El baterista Dirk Verbeuren, miembro estable de Megadeth desde 2016, ha vuelto a colocar a su jefe en el centro de la conversación al afirmar sin rodeos que Dave Mustaine «inventó el thrash metal». La declaración, formulada en una reciente charla del músico belga, recupera el viejo debate sobre la paternidad de uno de los subgéneros más influyentes de la historia del metal extremo.
Verbeuren, conocido también por su paso por Soilwork, recuerda que Mustaine compuso buena parte del material germinal de Metallica antes de su célebre expulsión en 1983. Riffs que terminarían apareciendo en «Kill ‘Em All» y «Ride The Lightning» habrían nacido, según el baterista, de la mente del guitarrista pelirrojo, lo que explica la huella tan reconocible de su estilo en aquellos primeros años de la escena de la Bay Area.

De la expulsión de Metallica al nacimiento de Megadeth
El relato de Dirk Verbeuren reconstruye el viaje de Mustaine desde Los Ángeles hasta San Francisco, los ensayos con James Hetfield y Lars Ulrich y, finalmente, la fundación de Megadeth en 1983. Para el baterista, el debut «Killing Is My Business… And Business Is Good!» ya contenía toda la fórmula que después definiría el thrash: velocidad endemoniada, riffs serpenteantes, voz nasal mordaz y una técnica instrumental fuera de lo común.
Verbeuren subraya que Mustaine no se limitó a acelerar el heavy metal británico de la NWOBHM, sino que añadió una agresividad punk filtrada por una formación musical seria. Esa mezcla, defiende, es el verdadero ADN del subgénero, presente en obras maestras como «Peace Sells… But Who’s Buying?», «Rust In Peace» o «Countdown To Extinction», todas ellas firmadas por la mente inquieta del californiano.
El baterista belga insiste también en que Mustaine fue el primero en convertir la guitarra rítmica en un instrumento prácticamente solista, con frases que viajan por todo el mástil sin perder pulso. Esa concepción técnica, sumada a un trabajo lírico cargado de paranoia y crítica política, terminó de configurar un molde que después adoptarían decenas de bandas en Europa, Sudamérica y Asia, especialmente durante la segunda mitad de los ochenta y los primeros noventa.
Una reivindicación interna que mira al futuro
Más allá del homenaje, las palabras del belga llegan en un momento clave para Megadeth, que prepara nuevo material discográfico y un cierre simbólico de etapa para Mustaine. Verbeuren considera que reconocer su papel histórico no resta mérito a Hetfield, Ulrich o a otros padres del thrash, sino que coloca a su líder en el lugar que la historia oficial le ha regateado durante décadas.
El baterista insiste en que tocar a su lado cada noche le confirma esa intuición: la forma de plantear los compases, los cambios de tempo y las armonías de guitarra siguen siendo, para él, la plantilla original sobre la que después escribieron todos. Un recordatorio incómodo para quienes han preferido otra narrativa, pero también una declaración de amor al maestro al que Dirk Verbeuren acompaña sobre el escenario.
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