🔄 Actualizado: 26 julio 2024, 20:35
Después de unos días de descanso y tras vivir un bloqueo del escritor del tamaño de un acorazado alemán, vuelvo a retomar las críticas regresando a la carrera de Robert Plant. Luego del tropiezo con Shaken ‘n’ Stirred de 1985, el exvocalista de Led Zeppelin rompió relaciones con sus otroras colaboradores, en especial con el guitarrista Robbie Blunt, quien era su escudero compositivo. Así que tres años después de su tercer disco, Plant formó un nuevo grupo de aliados, de los cuales destacó el teclista Phil Johnstone (su nueva mano derecha) porque fungió como músico, cocompositor y coproductor. ¿Era capaz esta nueva alineación convencer a los seguidores de Plant? La respuesta estaba en Now and Zen de 1988.
El álbum parte con una cocreación de Johnstone llamada «Heaven Knows». Un rock sutil, con arreglos en el piano y los teclados que entregan un entorno apacible; ese tipo de canciones que gusta oír cuando viajas mirando el paisaje por la ventana. Los coros femeninos, al estilo góspel, son bonitos; de hecho, ese recurso lo emplean en la mayoría de las canciones; por ejemplo en «Dance On My Own», que sigue la misma esencia. Por cierto, en esa resalto la línea de bajo sintetizada. La cosa se vuelve un tanto más pesada en «Tall Cool One»; el riff, interpretado en notas graves de un piano, es convincente. Cabe señalar que es posible oír samples de riffs clásicos de Led Zeppelin, así que los fanáticos del grupo británico los distinguirán en un santiamén. «The Way I Feel» es casi lo mismo, un tema con pretensiones radiales que convence. Y en realidad, esa es la gracia del álbum, canciones de rock y adult oriented rock que miran de frente a la radio (sí, la radio en esos años tenía un peso enorme para que un álbum lograra ventas millonarias). Si bien no son pesadas, están bien escritas. «Helen of Troy» es otro ejemplo de ello.
En la segunda parte del álbum es posible distinguir osadía en las composiciones. «Billy’s Revenge» posee toques de rockabilly y los arreglos corales me recuerdan mucho a las canciones de worldbeat de Robert Palmer, mientras que «Ship of Fools» es una deliciosa balada capaz de apaciguar al roquero más extremo si tiene el oído para apreciar una composición tenue. En cambio, «Why» tiene sonidos electrónicos prestados de agrupaciones de pop rock de la época como Simple Minds, mientras que «White, Cleand and Neat» es deprimente en cuanto a ritmo y me recuerda por alguna razón a Depeche Mode de la era Black Celebration. De vez en cuando soy partidario de este tipo de pistas. El álbum culmina con «Walking Towards Paradise», escrita por Jerry Lynn Williams y que figuró como pista exclusiva del disco compacto. Sonoramente, mantiene la onda de la primera parte del disco.
El encanto de Now and Zen es que Plant siguió la ruta de los sonidos electrónicos de los teclados y sintetizadores, pero a diferencia de Shaken ‘n’ Stirred, la relación teclado-guitarra quedó mejor consolidada y, por consiguiente, es un mejor resultado. Las canciones mayormente son de tiempo medio con pretensiones radiales, auditivamente agradables, con sutileza compositiva y un misticismo lírico, todo sostenido principalmente en los teclados. Ese es el gran momento del álbum porque la sonoridad de ambos instrumentos es uña y mugre. En términos de composición, Now and Zen se apega al concepto de los dos primeros discos de Plant y eso lo hace un competidor directo a ser el mejor álbum de su carrera solista.
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