El domingo 3 de mayo, el productor estadounidense Steve Evetts vio cómo su estudio en Nueva Jersey quedaba devorado por un incendio masivo originado en una zona industrial. La noticia ha sacudido a la comunidad del hardcore, el metalcore y el punk de Estados Unidos, donde Evetts es una figura central desde hace más de dos décadas.
La magnitud del fuego, según los primeros reportes, comprometió no solo el espacio de grabación principal sino también equipos, archivos y materiales de producción acumulados a lo largo de cientos de sesiones. La comunidad ha reaccionado con mensajes de apoyo y con iniciativas espontáneas para ayudar al productor a recomponer la pérdida.

Un currículo que abarca tres décadas y géneros enteros
El nombre de Steve Evetts está pegado a buena parte del sonido del hardcore moderno y del metalcore tal como hoy se entiende. Sus créditos como productor, ingeniero o mezclador incluyen discos clave de The Dillinger Escape Plan, Saves The Day, Lifetime, Senses Fail, Sepultura, Hatebreed, Suicidal Tendencies y Symphony X, entre muchos otros.
Su forma de entender la producción ha sido siempre fiel a una idea: capturar la energía del directo sin perder la claridad del estudio. Esa filosofía ha convertido sus sesiones en un punto de encuentro para bandas que buscan un sonido contundente sin caer en la sobreproducción digital.
La reacción inmediata de la escena
Los músicos que han pasado por su estudio se han sumado en redes a expresiones de solidaridad. La comunidad del hardcore y del metalcore es históricamente cohesionada, y la pérdida de un espacio creativo de referencia genera una respuesta inmediata.
Aunque las pérdidas materiales son cuantiosas, lo más relevante en estos primeros momentos es que no se ha reportado ninguna persona herida. El propio Evetts ha manifestado que su prioridad es ahora reorganizarse, evaluar el alcance del daño y diseñar el camino para volver a operar en un nuevo espacio cuanto antes.
Un capítulo abierto en la historia del rock independiente
El estudio de Evetts no era solo un local. Era una institución para varias generaciones de bandas que crecieron grabando allí, especialmente las que conformaron la escena emo y post-hardcore de Nueva Jersey en los noventa y primeros 2000. Su pérdida obliga a pensar en cómo la industria conserva o no esos lugares físicos donde se acumulan memorias colectivas.
La voluntad del productor, según ha trascendido, es seguir trabajando. Probablemente lo hará desde otro espacio mientras la situación del estudio original se resuelve. La comunidad ya está en marcha, y las próximas semanas darán una idea más clara del nivel de soporte que la escena puede ofrecer en momentos como este.
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