El sonido de Seattle fue el apodo que afianzó la industria musical estadounidense para definir una escena de bandas underground que estaba haciendo bulla en los clubes de dicha ciudad. Más tarde, se asimiló el nombre de grunge para situarlo como subgénero musical, el cual alcanzó su apogeo a principios de los noventa con nombres como Nirvana, Soundgarden o Pearl Jam. Pero antes de que el grunge se convirtiera en el nuevo sonido de la juventud, había que elaborarlo. Por esa razón, para encontrar las raíces de este estilo es necesario volver en el tiempo hasta mediados de los ochenta. Alejada de la parafernalia glam de Los Ángeles, hubo una banda que sería la primera de esa escena de Seattle que sacaría un trabajo discográfico: Green River. Integrado por los futuros fundadores de Pearl Jam y Mudhoney, este quinteto debutó en 1985 con un extended play llamado Come On Down.
El EP parte con suficiente distorsión en «Come On Down», un corte que podría encajar perfectamente en la NWOBHM, pues es mitad metal/mitad punk. Siendo la mejor canción del álbum, resalto que la voz de Mark Arm le da ese toque punk californiano de principios de los ochenta. Misma opinión tengo con con «New God», porque es un tema que me recuerda mucho al hardcore punk de Los Ángeles, por esa suciedad que transmite la guitarra y el tono de disconformidad y molestia de Arm. «Swallow My Pride» es la más «limpia» en cuanto a la producción y mezcla. Más tarde la banda la regrabó para su primer larga duración, Rehab Doll de 1988, así que podría considerarse como la más popular. Si eres fanático de Blue Öyster Cult reconocerás que el riff es igual al de «This Ain’t Summer of Love» de 1976.
La definición de suciedad sonora queda demostrada en «Ride of Your Life», una pista de hardcore punk de la vieja escuela. De hecho, es posible distinguir el sello de Black Flag o Circle Jerks en ella. «Corner of My Eye» también tiene ese toque, pero a pesar de la furia desatada, reconozco ciertos pasajes metaleros. Este breve EP culmina con la oscura y deprimente «Tunnel of Love». Si en esta no hubo inspiración de The Stooges, entonces no sé sigo metiéndome en la musicología, porque indiscutiblemente se puede oír a Iggy Pop y compañía.
El gran mérito de Green River es que plasmó en un trabajo discográfico el sonido de Seattle antes que nadie. Si bien se puede considerar una piedra angular para el subgénero, no es una producción que lo muestre propiamente tal, pues es un cruce sonoro. Por un lado, hay mucho del hardcore punk y el punk de la escena de Los Ángeles, traducible en mucho ruido, distorsión, molestia y desagrado. Por el otro, es posible identificar pasajes y una técnica simple del heavy metal tradicional. La real gracia de Come On Down es que le dijo a la industria estadounidense que un nuevo sonido se estaba consagrando. Una escena alternativa que daba un tibio, pero importante primer paso.

