Cátedra de brutalidad: Criminal conmemoró su obra maestra liderando una cumbre del metal chileno.
En una velada marcada por la potencia sonora y la camaradería de la escena nacional, la banda liderada por Anton Reisenegger revisitó íntegramente su álbum fundamental, Sicario, a 20 años de su publicación. Huinca, Tridente, BOA, Dogma y Nuclear fueron los encargados de encender la mecha en un recinto que vibró con el legado del metal chileno.
El mítico Teatro Cariola de la calle San Diego fue testigo, una vez más, de una cita obligada con la historia del rock pesado nacional. Con una producción impecable de Chargola y una recepción de altos decibeles, la velada comenzó bajo el signo de la identidad. Huinca fue el encargado de abrir los fuegos, desplegando su característica mezcla de groove metal y rock étnico. Con potentes bombos y letras reaccionarias cargadas de simbolismo mapuche, la banda demostró la fuerza de sus cuerdas infernales en cortes como «Huinca» y «Fulgor», entregando un mensaje claro y potente desde el primer minuto.
Tras ellos, la velocidad se apoderó del escenario con Tridente. El power trío, conocido por la particularidad de que sus integrantes son profesionales de la salud, que no abandonan la senda de la música, inyectó furia al recinto que comenzaba a llenarse. Arrancaron con «Furia» y «Agonía», para luego dar paso a «Cacería», aprovechando la instancia para mostrar material de su último álbum y repasar éxitos de su debut. La banda cerró su presentación vitoreada por sus fanáticos, dejando el ambiente listo para lo que vendría.
La camaradería del metal
Luego de una breve espera, BOA golpeó con fuerza arrolladora. Con un ritmo frenético y las letras punzantes de un vocalista de registro desgarrador, lograron desatar los primeros mosh pits de la noche. Guitarras filosas y una batería demoledora hicieron vibrar los muros del Cariola. Un punto alto que destacar de esta fecha —y que se ha vuelto una constante en la escena actual— es la camaradería: tras sus presentaciones, los músicos bajaban a la cancha para compartir con seguidores y disfrutar, como un fanático más, del show de sus colegas.
La posta la tomó Dogma, veteranos que ruedan por la carretera del rock desde 1993. Tras el paso aplastante de BOA, la banda apostó por la conexión. Sebastián «Chupete» Rojas, su baterista y fundador, agradeció sentidamente al público por el aguante de tantos años. Fue la agrupación que más interactuó con los asistentes, logrando una comunión que transformó su presentación en una experiencia completa de redención y vigencia.
Nuclear: El asalto ariqueño
La impaciencia se palpaba en el aire hasta que sonaron los primeros acordes de Nuclear. Los ariqueños, que han tomado por asalto la escena nacional, demostraron por qué sus discos generan tal devoción en el público más duro. «God Forsaken Life» marcó el inicio de un set demoledor. La banda hizo mover a todo el teatro, con la voz característica de Matías Leonicio y un muro de guitarras que revalidó su estatus.
Momentos como «Violent DNA» sumaron más cabezas al descontrol, mientras que con «Murder of Crows» afloró su lado más social y comprometido. Tras unas palabras de agradecimiento, los clásicos de la banda encendieron la primera bengala de la noche, iluminando el mosh más brutal visto hasta ese momento. El cierre con «Confront» y «Apátrida» selló una presentación de oro, dejando el escenario caliente para el plato fuerte.
Criminal y el ritual de ‘Sicario’
Mientras el público amenizaba la espera coreando clásicos de Sepultura y Pantera, las luces se apagaron. Un video introductorio sobre los sicarios y la lucha contra el crimen proyectó la atmósfera perfecta. Era la señal: Criminal, liderados por Anton Reisenegger, estaba listo para desatar el caos.
La celebración fue fiel al disco homenajeado. Al igual que en la placa, «Rise and Fall» dio la entrada, seguida inmediatamente por «Time Bomb» y «Walking Dead». A pesar de los años, la banda no pierde la conexión con su gente, que celebró cada riff y la incombustible voz de Anton.
La nostalgia tuvo su momento cúlmine con la invitación al escenario de Francisco Cueto, miembro fundador, para interpretar «The Roots of All Evil», un regalo para los seguidores de la primera hora. «Shot in the Face» aceleró los corazones y recordó la influencia seminal de Criminal en todas las bandas que los precedieron esa noche. Con la interpretación del tema homónimo, «Sicario», la mitad de la cancha se transformó en un mar de cuerpos liberando energía.
El cierre del bloque principal no podía ser otro que «Fuerza de la Razón», broche de oro para el festejo del álbum. Pero el público exigía más. Antes del encore, hubo espacio para la memoria: Anton dedicó unas palabras a Rodrigo Contreras, fallecido recientemente, recordándolo como la fuerza motora que impulsó la idea original de Criminal.
El remate fue una ametralladora de clásicos esenciales: «Victimized», «Cáncer» y «Slave Master», presentando a la actual alineación, para finalizar con la dupla letal de «Zona de Sacrificio» e «Hijos de la Miseria». Una jornada épica que reafirma que el podio del rock chileno sigue en manos de Criminal, una banda que alimenta a las nuevas generaciones con la gloria de su pasado y la brutalidad de su presente.
Agustín Morales Pérez
Fotos; Rubén Gárate


