Reseña: Bruce Dickinson - «The Mandrake Project» (2024)
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Reseña: Bruce Dickinson – «The Mandrake Project» (2024)



El séptimo álbum de estudio de Bruce Dickinson, The Mandrake Project, no cumple con las enormes expectativas puestas por la prensa. Aunque hay momentos aplaudibles, termina siendo neutral, ni bueno ni malo.


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Parecía casi imposible que Bruce Dickinson retomara su carrera solista después de su último álbum en 2005. Su trabajo y las giras de concierto con Iron Maiden le dejaba poco tiempo y, cuando tenía, lo dedicaba a sus multifacéticas labores. Sin embargo, como lo confirmó el propio Dickinson, comenzó a elaborar el concepto de una nueva obra en 2014, que diez años después terminó siendo su séptimo álbum de estudio, trayendo consigo una novela gráfica en formato cómic. Para ello, volvió a reunirse con viejos conocidos, el productor y guitarrista Roy Z (quien además coescribió algunas canciones y tocó el bajo), el baterista Dave Moreno y el teclista Mistheria. Las expectativas eran altas, no solo por saber que podía hacer el vocalista lejos de la creativamente hablando alicaída doncella, sino también de si era capaz de igualar las críticas positivas de su última producción, Tyranny of Souls. La respuesta a estas cuestiones finalmente llegó el 1 de marzo con el lanzamiento de The Mandake Project.

El álbum parte con un tono pesado que va de lo progresivo a lo sinfónico en «Afterglow of Ragnarok», por lo que es un inicio interesante, con el riff principal y la melodía como protagonistas. Sin embargo, ¿qué pasó con la producción? Se oye pésimo. «Many Doors to Hell» acude al recurso retrospectivo, a ratos sentía una vibra hardroquera ochentera, tipo Scorpions o Rainbow, que hace un buen contraste con la primera. «Rain on the Graves», inspirada en una visita de Dickinson a la tumba del poeta británico William Wordsworth, posee un riff similar a «Wheels of Fire» de Judas Priest o a «Laid to Rest» de Fight. En los versos es donde se puede apreciar la voz actual de Dickinson, cuyo registro se oye prolijo en los tonos medios mas que en los altos. Bueno, los años le pesan a todos. «Resurrection Men» abre como si fuese un tema wéstern, mientras que «Fingers in the Wounds» tiene un espíritu oriental de por medio, evidente en el solo de teclados que pareciera ser una composición del fallecido Jon Lord. En ambos casos, Dickinson no puede alejarse del sonido del siglo XXI de Iron Maiden porque terminan siendo como descartes de sus últimas producciones.

«Eternity Has Failed» abre como una ópera y durante su primer minuto y medio presenta elementos de la música asiática. Pero eso queda ahí nomás, porque tal como si fuese una canción de Maiden, la armonización, los movimientos progresivos y el cambio de tonalidad acompañan a un largo solo de guitarra; la mejor parte del tema. En cambio, «Mistress of Mercy» no convence del todo, salvo el pegadizo riff de guitarra. Después de la balada adult contemporary, «Face in the Mirror», en que Dickinson baja su tono de voz, en «Shadow of the Gods» es posible distinguir un aire sinfónico nuevamente. Aunque parecía ser otra canción lenta, entre el cuarto y casi el sexto minuto la cosa se pone interesante. Tal vez sea solo yo, pero es curioso como en ese tramo automáticamente pensé en la banda Halford. En serio, parece ser una creación de Rob Halford en solitario. El álbum cierra con la extensa «Sonata (Immortal Beloved)», la cual posee una vibra dramática, pero su innecesaria duración termina cansando porque es un círculo de ritmos. Con la mitad de minutos estaría bien.

The Mandrake Project no cumple con las expectativas, tal vez porque la prensa las elevó innecesariamente. Hay momentos aplaudibles, como las melodías, pero en su conjunto es plano. Las canciones tienen un valor neutro, no son malas ni buenas, les falta actitud y a ratos se percibe una confusión de ideas. No obstante, el gran problema es la producción, se siente opacada, contenida, los instrumentos se oyen sobrepuestos, pelean por un protagonismo inexistente y se pisotean entre ellos. Eso se debe a una deficiencia labor de Roy Z y me sorprende que cometa ese error porque es un zorro viejo, a no ser que buscaban eso. Auditivamente siento como si trabajaron con las maquetas en vez de realizar grabaciones profesionales. La voz de Dickinson muestra cansancio, en especial en los tonos altos, pero aún le queda calidad vocal al hombre. En resumen, The Mandrake Project es un álbum destinado a los oídos de los fanáticos del vocalista o de Maiden, a quienes atrapará más rápido, pero si no lo eres, te recomiendo que le des varias escuchas para que te convenza, si es que lo logra.

Colaborador de El Cuartel del Metal desde Chile. Responsable de reseñas de discos.

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