CD Review

Reseña: Scorpions – «Moment of Glory» (2000)

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🔄 Actualizado: 17 enero 2024, 20:18

Luego del fracaso comercial de Eye II Eye de 1999, la carrera de Scorpions parecía haberse derrumbado por completo. Al menos en los Estados Unidos, Reino Unido y Canadá la banda ya era un total dinosaurio del rock. Pero en Europa continental y el sudeste asiático, el escorpión seguía inyectando veneno en los mercados. En vez de lanzar un álbum de hard rock y heavy metal (su público lo necesitaba), volvieron con un proyecto colaborativo con la Orquesta Filarmónica de Berlín. Una idea que la orquesta le ofreció en 1995, pero que por cosas de la vida se retrasó hasta junio de 2000 para ser presentada en la Exposición Universal de Hannover de 2000. La conjunción de la música clásica y la música popular no es nada nuevo, inclusive Metallica sacó al mercado S&M solo meses antes, pero aún así las críticas llovieron a cántaros, particularmente del mundo de lo clásico. Muchos no lo saben, ni tampoco es obligación saberlo, pero la Orquesta Filarmónica de Berlín es una de las más importantes y prestigiosas del mundo, así que los clasistas la tienen en un altar de oro. Por ello, hacer un crossover con Scorpions les derritió la cara a muchos. ¿Cómo era posible que la honorable orquesta se reuniera con una banda que, en sus canciones y portadas de discos, trata abiertamente de sexo? Pues bien, el interés musical superó la moralidad y, a pesar de los cuestionamientos conservadores, ambas leyendas alemanas siguieron el objetivo y en 2000 salió a la venta Moment of Glory.

El álbum se compone de diez canciones: ocho de Scorpions arregladas por el compositor clásico Christian Kolonovits, una escrita exclusivamente para el proyecto y un cover. El disco comienza con «Hurricane 2000», la versión orquestal de «Rock You Like a Hurricane». Gracias a su introducción, se manifiesta que el álbum viene con creces, porque es épica. Aquí se entiende a la perfección que no es Scorpions feat la orquesta, sino es una unificación con mayúsculas. Es casi un minuto de majestuosidad clásica antes de que Rudolf Schenker aparezca con el clásico riff de la canción, pero ojo, con una leve modificación. El estribillo es empujado por un coro que, vista desde esta fecha, fungió como el plano a seguir para el posterior Acoustica de 2001. Para darle una mayor sustancia clásica, luego del solo de guitarra, Kolonovits decidió incluir un pasaje nuevo, con la sección de cuerdas y de viento gobernando el tema. Luego le sigue la canción que dio el nombre al álbum, «Moment of Glory». Seleccionada como el himno oficial de la EXPO 2000, «Moment of Glory» es como una continuación directa de «Wind of Change» por la postura esperanzadora en su letra. En esta se incluyó al coro de niños de Viena, Gumpoldtskirchener Spatzen, cuyas voces infantiles otorgan un aura sentimental y prometedora, personalmente la encuentro muy cursi, muy bonita.

La introducción de «Send Me an Angel» es muy de película, entre lo fantástico y lo heroico. Acá figura como invitado Zucchero, ¿a qué se debe su participación? Ni *** idea. Para mí, la voz del italiano desentona completamente con el significado lírico y musical de la canción, porque no es capaz de transmitir las mismas emociones que si lo hace la voz de Meine, personalmente, encontré que Zucchero es totalmente inexpresivo para esa pista, pero bueno. Mi opinión con «Wind of Change» es la misma de «Moment of Glory», demasiado bonita. Siendo fanático acérrimo de Scorpions y además siendo mi banda favorita, siempre he encontrado a «Wind of Change» «muy políticamente correcta», y esta versión orquestal lo es aún más. Díganme blasfemo si quieren, pero por más que sea su mayor éxito mundial y uno de los sencillos más vendidos de la historia, Scorpions tiene mejores power ballads. Pero esto no quita el hecho de que está muy bien arreglada.

