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5 álbumes de bandas grandes con portadas horribles

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El heavy metal es uno de los géneros musicales que más atención le pone a las portadas de los álbumes, y muchos diseñadores gráficos son considerados estrellas del estilo, como Ed Repka o Derek Riggs. Con la atención que se le pone a las portadas, uno puede incluso predecir el estilo musical de la banda como en pocas otras escenas musicales, al punto tal de que pueden resultar engañosos si nos los encontramos en otros géneros musicales.

Sin embargo, no todas las bandas tienen los recursos para poder ilustrar sus álbumes con las mejores portadas, lo cual es entendible: el buen arte cuesta dinero, y mucho. Pero en nuestra lista de hoy, vamos a hablar acerca de cinco álbumes de cinco bandas que, con su estatus, deberían haberse dado cuenta de las abominaciones que tenían frente a sus ojos. Y hacemos énfasis en “grandes”: nada de discos debuts ni bandas que recién comenzaban, todos estos grupos ya tenían al menos dos álbumes detrás.

 

BLACK SABBATH – Born Again (1983)

La portada de Born Again es una de las más infames de la historia del heavy metal. Lo más seguro es que esta reputación se haya dado porque para 1983, el heavy metal estaba subiendo la vara en todos los aspectos: composición, velocidad, profesionalismo y, en este caso, imagen. Considerando que Black Sabbath ya tenían 10 álbumes en su catálogo, ver al primer y único álbum de la legendaria banda de Birmingham junto al cantante Ian Gillan con una de las portadas más estrafalarias de la historia fue demasiado para muchos: este no es un caso donde la imagen simplemente envejeció mal, porque ya era considerada muy mala en su época. Incluso si Born Again fue un éxito de ventas, el bebé rojo y los colores chillones no deben haber sido la mejor imagen para esta nueva etapa de Black Sabbath.

Steve “Krusher” Joule, autor de la portada y director de arte de Kerrang!, también estuvo encargado de la tapa de Back at the Moon de Ozzy Osbourne. En una entrevista con Geeks of Doom: “Sabía que iba a trabajar en la portada de Bark At The Moon, y no quería hacer enojar a Sharon [Osbourne] por haber hecho la portada de Black Sabbath. Así que les propuse cuatro ideas de mi*rda, y la primera de ellas fue la de un bebé renacido. Sí, cuernos, colmillos, toda esa mi*rda”.

El artista continúa diciendo: “Tenía una foto en la que podía basarme, y cuando fui a la reunión para saber si aceptaban o no, me dijeron que definitivamente aceptaban. Le expliqué la historia a Sharon y me dejó hacer la portada de Bark At The Moon, y esa fue la última portada de Ozzy que hice. ¡Creo que fue porque la hice enojar! [Se ríe] Sólo porque hice un buen trabajo en Diary [of a Madman] y Speak of the Devil ella creyó que ella se iba a quedar con mis servicios por una última vez, y así fue”.




TOKYO BLADE – Blackhearts & Jaded Spades (1985)

Con sus dos primeros álbumes Tokyo BladeNight of the Blade, los ingleses Tokyo Blade se había establecido como una de las bandas más prometedoras del under de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Sin embargo, para 1985 muchas de las bandas de la movida (o sea, casi todas las que no eran Iron Maiden) estaban intentando hacer más accesible su sonido, más que nada gracias al éxito de Pyromania de Def Leppard, y Tokyo Blade decidieron subirse a esa movida, de la misma manera que lo hicieran Saxon con Crusader, o Raven con Stay Hard.

Obviamente eso explica el sonido edulcorado de Blackhearts & Jaded Spades, con sus teclados y su estilo influenciado por el glam y el AOR, simplemente siguiendo una moda de la época. Pero lo que no explica es la horrible portada que adorna este tercer álbum de los oriundos de Salisbury: un simio calvo y gordo con anteojos, destruyendo la portada roja. A diferencia de lo que pasó con la portada de Black Sabbath, no parece haber ninguna entrevista con Victor Willford, el artista detrás de esta portada y la única que parece haber hecho. Ni siquiera la banda parece hacer referencia a la portada, y no los culparía.

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Voivod – Kronik (1998)

Ciertamente Voivod no es una banda para todo el mundo: el estilo de los canadienses es muy personal y característico, combinando thrash metal y metal progresivo con disonancias y un universo lírico de ciencia ficción. Esto también se extiende a las portadas de la banda, diseñadas por el baterista Michel “Away” Langevin, cuyoestilo puede llegar a dividir a la gente, aunque ciertamente sea icónico: el universo post apocalíptico de ciencia ficción de Voivod no sería el mismo sin su arte.

