Guns N Roses se presentó por sexta vez en Chile en el Estadio Nacional, marcando una tranquila y fría jornada.
La noche del 5 de Octubre queda pauteada como uno de los mayores hitos del año para la oleada clásica del género, en una velada hecha para la generación que vio morir el Hard Rock, destacando en gran parte la pulcritud detrás de la producción en un espacio que hace menos de una semana fue objeto de polémicas y debates respecto a cuestiones sociales, culturales, de seguridad y control de masas.
Si hay algo que siempre se agradece es la puntualidad, y en esta oportunidad Frank’s White Canvas sorprendió comenzando su presentación dos minutos antes de lo indicado en el timeline. Con un Estadio Nacional a ⅗ de su capacidad, estrenan el escenario con “Hiding Away”, single que abre su último y único LP “My Life, My Canvas”. Le sigue “Wake Up” con un sonido apretado y limpio, sin imaginar por un sólo segundo que el dúo subió al estrado sin haberse enfrentado a la siempre muy necesaria prueba de sonido. Continúan con “Letting Go” cimentada por el pinponeo de coros entre Karin Aguilera y el público, al más puro estilo de Freddy Mercury. Inmediatamente Pancha Torés introduce tras su batería “Easy To Forget”, otro de los singles del disco producido por el francés Dimitri Tikovoï (Placebo). Tras los primeros cálidos aplausos, suena “Nobody Come” para finalmente agradecer al equipo y despedirse con “Sleep, Work, Eat” en una inesperada ovación hacia el grupo nacional, dejando muy en alto la vara de la escena local. -Como recurrente espectadora de los shows de FWC debo decir que extrañé el trabajo audiovisual que caracteriza sus presentaciones, sin embargo, una vez más demostraron que la calidad musical que proyectan es más que suficiente para llenar un escenario de magno calibre.-
En segundo lugar fueron los mexicanos Molotov los encargados de encender la llama de una audiencia que ya comenzaba a sentir frío en pleno ocaso del miércoles, tras una pasada jornada que se vio mermada por conflictos entre los carnales y los nacionales en la ciudad penquista. En exactos treinta minutos pasadas las diecinueve suena “Dance and Dense Denso”, abriendo paso al cuarteto que presentó después “Amateur”, clásico que despierta el éxtasis entre los fans. Le sigue el ska-funky de “Chinga tu madre” y sus coros pegotes para continuar con “Lagunas Mentales” y “Pendejo” junto a una audiencia ya un poco más agitada que no dejó de corear y saltar en “Here We Kum” y “Changüich a la Chichona”, evocando memorias de las mejores melodías de una década completa. En “Gimme tha Power” destapan esa olla a presión llamada sistema, siendo calurosamente acompañados por las voces de aquellos que crecieron con los cánticos del clásico “¿Dónde jugarán las niñas?” que cumplió recientemente un cuarto de siglo. Continúan con la galardonada “Frijolero” siguiendo la fiesta con “Molotov Cocktail Party” haciendo danzar al recinto ñuñoíno. Antes de abandonar el escenario, interpretan la particular versión de “Marciano” seguida de “Perro Negro Granjero” para cerrar con “Mátate Teté” y finalmente la controversial “Puto” que terminó por dividir a los asistentes entre ovaciones y pifias, demostrando entre los más jóvenes que hoy por hoy sí importa lo que proyecta la música que escuchamos, lo que dice y como lo dice, mientras que a los puber dosmileros aún los estremece y parece poco importarles la brecha políticamente incorrecta entre el cuarteto y la moralidad de las nuevas generaciones.
Y sin más preámbulos, los cabeza de este cartel encienden las pantallas -sorpresivamente, para quienes ya experimentaron años atrás las desconsideraciones de los hollywoodenses- a las 21 horas en punto, dejando una vez más en claro que la banda más peligrosa del mundo dejó atrás las malas costumbres que hace años venían ensuciando la reputación de una de las agrupaciones más exitosas que ha visto el género.
Coincidiendo exactamente en día y fecha, hace 11 años los principales referentes de Hard Rock se presentaban en el Movistar Arena ante un cuarto de la audiencia que anoche presenció lo que fue la sexta visita de la agrupación en nuestro país, iniciando lo que serían 3 horas de recital con “It’s So Easy”, dejando entrever algunas desnivelaciones sonoras que poco a poco fueron asentándose. Con “Mr. Brownstone” se comienza a percibir levemente la brecha entre los fans y quienes pagaron su entrada para escuchar Sweet Child o’ Mine e irse, pasando por la clásica “Chinese Democracy” donde los icónicos Axl y Slash entran -por fin- en calor. Seguida del cover “Slither” de Velvet Revolver que caracteriza una de las mejores temporadas de Jeff Hardy en la WWE, comienza la euforia junto a “Welcome To The Jungle” donde por primera vez en la noche Mr. Rose hace el pasito lateral que hizo mojar varios calzones por ahí por 1987. Junto a un atractivo juego de cuerdas entre el bajista Duff McKagan y los guitarristas Slash & Richard Fortus, suena “Better” pisándole los talones a “Reckless Life”, donde pasamos de ver a un Axl un tanto complicado con algunas secciones vocales, a verse totalmente cómodo corriendo admirablemente de lado a lado con unas botas dignas de museo herpetológico, para finalmente cerrar la sección con los poderosos riffs de “Double Talkin’ Jive”.
