La Ciudad de México volvió a rugir al ritmo de Guns N’ Roses, una de las bandas más legendarias del rock, que regresó al Estadio GNP ante más de 65 mil personas ansiosos por revivir una era que marcó a generaciones enteras. Sin embargo, el reencuentro estuvo acompañado de matices: momentos de pura energía contrastaron con pasajes que evidenciaron el peso del tiempo y el desgaste natural de una historia tan intensa como la del grupo liderado por Axl Rose.
El concierto comenzó con los invitados de rap protesta de Long Island, Nueva York. Public Enemy quienes tenían bastante tiempo sin visitar el país. Public Enemy logró convocar la mayor cantidad de aforo disponible, pues se trataba de concierto histórico. Se llegó el momento de los gunners que bajo el frio del sábado ocho de noviembre, el icónico logo de la banda iluminó las pantallas. Desde los primeros acordes de «Welcome to the Jungle», la mezcla de nostalgia y emoción se hizo sentir. Axl Rose apareció en el escenario con su habitual presencia magnética, mientras Slash, con su inseparable sombrero de copa, daba las primeras notas de una noche que recorrería gran parte del repertorio clásico de los californianos
La gira actual mantiene la formación estelar que se reunió en 2016: Axl Rose, Slash, Duff McKagan y el veterano tecladista Dizzy Reed, junto con Richard Fortus, Melissa Reese y el nuevo baterista Isaac Carpenter, cuya precisión y potencia se convirtieron en uno de los mayores aciertos del espectáculo. La base rítmica entre McKagan y Carpenter sostuvo con fuerza cada tema, dando vida a un sonido sólido y enérgico que recordó los mejores años del grupo. McKagan.
Sin embargo, el protagonismo vocal de Axl fue irregular. Su voz, todavía capaz de alcanzar agudos imponentes, mostró altibajos notables a lo largo del concierto. En temas como «Live and Let Die» y «Welcome to the Jungle», los desajustes fueron evidentes, pero el carisma del cantante y la complicidad con el público compensaron esas grietas. Hacia el cierre, en «Nightrain» y «Paradise City», recuperó el control y ofreció interpretaciones mucho más sólidas que encendieron nuevamente la euforia en el estadio
El repertorio fue un recorrido emocional por los grandes clásicos del grupo. «Mr. Brownstone», «Mr Brown», «It’s So Easy» y » Sweet Child O’ Mine», se convirtieron en los momentos más coreados de la noche, acompañados por miles de teléfonos grabando y una atmósfera cargada de recuerdos. La ejecución de «November Rain» con Axl al piano, aunque visualmente impactante, La escena fue de las más emotivas del concierto. Aunque quedaron fuera de la lista de temas, «Civil War» y «Estranged», se interpretó «Sabbath Bloody Sabbath» homenajeando a Ozzy Osborne».
Slash brilló con su maestría habitual, desplegando solos largos y llenos de técnica, pero sobre todo de sentimiento, demostró una química impecable que mantiene viva la esencia del hard rock clásico. En tanto, la puesta en escena, con luces blancas, pantallas y figuras monumentales. Con toda la capacidad al cien por ciento, el publico disfruto de cerca de tres horas de concierto. Guns N’ Roses sigue siendo una banda capaz de llenar recintos y despertar pasiones a pesar de los años En Ciudad de México, se dejó claro que la leyenda del grupo sigue viva, aunque con cicatrices. Guns N’ Roses ya no suena como en los días de Appetite for Destruction, pero su presencia, su historia y la devoción de su público mantienen intacto su lugar en la memoria del rock.