Con eso en mente, es fácil ver el problema con portadas como la de la versión original de Kronik, un compilado de remixes editado por la banda en 1998: de la misma manera que muchas obras de ciencia ficción pueden quedar obsoletas por el avance de la tecnología, el avance en diseño gráfico puede hacer que las cosas que se veían futuristas ahora se vean anticuadas. No sé hasta que punto las letras 3D de WordArt en la portada de Kronik estuvieron alguna vez de moda, encima combinadas con un fondo morado que parece una imagen de un cultivo de bacterias, lo que en esa época le habría dado la estética de un compilado de eurodance y que hoy en día lo hace parecer un disco de vaporwave.

Tampoco es que es una de esas portadas buenas que se ven arruinadas por una mala elección de fuente, como el Comic Sans en The Jester’s Race de In Flames o el Papyrus en Slaughter of the Soul de At The Gates: toda la portada es horrible.




Pantera – Reinventing The Steel (2000)

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Para el año 2000, Pantera ya había influenciado a miles de bandas alrededor del mundo, habiendo plantado las semillas del sonido de los noventas a través de sus álbumes y dándole un lugar a gente que nunca hubiera tenido lugar en el mainstream (¿Cuántos conocieron a Crowbar por la camiseta de Phil Anselmo en “I’m Broken”?). Sin embargo, Pantera en si estaban dando sus últimos pasos como una unidad: en los cuatro años desde The Great Southern Trendkill (1996) las adicciones, los egos, las diferencias artísticas y los proyectos paralelos habían llevado a los texanos a tener cada vez más tensiones. Ciertamente eso terminó influenciando lo que sería Reinventing The Steel, un trabajo extremadamente autorreferencial en sus letras, citando influencias y la dedicación de sus fans, y tratando de convencerse de que a Pantera le quedaba un largo tiempo.

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Obviamente con el diario del lunes podemos saber que el futuro de Pantera estuvo lejos de eso, siendo que el cuarteto se separó tres años más tarde, con Reinventing The Steel como su despedida discográfica. Pero ya varios deben haber sentido que las cosas no estaban bien en el seno del grupo texano simplemente viendo la portada: incluso con el nu metal de la época bajando los estándares de las portadas a un nivel bajísimo, la de Reinventing The Steel es flojísima. ¿Será que Pantera tenían la idea de que podían vender un álbum sin que se viera su título, sólo con su logo, una foto cualquiera y una botella con su marca censurada? Puede ser, pero no ayuda a quitar la imagen de que para este momento a la banda no parecía importarle.




Metallica – Hardwired… To Self-Destruct (2016)

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Metallica es una banda que se toma su tiempo para hacer las cosas, tal vez incluso demasiado: cada década de vida de la banda tuvo un álbum menos de estudio que la anterior, así que si en la década del 2020 vemos cualquier cosa de estudio por parte de los californianos ya terminarían rompiendo esta tendencia. Fue por eso que cuando la banda de Hetfield y Ulrich anunció que en 2016 editarían por fin al sucesor de Death Magnetic, las expectativas estaban muy altas… y entonces el grupo reveló la portada y el primer single.

No sé si Metallica quiso probar algo con el hecho de haber sacado como primer single la peor canción del álbum, pero creo que la peor decisión tuvo que ver con la portada. Algunos entendidos en la materia acusaron al grupo de plagiar la portada de Odd Fellows Rest de Crowbar, pero sin importar ese tipo de inspiraciones hay que decir que The Miracle, de Queen, ya debería haberles enseñado a los diseñadores gráficos que estos collages de las caras de los miembros jamás quedan bien. Pero no es sólo eso: los colores, la falta de un verdadero fondo, la fuente “glitcheada”, todo es tan anti-Metallica que duele.

Al final, Hardwired… To Self-Destruct tuvo críticas divididas pero tirando a positivas, con muchos críticos destacando la mejora de la producción con respecto a álbumes anteriores y que las canciones se habían alejado del rejunte de riffs de Death Magnetic. Pero sin importar eso, lo más seguro es que cuando uno ve la portada en su plataforma de confianza y vea esa lengua saliendo a la izquierda, le quede un pésimo sabor de boca.

Periodista de música nacido y criado en Argentina. Fanático de los videojuegos. Coleccionista de remeras negras.

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