En muchas oportunidades, es difícil que los musicológos, teóricos y los críticos lleguen a un consenso para decir cuál banda es la creadora de tal subgénero musical, imagínense cuando tienen que posicionar a un disco como fundador de algo. Pero cuando se habla de glam rock, el acuerdo ya es generalizado: T. Rex. Aunque para 1971 era un cuarteto, hay que ser realista de que la gran mente detrás de todo era un solo hombre: el fundador, vocalista, guitarrista y compositor, Marc Bolan. La banda británica, que nació como un dúo en 1967, tenía a su haber cinco álbumes ligados mayormente al folk psicodélico y folk rock, pero con la llegada de los setenta Bolan tenía en mente hacer algo único y en 1971 concretó esa idea con Electric Warrior.
«Mambo Sun» tiene los elementos cruciales para definir el concepto de glam rock: una guitarra eléctrica suave y blusera, vocalizaciones casi susurrantes, coros para armonizar los versos y una sutil sección de cuerdas, todo enfatizado en un tempo medio. Más encima, si le añades una letra poética casi sin sentido, obtienes un «glam rock tirexiano». «Cosmic Dancer» repite lo señalado, pero es puesto en una preciosa balada. Los recuerdos por la música de los cincuenta y sesenta, particularmente en el rhyhtm and blues y rock and roll también tiene su espacio. Precisamente así Bolan lo hizo en «Jeepster», un tema sensual con algo de boogie-woogie, reflejada en una astuta interpretación en la guitarra. «Monolith» es otra balada, de la cual destaco ese ambiente soul, los coros inspirados en el góspel y el sonido psicodélico del solo de guitarra. «Lean Woman Blues» es un blues británico en que la interpretación de Bolan es sublime, nótese el vibrato único en su voz, precioso.
La canción más conocida del álbum, como también la firma de T. Rex es «Get It On», otra que tiene ese aire rocanrolero un tanto bailable, pero no en extremos. Si me preguntan qué es el glam rock, el primer ejemplo para usar como respuesta sería precisamente este tema. «Planet Queen» es otro tempo medio que presenta influencias del R&B y que, junto a la balada «Girl», se siente como que Bolan retoma sus inicios gracias al uso de la guitarra acústica y la percusión en la primera, y por el fliscorno en la segunda. «The Motivator» también repite este tempo medio, con una letra, que reitero, es una poesía metáforica y psicodélica, una característica de la composición del británico. «Life’s a Gas» es otra balada blusera, deprimente y sencilla, no en un mal sentido, porque es muy buena. El álbum termina con un giro inesperado con «Rip-Off», porque toda la sutileza vocal de Bolan cambia por una agresividad que posteriormente las bandas del punk harían eco. Eso es un protopunk, mezclado con garage rock, eso sí los arreglos glamroqueros siguen presentes.
Electric Warrior es un álbum en que Bolan finalmente encontró el espacio que quería. Un disco que cuenta con buenas y sensibles interpretaciones vocales, sutiles arreglos en la guitarra como en las secciones de cuerdas y armonizaciones corales muy bien puestas. Musicalmente hay de todo, desde rhythm and blues, rock and roll, blues y protopunk, pero dentro de un concepto único para la época. Marc Bolan se siente libre con su pretensión artística personificada en una poesía mística, sin sentido, irónica, pero por algún motivo, atrapante. Aunque para algunos amantes del metal lo pueden encontrar aburrido, recomiendo a Electric Warrior por su propuesta estimulante, no por nada este sonido llamado glam rock fue replicado por David Bowie, Slade o Sweet en los setenta y fue inspiración para el ochentoso glam metal.
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