CD Review

Sobernot – ”Destroy” (2022)

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A diferencia de lo que se acostumbra a hacer en una nota de esta página, en esta oportunidad, se hablará en primera persona. ¿Por qué? Porque a veces, hay que tomarse las cosas de una manera más personal que de costumbre. Así que aquí va la apreciación a ”Destroy”, el segundo disco de estudio de los chilenos Sobernot.

El sucesor de ‘Silent Conspiracy’, trabajo al cual también reseñé en su momento (pero que se perdió en la gran purga de contenidos ocurrida en el sitio hace unos años), tiene varios puntos a destacar y, más allá de solo la mirada musical, aquí voy a hacer algo distinto, ya que no partí escuchando el disco completo hasta hace muy poco. Sinceramente, no había ni tiempo ni ganas para hacerlo. Pero bueno, la vida cambia (?).

Desde ‘No Mercy’ hasta el tema que le da título al disco, hay pasajes que no parecen repetirse. La principal gracia de la banda, a mi parecer, es su manera de ir intercalando ritmos para hasta a veces perderse en el headbanging, cosa que se destaca desde un principio. A estas alturas uno se acostumbra a que las canciones mantengan el mismo patrón durante los 4 minutos y quizás, un cuarto del track, va en un tempo diferente. Acá, no pasa eso.

Un buen ejemplo de aquello es ‘Smoke Masters (Gimme My Money Back)’, donde en casi cinco minutos cerrados el cuarteto se pasea por varios ritmos desde esos que hacen saltar, hasta los que desatan pedazos de mosh. ‘Death by Cunnilingus’, obviando lo lascivo, es igual de pegadiza también por la sección rítmica. ¿Recuerdan cuando la gente bailaba con rock? Ya, aquí perfectamente podría estar pasando, pero en el Metal. Un groove envidiable donde aparte del notorio talento de los músicos, se nota la actitud de cada uno, ya sea escuchando el disco en Spotify o viéndolos en vivo.

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‘Tyrant Machine’, así como ‘I Recommend Amputation’ y ‘Servants of the Yellow King’ siguen en esa misma línea de ritmos donde nadie se queda atrás. A qué voy con esto; batería, bajo, guitarra y voz, en ningún orden específico, van de la mano, todos apuntando al mismo objetivo: destruir. Harto sentido que hace el nombre del disco. Eso sí, no por no mandarme un análisis exhaustivo de estas canciones quiere decir que son malas o no me gustaron. Va más por el lado de ‘escuchen el disco, maldita sea’.

Me salté intencionalmente la balada ‘Across The Toxic Dew’ para dedicarle un párrafo. Guitarra acústica, armónicos naturales y una pausa necesaria dentro de ”Destroy”. Bueno, pausa entre comillas, porque el estribillo y el solo siguen siendo igual de potentes que el resto del álbum. Una letra dolida hace que esto sea una mezcla perfecta y caótica como el mismo track. A fin de cuentas, ¿quién no necesita un poco de rocío tóxico en sus vidas?

Ya llegando al final del trabajo, ‘The Second Coming’, el cover ‘Killer Winter’ y el corte que le da nombre al disco continúan machacando tímpanos. A pesar de ser tremendas canciones, en esta oportunidad me quedo con ‘Destroy’, de la triada que acabo de mencionar. ¿Por qué? Porque funciona como un excelente resumen de este viaje. Groove desenfrenado, un imperdible para cabecearlo hasta que la edad o la tortícolis lo permitan.

10 canciones, 45 minutos que envuelven un disco con aspectos súper positivos. Vuelvo a mi pregunta del otro día: en lo musical ¿con qué se justifica el odio a Sobernot? No sé, me lo voy a seguir cuestionando quizás hasta que no me den ganas de escucharlos. A veces, más allá de los amiguismos obvios presentes en la escena nacional, puede generarse un resentimiento a algunas bandas que la verdad, no tiene ni pies ni cabeza. Aquí, sin ser fan ni mucho menos un die hard de la banda, les digo, denle una oportunidad a Sobernot.

 

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