Path”, se basta de poco más de un minuto para que “Fire, Flood & Plague” esparza mortandad y locura donde se le plazca. Fustazos de heavy metal que exponen las credenciales de Des Kensel como uno de los mejores en su puesto. Pegada y movimiento de extrema ferocidad, acomodándose con naturalidad al bajo pivote del excelente Jeff Matz. En la extensa “How Dark We Pray”, es donde Matz deja en claro que su rol en las bajas frecuencias es vital para entender la consistencia que High on Fire profesa como una ética a prueba de cualquier debate ajeno. La suma de los tres componentes equivale a una descarga de tensión con golpeteos dramáticos que se toma el tiempo preciso para cundir. Por algo se habla, en tono metáfora, que High on Fire es una banda que cocina sus mejores platos a fuego lento. El mismo fuego que arde con todo el sudor del infierno hacia el final con “Holy Flames of the Firespitter”. Es el fuego sagrado que extermina a quienes osan desafiar al poder de turno. La obsesión por los misterios religiosos que la última parada del redondo canaliza a través de quiebres afilados y riffs trepidantes, ambos elementos evocando el castigo máximo en un mundo regido por las caras ocultas del nuevo orden.

 

Snakes for the Divine marca un hito relacionado con la madurez. Donde la mayoría de las propuestas llega desgastada y recurre al truco de turno para disimular el bajo nivel de ideas, High on Fire dio acá un movimiento crucial. Pike y sus colegas de turno saben lo fácil que es caer en el precipicio de la fórmula segura. Tienen claro que el lugar común, cuanto más rentable es en lo inmediato, más caro es su costo a largo plazo. Y una placa con las dimensiones de Snakes for the Divine, a poco más de una década de su lanzamiento, se mantiene igual de nueva y disruptiva sin pretender ser algo que no es. High on Fire, a través de su 5to capítulo discográfico que la muerte se manifiesta al mismo tiempo que los asesinos cobran vida. Es la sangre que gotea a través de la historia, mientras esperamos la sentencia que nos entregará a las serpientes de lo divino.

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