🔄 Actualizado: 09 octubre 2024, 15:25
La década de los 2010 comenzó con una triste noticia para los fanáticos de Scorpions, habían anunciado su retiro de la música después de años y años de carrera ininterrumpida. Un precedente inédito para una banda que estaba haciendo bien las cosas desde Unbreakable de 2004 y con un Humanity: Hour I de 2007 que superó las expectativas. El final de una era de altos y bajos, como cualquier otra agrupación musical, venía acompañado de una extensa gira mundial y de un álbum que sorprendió en su tiempo. En esta ocasión aprovecharon de retomar algunas pistas excluidas en el proceso de grabación de Unbreakable y la dupla compositiva de Rudolf Schenker y Klaus Meine se codeó con algunos compositores ya conocidos en su carrera como Eric Bazilian, los productores Mikael Frederiksen y Martin Hansen, y Christian Kolonovits, director de orquesta y arreglista principal en Moment of Glory (2000) y Acoustica (2001). El supuesto último aguijón del escorpión, se dio en 2010 con Sting in the Tail.
«Raised on Rock» comienza esta despedida con una letra que trata sobre ese impulso inicial que tuvieron para perseguir el sueño de convertirse en estrellas de rock. Como señalé en la reseña de Lonesome Crow, su camino al éxito fue más tortuoso que sus contemporáneos anglosajones por el hecho de ser alemanes, así que la letra es más o menos un recuento sobre eso, un hard rock con un mensaje muy interesante. «Sting in the Tail» sigue este mismo hilo conductor y, cuando la incluyeron en la gira de conciertos, enganchó al público rápidamente con la frase bang bang rock with the gang; una de sus mejores canciones desde los ochenta. Por su parte, «Slave Me» es más pesada aún, tiene un leve toque del rock ochentero, pero el talk box y el estribillo le otorgan un poder adicional, ya van tres roqueras puras. Con la participación especial de la otrora vocalista de Nightwish, Tarja Turunen, «The Good Die Young» figura como la típica composición de Scorpions: versos cálidos y estribillos fuertes. Una canción que trata sobre la muerte prematura, en donde la voz de Turunen da ese punto sereno, como una madre añorando a su hijo. Existe una versión en que ella canta algunos versos, que la hace más interesante si es que te gusta ese toque sinfónico, pero ambas son buenísimas.

Una de las mejores canciones del álbum es «No Limit», gracias a ese riff de guitarra y al estribillo adictivo. Un tema que Scorpions debería considerar incluirla en sus presentaciones en vivo, porque tiene todos los elementos para ser coreada por el público. Para continuar el headbanging, «Rock Zone», «Turn You On» y «Let’s Rock» rememoran al
escorpión de los ochenta. No se puede escuchar un álbum de Scorpions sin oír sus ya usuales power ballads; «Lorelei» en este caso no llega a alcanzar a «Holiday», pero si puede competir con «Send Me an Angel», por su ambiente solemne y esos teclados. Misma opinión tengo con «SLY», pero en este caso es más directa emocionalmente hablando. Ya muchos sabrán que su título es un acrónimo de «Still Loving You», mucha gente le puso ese nombre a sus hijas por allá en 1985, en especial en Francia. Su letra es un placer de dioses, melancólica y triste. Bella en su conjunto. Por cuarta vez la palabra rock se menciona en una de sus canciones, en este caso «Spirit of Rock». Me acuerdo que un conocido en su momento me dijo ¿por qué no le pusieron mejor «Spirit of Scorps» como un himno bíblico para sus fanáticos? Ahora que la escuché para esta revisión, tal vez tenía razón. Para terminar, una canción para y por sus seguidores, «The Best is Yet to Come» tiene un lado sentimental único. Cuando la interpretaron en su gira de despedida recuerdo que el público se emocionaba con ella. Era como un adiós y gracias por todo lo dado. Que final para un disco de despedida.

Cada vez que una banda piense en dejar los escenarios y publicar un último álbum de estudio para dejar como testamento, les recomendaría que oyeran a Sting in the Tail para que logren la misma inspiración que Scorpions tuvo para, en su momento, decir adiós. Es un disco que presenta todos los elementos sonoros principales que los alemanes han incluido en sus álbumes. Cada uno de los músicos estaba comprometido en su grabación porque el resultado es increíble. Ahora bien, no es una obra redonda que compita con sus clásicos como Lovedrive o Blackout, pero sí fue el mejor que tuvieron desde Crazy World de 1990. Tal vez rivaliza con Humanity: Hour I como su mejor trabajo del tercer milenio, aunque este al no ser conceptual, tiene un punto a favor. A modo de ironía, y como dijeron en su última canción, lo mejor está por venir, y la despedida como tal no fue y ya llevan otras producciones y decenas de conciertos desde el 2010. Pero independiente de esa decisión, acertada o no a criterio de cada uno, Sting in the Tail es un ejemplo de que si quieres despedirte, haz lo mejor posible para hacerlo en grande.
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