Tal vez muchos conocieron a Alcatrazz por su canción «God Blessed Video», al menos yo lo hice a través de ella (gracias GTA: Vice City). A partir de entonces, le puse atención a su discografía, la que solo se componía de tres discos. La banda destacaba por mezclar hard rock y heavy metal tradicional, aunque en Dangerous Games (1986) incursionaron en el adult oriented rock. En fin, su historia es como la típica banda de rock: se separan, se reúnen y se dividen en dos bandas. Una liderada por el vocalista Graham Bonnet y la otra por el teclista Jimmy Waldo y el bajista Gary Shea. En 2020, después de una breve reunión y un cuarto álbum Born Innocent, estos últimos convocaron al también exvocalista de Rainbow, Doggie White, al guitarrista del metal neoclásico Joe Stump y al baterista Mark Benquechea. Hasta entonces tenían una sola producción V de 2021, pero este año esta nueva versión de Alcatrazz volvió a la escena con Take No Prisoners.
Ya con la inicial «Little Viper» nos damos cuenta de que estamos ante una banda que suena más rejuvenecida que nunca, esto es heavy metal tradicional, aunque la rapidez de la sección rítmica la acerca hacia un power metal de la vieja escuela. «Don’t Get Mad…Get Even» fue el primer lanzamiento del álbum y presenta a las metaleras Girlschool como invitadas. Esta se asemeja al metal de la nueva ola del heavy metal británico, cuyo estribillo es totalmente ganchero. «Battlelines» es pesada, a ratos un tanto melódica, con partes memorables de guitarra; sin cuestionamiento alguno, es una declaración moderna y vigorosa del metal clásico ochentero. Por su parte, «Strangers» es una power ballad con aires sinfónicos, al menos al principio, porque a medida que avanza, Benquechea y Stump ponen a prueba su talento, revitalizándola. En determinados momentos, me acordé de Dio. «Gates of Destiny» es otra pista que toma la esencia del metal sinfónico, al menos musicalmente hablando, porque el juego de notas de guitarra de Stump lo acerca a su ya conocido metal neoclásico. Tal vez muchos no sepan, pero el guitarrista tiene una increíble carrera solista desde 1993, así que pónganle atención si quieren.
Benquechea pega fuerte en la homónima «Alcatrazz», un power metal puritano con un épico riff de sintetizadores. El solo de guitarra-órgano, en una versión similar a Deep Purple, es tremendo. Sin cuestionarlo, esta va a mi lista de reproducción. «Holly Roller (Love’s Temple)» y «Power in Numbers» son pistas en que la banda otra vez juguetea entre lo neoclásico y sinfónico; destaco el poderoso riff de la primera y el solo de guitarra cargada de shred de la segunda. «Salute the Colours» es más oscuro, cuyo riff de guitarra me recordó un poco a Black Sabbath o a Judas Priest de la era Nostradamus. El disco termina con la misma rapidez y potencia con la que comenzó, con la enérgica e impetuosa «Bring on the Rawk».
Asevero que esta versión de Alcatrazz me tomó por sorpresa, suena potente y vigoroso, incluso mucho más que en su era clásica. La inclusión de Stump es totalmente acertada porque su talento recuerda a Yngwie Malmsteen, quien estuvo en la banda para su álbum debut hace cuarenta años. Los veteranos Gary Shea y Jimmy Waldo también se notan más rejuvenecidos, mientras que Benquechea otorga rapidez y calidad con el manejo perfecto del bombo doble. Mi única queja es que la producción suena apagada y contenida, un reto al equipo de producción. Por su parte, y esto a modo personal, Doggie White siempre lo he encontrado un cantante plano, sin atributos vocales suficientes para resaltar, y aquí suena así, porque las partes vocales suenan parejas y estables. Con este estilo más potente de Alcatrazz, siento que White no cuadra para nada. En cuanto al álbum, lo recomiendo definitivamente, la mezcla de heavy metal tradicional, power metal de la vieja escuela y metal sinfónico está bien hecha, se nota la experiencia de los músicos. Este postula al podio de los mejores álbumes de 2023 que he reseñado, pero eso si aún faltan meses.

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