Crónicas

Dragonforce en Chile: Power Metal Technicolor

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¿Se acuerdan cuando hace mucho tiempo decían que Dragonforce era una banda de mentira? En sus tiempos de colegio, este redactor trataba de hacer caso omiso a dichos comentarios mientras escuchaba “Valley of The Damned” al fondo de la sala de clases. Pasaron 15 años desde eso, y casi diez desde la última visita de la banda a Chile para poder comprobar qué tan verídicas eran esas ácidas y deslenguadas  críticas. Vamos a lo que vinimos, que estuvo entretenido y aquí lo contamos de la mejor manera posible, arriba de nuestra máquina del tiempo.

El Teatro Cariola se convirtió en el lugar idóneo para este regreso. A pesar del poco tiempo desde su anuncio, el recinto se llenó casi por completo. Y al menos en esta pasada, funcionó. La gente llegó desde temprano a ver a Austral, quienes con su propuesta llena de raíces puso a saltar y cantar a varios de los asistentes y eso se agradece. Su último disco, “Tierra del Fuego”, es presentado en gloria y majestad con cuatro cortes que son aplaudidos. Es cierto, esta banda tiene un sonido único dentro de la escena y pese a la particular acústica del Cariola, casi todo se entendía a la perfección. Montones de instrumentos, vestiduras y bailarines en media hora de show que se sintió mucho más corto. Bravo por Austral, mostrando credenciales y el porqué su propuesta es carta segura para cualquier escenario.

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Dragonforce, reconstruyendo el lazo

Pasadas las 9 de la noche, Dragonforce hace su esperado retorno a suelo nacional. Como si la música no fuera suficiente fiesta, el Power Metal de Herman Li y sus amigos venía con fuegos artificiales, lasers y aproximadamente 19 toneladas de papel picado durante el show. Sí, leyeron bien, hubo pirotecnia en el Cariola. ‘Revolution Deathsquad’, con ya casi 20 años desde su lanzamiento en “Inhuman Rampage” fue la encargada de desatar el jolgorio de casi dos horas a puro mosh, saltos, gritos y euforia.  Desde ‘Cry Thunder’ hasta ‘The Last Dragonborn’, apenas hubo pausas, sin querer darnos cuenta que el show iba casi en la mitad. Marc Hudson, vocalista de la banda, es de los pocos frontman que puede quedarse al lado de la batería por un rato mientras canta porque al final, el carisma de los músicos es tanto, que no se centra solo en un integrante. Ese es un detalle no menor, que las risas no faltaron y no en un mal sentido.

Así da gusto un show de Metal: con toda la gente cantando y no con personas que solo asisten ‘para estar ahí’. Un agrado ver que cada canción que es ejecutada durante esta noche, es coreada y disfrutada como el último momento de la vida de cada uno de los fans dentro del Cariola. ‘Fury of The Storm’, ‘Doomsday Party’ y ‘Valley of The Damned’ pasan rapidísimo dentro de la estridente combinación de reverb del teatro, más la potencia de cada uno de los músicos. No importa si era el último fan de la Platea o el más aplastado contra la barricada, todos se fueron un poco más sordos que como entraron al show.

El encore contó con dos covers: Celine Dion y Taylor Swift fueron parte de un setlist variado y que, en 15 canciones, demostraron que pueden dejar contento a más de uno. El último estallido de la noche fue, por supuesto, ‘Through The Fire and Flames’. ¿Cuántos no quisieron aprender a tocarla al menos en el Guitar Hero? Un temazo, una oda al Power Metal que se hizo conocida a nivel mundial y que convierte a esta mal llamada religión a varios desde la infancia. Último adiós sobre el escenario con más pirotecnia y mucho más papel picado para ver como, entre la niebla, Dragonforce se desvanece para seguir, a la velocidad de la luz, en su gira por Latinoamérica.

 

Quizás la noche no fue perfecta en términos sonoros desde todas partes, pero queda de por sí que fue inolvidable. Un show que se realizó casi como porque sí y demostró que si se quiere, se puede. Aguanten Dragonforce y sus fans, demostrando que el Metal aún tiene esperanza dentro de un mundo donde los celulares y la tecnología a veces está en primer plano y olvidan que lo más importante, es el espectáculo sobre el escenario y también detrás de la reja.

 

Samuel Víctor Acevedo

Fotos por Álvaro Agüero

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