Si hay una banda que mejor representa la extravagancia y la ridícula imagen del glam metal, esa es Poison. Formados en 1983 en una pequeña ciudad de Pensilvania, el cuarteto conformado inicialmente por Bret Michaels (voz), Matt Smith (guitarra), Bobby Dall (bajo) y Rikki Rockett (batería) sabía de un principio que si quería ser un nombre en la escena musical californiana debía instalarse en Los Ángeles y competir con montones de bandas que perseguían el mismo sueño. Su presencia escénica, además del excesivo maquillaje («Dude Look Like a Lady», o sí) les fueron los puntos favorables para comenzar a batallar. Antes de debutar en 1986, se postularon varios guitarristas para cubrir el puesto de Smith, entre ellos Slash, pero al final la elección recayó en C.C. DeVille. Pues bien, bajo el alero de Enigma Records, Poison publicó en 1986 su álbum debut Look What the Cat Dragged In.
El álbum parte con la juvenil «Cry Tough», cuyo sonido popero se apega a la escena vivida en el Sunset Strip, por lo que es acorde a la época más que nada. Misma opinión tengo con «I Want Action», un hard rock adolescente en donde la letra cliché es sugerente de lo que quería la juventud angelina por aquel tiempo: sexo, drogas y rock and roll. «I Won’t Forget You» es una power ballad bien romántica, en donde la influencia del blues rock y el soft rock se distingue al instante. Me detengo aquí para decir que Poison realiza muy bien este tipo de canciones. Tras la sin pena ni gloria «Play Dirty», aparece la que da título al álbum, «Look What the Cat Dragged In», la única que podría considerar de heavy metal en el disco. Ahora, ¿rompe quijadas? Ni en sueños. No obstante, su riff y estribillo la hicieron relevante.
«Talk Dirty to Me» es la gran pista de este álbum, gracias a la constante rotación de su videoclip en los canales de televisión especializados y por su posterior lanzamiento como sencillo, que la ayudaron a que tuviera la notoriedad popular que consiguió. Pero siendo realista, no es la gran cosa. A partir de aquí el álbum se desinfla harto, pues «Want Some, Need Some», «Blame It On You», «#1 Bad Boy» y «Let Me Go to the Show» son regulares, diría incluso que están por estar.
Look What the Cat Dragged In se cuadra bastante bien dentro de la escena musical de Los Ángeles, a pesar de que Poison nació a kilómetros de distancia de la urbe californiana. Eso sí, musicalmente no es la gran cosa, pues los estribillos, los riffs y los solos de guitarra no difieren en nada a lo que ya se oía por montones en ese tiempo. En ese sentido, es un álbum divertido y quinceañero, pero promedio, porque no vuela cabezas ni nada de eso. Su éxito recaló principalmente a la imagen visual que proyectaba la banda, la que era mucho más producida que otras. Por esa única razón es que Look What the Cat Dragged In trascendió en la industria, porque si se pone en una balanza la calidad sonora por sobre la visual, este debut pierde por donde se le mire.
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