🔄 Actualizado: 17 enero 2024, 15:24
Ya todos sabemos las consecuencias que tuvo la pandemia de COVID-19 en la industria musical. La cancelación de conciertos y las postergaciones de nuevas producciones de estudio repercutió a todos los artistas de los diferentes géneros musicales. La gran mayoría aprovechó ese lapso para trabajar en la composición de nuevas canciones, entre ellos Scorpions. Siete años habían pasado del fallido Return to Forever (2015) y la banda alemana tuvo que enfocarse mejor para poder lanzar un álbum que gustara a todos. Primero lo iba producir Greg Fidelman, conocido por sus últimos trabajos con Metallica, pero las prohibiciones derivadas de la pandemia en cuanto a los viajes en avión perjudicó esta colaboración. Así que los alemanes optaron por producirlo ellos mismos, junto con el ingeniero Hans-Martin Buff. Klaus Meine y Rudolf Schenker, los históricos compositores de la banda, quisieron hacerlo a la antigua, sin intermediarios de por medio, y el resultado fue un regreso a la forma original con Rock Believer.
«Gas in the Tank» es la real prueba de que aún queda gasolina en el estanque en los ya veteranos músicos; una canción inicial bastante buena. Los alemanes suenan potentes y joviales, sobre todo Klaus Meine ¿acaso hizo un pacto con el diablo? Su voz suena clara y como de costumbre, ningún ápice de envejecimiento se oye en ella. «Roots in My Boots» y «Knock Em’ Dead» son otras canciones que suenan agresivas, ese es el estilo de Scorpions que debe siempre mantenerse en sus álbumes. Estas encajarían perfectamente en Crazy World (1990), porque tienen un ambiente de finales de los ochenta. La homónima «Rock Believer» tiene esos versos cálidos infaltables en su catálogo, pero también tiene la suficiente potencia gracias a los power chords. La letra es otra escrita para y por sus fanáticos, concepto recurrente en sus últimos trabajos de estudio. Por su parte, «Shining of Your Soul» retoma en parte la esencia rock-reggae de «Is There Anybody There?» de 1979. En la parte media tiene una leve pausa atmosférica en donde el bajista Paweł Mąciwoda se luce con unas notas cortas pero exquisitas.

«The Seventh Sun» es oscura, como el hijo bastardo de la más lúgubre «Animal Magnetism» de 1980, una canción que no destaca por el virtuosismo de la sección rítmica sino por la idea total de su concepción. En ella, quedó plasmada la coescritura de Fidelman y Buff, como también la del técnico de guitarra de Matthias Jabs, Ingo Powitzer. Totalmente recomendable para escuchar con la luz apagada y dejarse llevar por su ritmo. El riff de guitarra en «Hot and Cold» es «schenkeriano» por donde se le mire y me recuerda ese estilo compositivo que se vio en Unbreakable (2004). «When I Lay My Bones to Rest» es incluso más intensa, un heavy metal tradicional de los clásicos. «Peacemaker» definitivamente es la más inspirada de todas, suena potente y moderna, sobre todo las guitarras. Esta concluyentemente va a entrar en los clásicos de la banda. «Call of the Wild», por su parte, está a años luz de la vigorosidad de la anterior, pero si hay algo en ella que atrae. La única balada del álbum, algo poco habitual en sus últimas producciones, es «When You Know (Where You Come From)», la cual tiene un ritmo sedante y eficaz; la guitarra solista de Matthias Jabs le añade esa ya arquetípica característica sonora en sus canciones lentas.
La versión deluxe viene con cinco canciones (hay otras como pistas adicionales en determinados mercados), pero en esta ocasión me enfocaré solo en ellas. «Shoot for Your Heart» es positiva y parece sacada del baúl de los recuerdos porque suena muy ochentera con un estribillo bastante contagioso. «When Tomorrow Comes» y «Unleash the Beast» son otras canciones pesadas; la primera me gustó más por esa reminiscencia al álbum Face the Heat de 1993, mientras que la segunda tiene sus momentos, en especial en los riffs. «Crossing Borders» es una composición en solitario de Matthias Jabs, y ojo, son pocas las oportunidades en que se ve eso. Con respecto a la canción es un hard rock aguerrido, muy noventero, pero no especial. Por último, la versión acústica de «When You Know (Where You Come From)» es igual de buena que la original, pero si te gusta más dejarte llevar por la icónica voz de Klaus Meine, esta te va a agradar mucho más.
Rock Believer es satisfactorio, porque Scorpions vuelve a retomar su verdadera esencia, un álbum que sorpresivamente posee una energía jovial viniendo de uno de los artistas más longevos en el mundo del hard rock y el heavy metal. Las canciones se notan inspiradísimas, aunque hay algunos baches de por medio que lo debilitan, pero de forma suave. En ciertas ocasiones hay determinados recuerdos a algunas composiciones previas lo que puede molestar a algunos, pero siento que la banda los retoma delicadamente y de manera hábil. En concreto, es una obra que pasó el examen y estimo que con los años obtendrá una valoración importante dentro de su discografía. Si bien está lejos de igualar la calidad de sus clásicos, es uno de sus mejores álbumes de este tercer milenio.
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