Definitivamente la dupleta de “Live and Let Die” y “Estranged” fue un golazo para todos aquellos que ya estaban sintiendo la frigidez de los poco generosos 10 grados que azotaban la capital, erizando hasta el último vello junto a las pianísticas armonías de Dizzy Reed y esos bends con los que que cualquier guitarrista sueña frustradamente desde la adolescencia, sin embargo, quienes estuvimos presentes en el mismo venue el 20 de Marzo de 2019, admitimos que extrañamos la parafernalia pirotécnica en LALD que caracterizó la última visita de Paul McCartney por estas tierras. Junto con una humilde disculpa de parte del frontman por comenzar antes el primer verso, sonó “Shadows Of Your Love”, single que fue originalmente lanzado en el lado B del Appetite For Destruction y re-estrenado en 2018 de manera oficial en el aniversario número 30 del antes mencionado. Otro puente que dejó las mechas chasconas fue “Rocket Queen” donde Slash se lució con su talk box mientras soleaba, para subir posteriormente con su Bc Rich Warlock roja en la clásica y muy coreada “You Could Be Mine” del Use Your Illusion II de 1991.
Como es costumbre ya desde hace varias giras, Duff McKagan se encargó de interpretar y protagonizar el cover “Attitude” de Misfits tras una calurosa presentación, continuando con el debut de los recientemente lanzados “Absurd” y “Hard Skool” para después pasar a la primera sección lenta del show, donde muchos finalmente comprendimos por qué en los laterales escénicos flameaban banderas ucranianas. Comienza a sonar “Civil War” junto a la proyección de imágenes que mostraban, entre realidad y ficción, la naturaleza de un conflicto vigente, conquistando los corazones de los más sensibles ante cuestiones sociales. Inmediatamente suena la power ballad “Sorry” para finalizar con la presentación formal de la banda, dando paso al solo del maestro de las cuerdas en una interpretación sexy, limpia y virtuosa, digna del mejor table dance de la costa oeste, demostrando que a sus 57 años sigue siendo uno de los mejores y más reconocidos sex symbols de la industria.

Y como era de esperarse, los gritos abundaron junto a la introducción más explotada por los guitarristas del mundo, -reafirmando que “Sweet Child o’ Mine” es la canción por la que la multitud agotó las entradas en un par de días-, y sin desmerecer por supuesto la sucesora hímnica “November Rain” que entre pianos y un gélido viento, sólo faltaba que comenzaran a caer gotas del cielo para terminar de hacer de esta una de las obras más magistrales de la jornada. Ya para secarse los mocos le siguieron los covers de Jimy Webb “Wichita Lineman” y “Knockin’ on Heaven’s Door” de Bob Dylan, donde Fortus se lució con un rico jam sobre la re-re-re-versión del tema en ritmos reggae. Para cerrar la sección se despiden con “Nightrain” y dan pie finalmente al encore del show.
Ya en “Coma”, algo se tomaron en la mesa de sonido que los sub-bajos comenzaron a sonar como no lo habían hecho en todo el show, lo cual no sabemos realmente si fue a propósito pero de que hicieron falta las otras dos horas y 45 minutos de show, hicieron falta, sin embargo, poco se echaron de menos una vez que sonó en la acústica “Blackbird” (The Beatles) que introdujo dos de las power ballads más exitosas de la historia. El estadio se iluminó al ritmo de “Patience” seguida de “Don’t Cry” donde sólo faltó que comenzaran a caer pañuelos Elite del cielo. La jornada concluyó con la eufórica fiesta que “Paradise City” dio a los 60 mil espectadores que después de cinco años trajo de vuelta a los ovacionados gansos rosas.
Si bien, fue una velada que se caracterizó por ser muy tranquila, en nuestra humilde opinión sentimos que definitivamente al público en general le faltaron unas cuantas cervezas antes del show, pues incluso en las canciones más reconocidas, sólo eran unos cuantos saltando y gritando, algo a lo que aquí en Santiago de Chile no estamos acostumbrados teniendo claro que tenemos la reputación de ser uno de los países más eufóricos cuando de música se trata, sin embargo, hay que mencionar que si bien la banda es un referente artístico en muchos sentidos, fue una constante el sentir que “estaban haciendo la pega y ya”, teniendo tremendas dificultades para conectar con la audiencia, incluso con los más fanáticos, pues aunque pasearan de lado a lado sobre el escenario, las miradas erráticas al vacío y la falta de tacto con sus fanáticos dejó en evidencia que la banda no fue capaz de conquistar ni siquiera a su propio público. Respecto al show, hay que admitir que a ratos se sentía el cansancio y desgaste de los intérpretes, sin embargo, sería inconsecuente esperar que después de 30 años los exponentes tengan el mismo desplante que tenían en sus tempranos veintes después de 3 horas y 28 canciones, siendo Axl el más cuestionado por no sonar como en los discos, sin embargo acá velamos por el triunfo y la trayectoria diciendo: Si querías que sonaran como en el disco, ¿Por qué no te quedaste tomando tecito en el living de tu casa con una mantita de polar saltando anuncios de youtube?.
Simplemente una jornada inolvidable para quienes apologizamos la supremacía de la cultura musical y el legado de las estrellas de los años 80.
Nota por Belén Muñoz.
Fotos por Katarina Benzova

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