Por Carolina Sulbarán.
La agenda metalera en Santiago suma una de esas fechas que no necesitan demasiada introducción. El próximo 21 de abril, el Teatro Cariola será el punto de encuentro para una banda que, desde hace más de tres décadas, viene moldeando el sonido del metal moderno: In Flames regresa a Chile en el marco de su gira latinoamericana 2026, en lo que promete ser una noche cargada de historia, intensidad y conexión con el público local.
Hablar de In Flames es hablar de una de las piedras angulares del llamado “sonido de Gotemburgo”, ese cruce entre agresividad y melodía que redefinió el death Metal en los años 90 y abrió la puerta a toda una generación de bandas. Formados en 1990, los suecos no solo ayudaron a dar forma a ese lenguaje, sino que también lo expandieron con el tiempo, incorporando elementos más modernos sin perder su identidad. Con más de 30 años de trayectoria y una discografía extensa, su influencia se deja sentir en múltiples rincones del metal contemporáneo, desde el metalcore hasta el melodic death más actual. Ese impacto no es menor: nombres como Trivium o Darkest Hour han reconocido abiertamente la inspiración que encontraron en In Flames para desarrollar sus propios proyectos, lo que posiciona a la banda no solo como referente, sino como punto de partida para gran parte del sonido que hoy domina la escena pesada global.
El show en Santiago llega además en un momento donde la banda sigueplenamente vigente. Su repertorio en vivo suele recorrer distintas etapas de su carrera, combinando clásicos de discos fundamentales como Colony (1999) y Clayman (2000) con material más reciente como I, The Mask (2019) o Foregone(2023), logrando ese equilibrio entre nostalgia y actualidad que pocas bandas consiguen manejar con tanta naturalidad.
Hay también un dato curioso que refleja bien su evolución: en sus primeros años, In Flames ni siquiera contaba con un vocalista estable, recurriendo a distintos cantantes para sus grabaciones iniciales. No fue hasta mediados de los 90 qué consolidaron su formación con la llegada de Anders Fridén, quien terminaría convirtiéndose en una de las voces más reconocibles del género. Un detalle que habla de una banda que se fue construyendo sobre la marcha, pero que terminó definiendo una era. Si se observa su discografía con algo de distancia, se puede notar una evolución marcada pero coherente. Desde trabajos como The Jester Race (1996), donde sentaron las bases del melodic death metal con guitarras armónicas y estructuras dinámicas, hasta discos como Reroute to Remain (2002), donde comenzaron a experimentar con elementos más alternativos y modernos, la banda nunca se ha quedado estática. Ese riesgo creativo, a veces divisivo entre sus propios fans, es también lo que les ha permitido mantenerse relevantes a lo largo del tiempo.En sus entregas más recientes, como I, The Mask y Foregone, In Flames logra una especie de síntesis entre sus distintas etapas. Hay espacio tanto para la agresividad de sus primeros años como para los pasajes más melódicos y accesibles qué desarrollaron en los 2000. Esta dualidad no solo refresca su propuesta, sino que también conecta con distintas generaciones de oyentes, algo que pocas bandas de su era han conseguido sostener con tanta solidez. De cara al show del 21 de abril, es esperable un setlist que funcione casi como un recorrido por su historia. No sería raro escuchar himnos que marcaron época junto a material más reciente, todo ejecutado con la precisión que los caracteriza en vivo. A eso se suma una puesta en escena sólida y una conexión directa con el público, elementos que han sido clave en su reputación como acto en directo. En un recinto como el Teatro Cariola, esa intensidad probablemente se sienta aún más cercana y envolvente.Su regreso a Chile (el cuarto en su historia) no solo marca una nueva visita, sino también un reencuentro esperado con un público que ha seguido su evolución durante años. La promesa es clara: un show intenso, técnico y emocional, de esosque conectan tanto con quienes crecieron escuchando sus discos como con nuevas generaciones que encontraron en ellos una puerta de entrada al metal. En ese contexto, no suena exagerado decir que esta fecha es prácticamente obligatoria. Porque más allá del gusto personal, ver a In Flames en vivo es enfrentarse a una banda que ayudó a definir el rumbo del metal en las últimas décadas y que, incluso hoy, sigue empujando sus límites.Las entradas ya se encuentran disponibles a través de Ticketplus:
Una cita imperdible para los fanáticos del metal, de esas que no solo se disfrutan,sino que también se entienden como parte de una historia más grande.

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