Anoche, en un giro inesperado, el debut en Chile de los suecos Månegarm se trasladó del Teatro Cariola al Bar Óxido debido a baja venta de entradas. Lejos de opacar la jornada, el nuevo formato otorgó una cercanía que definió la velada: público pegado al escenario, respuesta enérgica y una noche pensada más para el encuentro directo que para la grandilocuencia de una sala mayor.
La apuesta sonora de la noche estuvo marcada por la mezcla entre el folk metal nórdico de Månegarm y la presencia de dos teloneros locales que supieron leer el recinto: Wardemon como primer soporte y Folkheim como segundo.
Wardemon entregó un set corto pero contundente, con temas como Morir de pie, Guerrero Inmortal, El juicio final, Runas de sangre y Los nueve mundos, rematando con una salida marcada por la imagen del puente —“bifrost”. El guitarrista Israel Bruna valoró especialmente la oportunidad de compartir escenario con una banda de trayectoria internacional y la buena recepción del público: “Un honor poder abrir para una banda con tanta trayectoria… estamos muy orgullosos de eso y más encima compartiendo escenario con nuestros hermanos de Folkheim.”
Según Bruna, el formato íntimo del Oxido permitió una interacción más directa: “Esto genera un ambiente más íntimo, podemos interactuar mejor con el público y nos sentimos muy cómodos. Sea en el Cariola o acá, nuestra entrega es total.”
Además, Wardemon confirmó que estarán en el Chiloé Metal Fest (Ancud) entre el 13 y el 15 de febrero, una señal de que la banda mantiene actividad y proyección regional.
Folkheim, por su parte, presentó un repertorio que combinó atmósfera y arraigo: temas como Y la herida se cerró de cansancio, Kiepja, Wayra (tema nuevo) y Vai Honga Kaina recibieron atención del público y mostraron una banda cómoda en formatos reducidos. Juan Francisco “Fanfi”, bajista de Folkheim, resumió el ánimo en el escenario: “Fue un honor abrir el concierto… la gente prendía, lo pasó bien, así que bacán.”
El grupo reconoció que el traslado al Oxido —aunque inicialmente inquietante por las condiciones de instalación— terminó favoreciendo la experiencia: “El cambio de Cariola al Óxido al principio nos asustó un poco, pero fue mucho mejor tener a la gente más cerca, sonamos bien y pudimos relajarnos arriba del escenario.”
Folkheim adelantó además que su nuevo disco está en etapa de postproducción y será lanzado en los próximos meses.
Månegarm, finalmente, sostuvo un set amplio que repasó buena parte de su catálogo y dejó varios momentos memorables: canciones como Hör Mitt Kall, Sons of War, Nattsjäl, drömsjäl, En blodvittneskrans y el clásico Odin Owns Ye All —más un encore con Hemfärd— cerraron la noche con la contundencia y el folk épico que caracteriza a la banda sueca. El repertorio, interpretado en un entorno más próximo, ganó en intensidad emocional: los pasajes acústicos y las secciones corales se sintieron más nítidos y conversaron mejor con la respuesta del público.
En términos generales, la jornada dejó varias lecturas: primero, que la movilidad de un concierto (trasladarlo por venta) no implica necesariamente una derrota artística; en este caso, la decisión terminó acentuando la experiencia; segundo, que las bandas locales aprovecharon la intimidad para consolidar su vínculo con la audiencia; y tercero, que el público chileno mostró interés y respeto por una propuesta internacional que, en formato reducido, encontró una recepción cálida.
La noche en el Bar Óxido confirmó algo que suele olvidarse con frecuencia: a veces el metal rinde mejor cuando la distancia entre banda y público se acorta. Anoche, Månegarm estuvo bien acompañado por dos grupos nacionales que supieron convertir una dificultad logística en una oportunidad para sonar más próximos y directos.
Fotos y reseña; Maximiliano Figueroa Henríquez


