Hay bandas que forman parte de la historia del metal. Otras, en cambio, parecen haber sido creadas para habitar sus rincones más oscuros. Old Man’s Child pertenece a esta segunda categoría. Desde las profundidades del black metal noruego, la criatura comandada por Galder ha construido durante décadas una identidad donde la violencia, la oscuridad y la melodía conviven en un mismo ritual sonoro.
Y ahora, finalmente, esa historia llegará a Chile.
El próximo 22 de septiembre de 2026, el Teatro Cariola será escenario de un acontecimiento que los seguidores del metal extremo han esperado durante años: Old Man’s Child se presentará por primera vez en nuestro país. Pero la importancia de esta fecha va mucho más allá de un debut. La banda retorna a los escenarios después de cerca de 25 años sin presentaciones en vivo, convirtiendo esta gira en una verdadera resurrección de uno de los nombres más particulares del black metal melódico y sinfónico.
Desde sus primeros pasos, Old Man’s Child desarrolló una propuesta diferente dentro de la escena noruega. Su música no se limita a la velocidad, la agresividad o la crudeza: existe una búsqueda constante por construir atmósferas, desarrollar melodías sombrías y envolver al oyente en una sensación permanente de amenaza. Las guitarras pueden avanzar como una tormenta, mientras los teclados levantan paisajes espectrales y la batería descarga una furia que parece provenir de algún lugar mucho más antiguo que el propio escenario.
Pero detrás de esa arquitectura musical existe también un universo lírico profundamente oscuro. Muerte, misantropía, ocultismo, satanismo y confrontación con las estructuras espirituales tradicionales forman parte del imaginario que ha acompañado a la banda a lo largo de su trayectoria. No se trata simplemente de oscuridad como recurso estético: en Old Man’s Child, la oscuridad funciona como lenguaje, como atmósfera y como una forma de explorar aquello que permanece oculto detrás de la moral, la religión y las certezas humanas.
Su legado discográfico atraviesa obras fundamentales como Born of the Flickering (1996), The Pagan Prosperity (1997), Ill-Natured Spiritual Invasion (1998) y Revelation 666: The Curse of Damnation (2000), trabajos que ayudaron a establecer una identidad propia dentro del black metal melódico. La banda consiguió combinar la ferocidad característica del género con composiciones elaboradas, estructuras dinámicas y una sensibilidad melódica que terminaría convirtiéndose en una de sus principales señas de identidad.
Y hay otro elemento que transforma esta presentación en algo todavía más especial: Tjodalv, baterista original de la formación, vuelve a participar en esta etapa en vivo junto a Galder. Su presencia conecta directamente el espectáculo actual con las primeras encarnaciones de Old Man’s Child y con aquella época en que estas composiciones comenzaron a forjarse en las sombras del metal noruego.
Por eso, el 22 de septiembre no debería ser entendido simplemente como otra fecha dentro de la cartelera de conciertos. Para quienes han seguido la evolución del black metal, será la oportunidad de contemplar en carne y hueso un legado que durante años parecía condenado a permanecer únicamente en los discos.
Será una noche para escuchar nuevamente esas melodías que alguna vez parecieron surgir desde un bosque congelado, esas baterías que anuncian la tormenta y esas guitarras que convierten la oscuridad en una experiencia casi física.
Old Man’s Child nunca necesitó pertenecer a las masas. Su música siempre pareció destinada a quienes buscan algo más profundo en el metal extremo: atmósfera, oscuridad, agresividad y una identidad propia.
Y ahora esa oscuridad cruzará finalmente el océano.
El 22 de septiembre, el Teatro Cariola abrirá sus puertas para recibir a una banda que llevaba demasiado tiempo lejos de los escenarios.
No será solamente un concierto. Será el primer encuentro entre Old Man’s Child y Chile.
Y una primera vez así, después de casi un cuarto de siglo de silencio, no se puede dejar pasar.

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