La canción que se lleva el título de «epicidad» es «Deadly Sting Suite», una obra instrumental que reúne a cuatro canciones. Parte con «Noches de Moscú» del compositor Vasili Soloviov-Sedoi, en una interpretación sostenida por la orquesta y la breve, pero sublime, aparición de la guitarra líder de Matthias Jabs. Le sigue una versión inesperada de «Crossfire», reconocida automáticamente por la caja con ritmo militar. Desde aquí toda solemnidad inicial va en un crescendo cada vez más intenso. La sección de cuerdas es genial, al igual que la intervención de la de vientos. En todo momento, Jabs es quien interpreta el verso original del tema, para darle un matiz propio con un solo de guitarra que sirve como prólogo para la segunda parte. «He’s a Woman She’s a Man» suena poderosa con las secciones de vientos y cuerda al unísono, esto damas y caballeros, es un metal sinfónico europeo de lujo. Pero la cosa no queda ahí, porque a partir del minuto tres con cuarenta segundos hace su entrada «Dynamite». En la sección que corresponde al silencio de las guitarras, la voz de Meine es sustituida por los interesantes instrumentos de cuerda y una ¿marimba será? Con esta única obra, me di por pagado. Una pista absolutamente recomendable.

Sin embargo, después de esa majestuosa experiencia, aparece el cover de «Here in My Heart», cantada a dueto con una desconocida Lyn Lyechty. Es tan pomposa, tan cliché, tan cursi, tan intragable que me dio hasta rabia. ¿Por qué teniendo tantas power ballads, optaron por versionar un tema tan ****? Scorpions tiene un catálogo tan variado y grande de baladas que podrían haber hecho cualquiera y hubiera resultado mejor que esta. ¿Born to Touch Your Feelings, When the Smoke is Going Down? ¿no? Luego de soportar esa aberración viene mi querida «Still Loving You», otro tema que está muy bien arreglado, porque los pasajes de la orquesta son preciosos (una cerveza para Kolonovits, por favor). Con «Big City Nights» se optó por mantener el hard rock al límite con las guitarras eléctricas. Acá canta Ray Wilson, vocalista que por cuatro años estuvo en la progresiva Genesis, cuya participación en este proyecto parece ser como un golpe de espalda por parte de Meine y Schenker para motivarlo después de su despido de la banda británica. Agradable, pero para nada interesante. La pista final, «Lady Starlight», parte con una introducción en sitar interpretada por Guenther Becker. Esta me pareció más correcta para versionarse, porque la original de 1980 incluye precisamente una sección de viento y cuerdas, de hecho, fue la primera canción de Scorpions en incluir un arreglo clásico. Lo que no me gustó de esta versión fue que omitieron la mejor parte, el outro con la guitarra eléctrica, ¿por qué señor?

Moment of Glory es un proyecto interesante, porque reúne a dos de las más grandes agrupaciones alemanas de la historia. No obstante, el problema del álbum es la cantidad de romanticismo ejemplificado en power ballads. Si bien era obvio la inclusión de sus clásicas baladas, el exceso de ellas hizo que sea una producción muy agraciada, en vez de poderosa. En cuanto a los vocalistas invitados, sin pena ni gloria, porque si no estuvieran da igual. Reitero, Zucchero no transmite emociones para expresar la actitud ceremoniosa de «Send Me an Angel», mientras que Ray Wilson cantando todo en «Big City Nights» parecía un cover, y hablando de cover, «Here in My Heart» fue un completo error. En la otra esquina, aplaudo la labor de Kolonovits para arreglar las canciones, porque añadió intros, outros y pasajes intermedios orquestales que las transformaron, dándole un plus para decir que esto no es Scorpions en versión orquesta, sino una verdadera fusión de la música popular con la clásica. Otro aspecto destacable es la increíble introducción de «Hurricane 2000», pero la que se alza con el trofeo es «Deadly Sting Suite», por su epicidad y majestuosidad. Moment of Glory es una producción más dentro de los crossovers, ya que no es la gran cosa. Puede ser un álbum que le gustará más a los seguidores de Scorpions que prefieran sus power ballads por encima de su faceta roquera y metalera, pero lo recomendaría a aquellos que quieran oír unos preciosos y bien realizados arreglos orquestales, porque eso es lo único interesante de este trabajo.

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