El ambiente al interior del Club Chocolate comenzó a tomar pulso poco a poco, cargado de la electricidad estática de una noche que prometía ser histórica. No solo por la fuerza compositiva de Húsar, el proyecto liderado por Ives Gullé, sino por la oportunidad única de revisar en su totalidad esta obra cumbre del rock chileno tras años de silencio.
Un viaje desde las cruzadas hasta la oscuridad
La tarea de abrir los fuegos recayó en Dolezall, finalistas del Premio Pulsar en la categoría Metal, quienes entregaron una sólida propuesta de rock histórico. La banda invitó a los asistentes a un viaje cronológico, transitando desde la brutalidad de la época vikinga hasta las cruzadas.
Felipe del Valle, frontman de la agrupación, se adueñó del escenario ataviado como un guerrero medieval, rompiendo la cuarta pared para llamar al público a conectarse con la historia que narraban sus letras, especialmente en la ejecución de «Heir of the Cross». Sin duda, la propuesta tuvo una recepción inmediata.
La banda demostró su versatilidad temática oscureciendo la atmósfera con «The Bloodbath Feast», donde la estética giró hacia la imaginería vampírica, seguida de «Lady of Death», tema que marca la sanguinaria leyenda de la «Condesa Sangrienta» y sus más de 700 muertes. Esta etapa de oscuridad cerró de manera magistral con su icónico «Jack the Reaper», dejando el escenario caliente y listo para el plato fuerte.
El regreso del Ejército Libertador
Tras unos minutos de tensión y oscuridad para alistar el escenario, la audiencia contuvo el aliento esperando el reencuentro. «Condena» fue la primera bala de este concierto demoledor. El público, convertido esa noche en el verdadero «ejército libertador», recibió el impacto con ansias. Fue en ese preciso instante donde la sala se encendió en un coro enorme, lleno de sentimiento, celebrando los 15 años desde que esta ópera rock vio la luz por primera vez.
La puesta en escena fue inmersiva. Al escenario se sumaron tres voces ataviadas con el uniforme histórico del Ejército Libertador, reforzando la narrativa teatral que plasma la vida de Manuel Rodríguez, sus logros en la independencia y su peso trágico.
Tras la interpretación de «Humillación», Ives Gullé tomó un momento para saludar, agradeciendo visiblemente emocionado el acompañamiento de los fanáticos tras varios años fuera de las pistas. La jornada continuó con «Opresión», manteniendo la teatralidad al tope, sostenida por una banda de lujo conformada por Nicolás Arce, López en el bajo, Cristian Reyes en la segunda guitarra y la potencia de Fran Muñoz en la batería.
Libertad y Revolución, al estilo de Húsar
El punto de inflexión emocional llegó tras «Guerra». Con los primeros acordes de «Por mi patria», apareció la figura de Ives vistiendo la casaca de los Húsares de la Muerte. Fue uno de los puntos más altos de la noche; una oda a la traición de la casta contra Rodríguez y su visión revolucionaria que el público coreó con una fuerza estremecedora.
En «Libertad», la banda llamó a los asistentes a saltar. Si bien la narrativa del disco en este punto augura que el protagonista no saldrá bien librado, la música lo elevó como símbolo eterno contra el yugo extranjero. El público siguió el juego, produciendo el coro más largo de la jornada y demostrando el cariño vigente por esta obra.
Un cierre íntimo y una mirada al futuro
Antes del desenlace, la banda regaló un momento de intimidad y sorpresa. Ives, acompañado por Nico Arce, interpretó una emotiva versión de «Can’t Help Falling in Love» de Elvis Presley, cerrando este interludio con un fragmento de «Let it Be».
Tras la calma, se prepararon para el cierre del capítulo que inició con «Unión», momento que Ives aprovechó para destacar al elenco de cantantes que dieron vida a los personajes de la historia.
La noche concluyó con una mirada hacia el futuro. El cierre definitivo fue con «Triunfo», un tema perteneciente a su próximo disco titulado Salvador, obra conceptual que estará dedicada a la figura de Salvador Allende, dejando en claro que la historia y el rock seguirán caminando de la mano en la pluma de Gullé.
Agustín Morales Pérez


