🔄 Actualizado: 17 enero 2024, 14:20
Los primeros años de Scorpions son similares a los de muchas otras bandas; un grupo de jóvenes con pretensiones de ser estrellas del rock, pero antes de eso, había que pavimentar su propio camino. A diferencia de sus contemporáneos anglosajones, Scorpions tuvo que poner más empeño para que los consideraran, porque Alemania no poseía una industria musical para bandas que tenían influencias británicas y estadounidenses, sino solo para el slager. Siete años tardó el grupo fundado por Rudolf Schenker en tener la oportunidad de publicar su primer álbum, que vino de la mano de un concurso de bandas donde al principio los descalificaron por tocar demasiado fuerte. Pero por cuestiones del destino, la que ganó se separó y, por consiguiente, les otorgaron el premio a ellos: un contrato de grabación con Brain Records. Con una semana de grabación, hace 51 años los alemanes hicieron su debut con Lonesome Crow.
Si lo vemos desde la perspectiva actual, la canción inicial, «I’m Goin’ Mad», parece un tema de Santana mas que de Scorpions. Con una introducción a base de batería y claves, el cuervo solitario empieza a emprender vuelo con psicodelia pura, con una instrumentación que cubre más de la mitad de los cuatro minutos. Klaus Meine suena aguerrido, mientras que Michael Schenker nos demuestra desde un inicio de que es capaz. «It All Depends» es casi lo mismo, más instrumentación que voz. Con una especie de introducción de aleteos, «Leave Me» es tenebrosa y lenta pero concluye de una manera rápida. Por su parte, «In Search of the Peace of Mind» está a otro nivel, la que podemos dividir en dos partes: la primera, posee una introducción similar a la música clásica, con coros como de películas wéstern, un fraseo de guitarra suave y una voz calmada que va ascendiendo; mientras que la segunda es más tenebrosa, con Meine rompiendo su voz para mandarse unos gritos poderosos y una guitarra dando un ritmo oscuro. Una mezcla minuciosa y bien hecha de psicodelia y progresivo.

«Inheritance» es casi igual a la anterior, porque tanto la primera como la tercera sección es hard rock mezclado con psicodelia, pero la parte media entre el minuto 2:18 y 2:43, es progresivo donde se le mire, ponle una producción ochentera y tienes una canción de Queensrÿche, así de simple. Lo mismo con el minuto 2:43 y 3:48, añádele una sección de vientos típica de Danny Elfman y consigues la banda sonora de una película de Tim Burton. Obviamente viéndola desde la perspectiva actual, porque si la vemos desde 1972, es una mezcla de Jefferson Airplane con los primeros discos de Deep Purple. Por su parte, «Action» más bien parece una jam session, con una línea de bajo estilo jazz. Para terminar esta cápsula psicodélica, «Lonesome Crow», donde en sus trece minutos de duración hay de todo, es como si tomaron todos los descartes de las demás y las juntaran en esta, porque es una mezcolanza de ideas sin un enfoque aparente.
Al parecer, a los debutantes les ganó la ansiedad porque el resultado es un descalabro de ideas. No obstante, es una obra interesante, con mucha experimentación y con un Michael Schenker desatado. Pongan atención a sus solos de guitarra y compárenlos con los demás guitarristas de la época y notarán que este rubio de dieciséis años, cuando se grabó el disco, estaba destinado a ser la leyenda que es hoy en día. Desde luego, eso no quita el hecho de que Lonesome Crow sea una producción sin una dirección fija ni clara. En comparación al sonido tradicional de Scorpions, Lonesome Crow está en un sitio especial en su discografía, no porque sea malo, sino porque su sonido es diferente. Un sonido que no se vería nunca más en sus posteriores álbumes, al menos no del todo, porque en Fly to the Rainbow de 1974 aún queda algo de esta particular psicodelia.

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