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Hetfield y Hammett rompieron en llanto al escuchar esta canción de Metallica

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Una historia poco conocida del archivo personal de Metallica ha vuelto a circular en redes y publicaciones especializadas: James Hetfield y Kirk Hammett salieron juntos de la sala de control, durante una sesión de mezcla, y terminaron sollozando uno al lado del otro en la cocina del estudio. La canción que provocó la reacción es una de las piezas más emotivas del catálogo del grupo y revela un costado de la banda que rara vez aparece en sus entrevistas públicas.

Una sesión que se desbordó emocionalmente

El relato fue contado por el ingeniero responsable de la sesión, quien describió cómo la pieza —ya conocida por los seguidores como un ejercicio narrativo intenso— fue escuchada por primera vez en su mezcla casi final por Hetfield y Hammett. La emoción acumulada por meses de trabajo y por el contenido lírico hizo que ambos abandonaran el ambiente cerrado de la sala de control y buscaran la cocina para procesar lo escuchado.

«Tuve que salir corriendo de la sala y me encontré parado en la cocina, sollozando. James entró a la cocina en el mismo estado: él también estaba sollozando», recordó el ingeniero. La escena, narrada sin sensacionalismo, retrata a dos músicos en un momento de vulnerabilidad poco común dentro de la imagen pública del grupo.

Una pieza que sigue generando reacciones

Metallica ha construido buena parte de su catálogo alrededor de letras que abordan duelo, ansiedad, soledad y experiencias personales reales. Canciones como Fade to Black, The Unforgiven, One o Mama Said han sido interpretadas por el público como puntos altos de honestidad emocional. La pieza descrita en el relato encaja con esa línea y forma parte del puñado de canciones que la banda toca con menos frecuencia en directo precisamente por la carga emocional que les implica.

La conversación sobre cómo los músicos viven sus propias canciones es relevante. Hetfield ha hablado en varias ocasiones sobre la dificultad de sostener emocionalmente piezas autobiográficas en directo, y la familia inmediata del cantante (su esposa Francesca y sus tres hijos) ha sido testigo de cómo algunos temas le cuestan más que otros incluso cuando los toca cientos de veces.

El valor humano detrás del legado

La anécdota llega en un año en el que Metallica ha vuelto a estar en el centro de la conversación cultural por la remasterización de varios discos, el unboxing protagonizado por Jason Newsted y los planes de la banda para los próximos años. Recordar que detrás de la maquinaria de giras y producciones existen dos músicos capaces de detenerse a llorar en la cocina del estudio mantiene el legado del grupo en una dimensión humana que resulta cada vez más necesaria.

El relato también recuerda que las canciones, cuando se escriben desde un lugar verdadero, mantienen su poder décadas después de haber sido grabadas. El público lo nota y los propios autores lo siguen sintiendo cada vez que vuelven a escucharlas.

Más cobertura en Metallica y James Hetfield dentro de El Cuartel del Metal.

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