El álbum Maniac Nirvana demostró a un Robert Plant más atrevido en cuanto a la composición, pero a pesar de ese afortunado cambio, no logró superar el éxito comercial de Now and Zen de 1988. Con el mismo enfoque del disco de 1990, y con el apoyo de más de veinte músicos en esta ocasión, Plant cierra su primera etapa solista con Fate of Nations de 1993.
El álbum parte con la “zeppeliana”, alternativa y arabesca “Calling to You”, una especie de primo lejano de “Kashmir”, la que destaca por la música, los arreglos del coro y la intervención del violín. Siguiendo el tono del Oriente medio, “Down to the Sea” es el presagio de lo que sería más tarde el álbum No Quarter: Jimmy Page and Robert Plant Unledded. Misma opinión tengo con “Come Into My Life”, sin embargo, en esta canción acústica hay más presencia de la música marroquí, además es mucho más convincente que la anterior. En cambio, con un delicado mensaje en memoria de su hijo fallecido Karac, la balada “I Believe” es íntima y personal, en donde la voz de Plant demuestra sentimientos de regocijo.
El gran éxito del álbum fue “29 Palms”, una canción de rock suave, no lo suficiente para entrar en la categoría del soft rock, pero si para dejar volar la mente. Los arreglos de las guitarras electroacústicas, la sutileza vocal de Plant y el cierto grado de folk le dan un toque único. En “Memory Song” (Hello Hello)” el británico nos lleva por el camino del rock alternativo, no de una manera exitosa, pero si astuta. También se atreve a versionar “If I Were a Carpenter”, una canción de Tim Hardin de 1967, la cual se sustenta principalmente en una sección de cuerdas y la guitarra acústica; muy en la esencia del folk estadounidense, una opción obvia. En “Promised Land” el blues-folk rock corren libremente, un detalle de esta canción es que Plant hizo de guitarrista.
“The Greatest Gift” la considero una de las canciones poco valoradas y conocidas de la carrera de Plant. La música, el ambiente, la sección de cuerdas, las pausas, la instrumentación, la batería, en fin, absolutamente todo en esta canción está bien elaborado. Con una temática musical parecida, “Great Spirit” es un rhythm and blues noventero sexy, íntimo, de aquellos que puedes disfrutar por la noche solo con una luz tenue. Lejos de la atmósfera de las dos anteriores, el álbum finaliza con “Network News”, la que a ratos me recordó al estilo del álbum Superstition de Siouxie & the Banshees. Aunque es llamativo la mezcla de pop rock con la música alternativa, estimo que no la era la ideal para cerrar el disco.
Fate of Nations termina la primera etapa de la carrera solista de Robert Plant con una nota azul, pero no sobresale en contraste con sus trabajos anteriores. Musicalmente se nota que el británico sigue la osadía del disco anterior, en el sentido de incursionar en estilos y añadir elementos diversos; por ejemplo, el gusto por la música folk, árabe y marroquí está bien explorado. Muchos de los arreglos de la sección de cuerdas, inspirados en lo anterior, sirven de presagio para lo que sería un par de meses después el proyecto Page & Plant. Desde mi punto de vista, como reseñador y a la vez fanático de Plant, Fate of Nations es el punto donde el músico dijo “acá comienza mi carrera personal”. Algo que siempre le ocurre a los artistas consagrados, sobre todo solistas, es que después de tanto éxito se dicen asimismo, desde ahora voy hacer lo que quiero hacer y no lo que quiera oír el resto. Eso es precisamente Fate of Nations, la piedra angular para el futuro enfoque del británico, el cual amplía con más firmeza en los años 2000.
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