Entrevistas

Siempre es especial ir a lugares que se sienten exóticos para nosotros: Katatonia

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🔄 Actualizado: 08 abril 2026, 22:09

Pocas bandas capaces de construir una identidad tan profunda, emocional y reconocible como la de Katatonia. Desde sus inicios en la escena underground de Suecia a comienzos de los años noventa, el grupo ha recorrido un camino musical marcado por la introspección, la evolución constante y una sensibilidad sonora que ha logrado conectar con audiencias de todo el mundo. Lejos de permanecer estáticos dentro de un solo estilo, Katatonia ha sabido reinventarse con el paso de los años, pasando del doom/death más crudo a un metal atmosférico y progresivo que hoy define su sonido.

Fundada en 1991 en Estocolmo por el vocalista Jonas Renkse y el guitarrista Anders Nyström, la banda nació en una etapa en la que Suecia se convertía en uno de los epicentros del metal extremo mundial. Sin embargo, desde sus primeras grabaciones Katatonia mostró una sensibilidad distinta. Mientras muchas agrupaciones de su generación se enfocaban en la agresividad y la velocidad, ellos exploraban territorios más emocionales, oscuros y melancólicos. Durante la primera mitad de los años noventa, Katatonia desarrolló un sonido profundamente influenciado por el doom metal y el death metal atmosférico. Su álbum debut, Dance of December Souls (1993), es considerado hoy un clásico del metal oscuro europeo. Con composiciones largas, guitarras densas y una atmósfera profundamente sombría, el disco sentó las bases de la estética emocional que caracterizaría a la banda. A finales de la década, la banda dio un giro importante. El álbum Brave Murder Day (1996) mostró una evolución en la composición y en la forma de abordar la atmósfera sonora. El disco es recordado no solo por su influencia dentro del doom/death metal, sino también por marcar un punto de transición hacia un sonido más melódico y reflexivo.

El cambio más radical llegó con el lanzamiento de Discouraged Ones (1998). En este trabajo, Jonas Renkse abandonó definitivamente las voces guturales y adoptó un estilo vocal limpio que transformó por completo la identidad de Katatonia. Este movimiento fue arriesgado, pero terminó convirtiéndose en uno de los momentos más importantes en la historia del grupo.  El sonido de la banda comenzó a incorporar elementos del rock alternativo, del metal progresivo y de la música atmosférica. Las guitarras se volvieron más melódicas, las estructuras más dinámicas y las composiciones más emocionales. Con discos posteriores como Tonight’s Decision (1999) y Last Fair Deal Gone Down (2001), Katatonia consolidó un estilo único que combinaba melancolía, introspección y sofisticación musical.  Durante esta etapa, la banda comenzó a construir una base de seguidores cada vez más sólida en Europa, Estados Unidos y América Latina. Su música se convirtió en refugio para oyentes que buscaban algo más que la agresividad tradicional del metal.

A lo largo de los años dos mil, Katatonia continuó refinando su sonido con discos que ampliaron su alcance dentro del metal moderno. Álbumes como The Great Cold Distance (2006) y Night Is the New Day (2009) mostraron una banda más madura, con composiciones complejas y una producción sonora más amplia.La música del grupo comenzó a integrar texturas progresivas, arreglos atmosféricos y una sensibilidad casi cinematográfica. Sin perder la oscuridad que los caracterizaba, Katatonia logró construir un lenguaje musical propio que los posicionó como una de las bandas más influyentes dentro del metal melódico contemporáneo.

La evolución de Katatonia continuó durante la década de 2010 y 2020 con discos que ampliaron su exploración sonora. Trabajos como Dead End Kings (2012) y The Fall of Hearts (2016) demostraron que el grupo no teme experimentar con estructuras progresivas, texturas electrónicas y arreglos más elaborados. Ahora Katatonia se encuentra dentro de una gira mundial en el cual están promocionando su más reciente material, Nightmares as Extensions of the Waking State, con el que regresa a México con una fecha en Ciudad de México el próximo 15 de marzo en el Circo Volador. La venta de boletos la pueden obtener por el sistema Superboletos.com

Dentro de las distintas etapas que han marcado la trayectoria de Katatonia, la incorporación de nuevos músicos ha sido fundamental para mantener viva la evolución artística de la banda. Uno de los nombres que ha contribuido a fortalecer el sonido contemporáneo del grupo es el guitarrista sueco Nico Elgstrand, músico reconocido dentro de la escena del metal escandinavo por su potencia, técnica y versatilidad. Con una carrera que abarca múltiples proyectos dentro del metal extremo y alternativo, Elgstrand se ha consolidado como un instrumentista capaz de adaptarse a distintos lenguajes sonoros sin perder identidad. Su llegada al universo de Katatonia representó un nuevo capítulo en la historia del grupo, aportando energía fresca a una banda que desde hace décadas se distingue por su constante transformación musical. El Cuartel del Metal charló con Nico Elgstrand.

—¿Estás emocionado por el próximo concierto en la Ciudad de México?

Sí, muchísimo. Latinoamérica es, sin duda, el mejor continente del mundo para tocar en vivo. Han pasado ya dos años desde la última vez que estuvimos por allá y realmente amamos todo de Sudamérica: la comida, la gente y, sobre todo, la energía del público. Cuando tocamos en vivo es algo increíble. Todos estamos muy entusiasmados.

—¿Tienen alguna historia o recuerdo especial de sus conciertos pasados en México?

Sí, claro. Recuerdo que hace un par de años tocamos en un festival, aunque ahora mismo no recuerdo el nombre. Lo que sí recuerdo perfectamente es el calor. Era un calor brutal. Tocamos alrededor de las cuatro o cinco de la tarde, con el sol directamente en la cara. Antes de nosotros había tocado Candlemass, y cuando bajaron del escenario estaban diciendo: “Esto es demasiado, es demasiado calor”. Pero aun así el público parecía no notarlo, estaban completamente entregados. Ese es uno de los recuerdos más fuertes que tengo. Estuvimos de gira unas dos o tres semanas por Sudamérica, y todo se vuelve un poco borroso porque son muchas fechas seguidas, pero siempre es una experiencia fantástica. Ahora usamos monitores in-ear en el escenario, y cuando el público canta tan fuerte que incluso con esos audífonos tienes problemas para escuchar a la banda, sabes que estás haciendo algo bien. Eso pasaba prácticamente todas las noches. Y sinceramente, no creo que haya otro lugar en el mundo donde el público sea comparable con el de Latinoamérica.

—¿Consideras que el mercado mexicano es importante para la banda?

Sí, para mí lo es. De hecho, si pudiera elegir, tocaría únicamente en Sudamérica una y otra vez. Cuando tocamos en Europa todo se siente un poco similar, como si fuera “lo mismo, pero diferente”. Por eso siempre es especial ir a lugares que se sienten exóticos para nosotros. Además, en Escandinavia tenemos ocho meses de frío y oscuridad, así que Sudamérica es perfecta: hay sol, la cerveza está fría y la gente siempre está feliz. Necesitamos un poco de eso en nuestra vida en el norte.

—Tengo una pregunta más personal. La vida de un músico en gira suele ser muy intensa: viajar constantemente, ir de un lugar a otro, hoteles, aeropuertos… todo eso puede ser agotador física y mentalmente. ¿Qué haces en esos momentos de espera o descanso durante las giras? ¿Te gusta leer, ver películas, jugar videojuegos?

Cuando estoy de gira veo muchas películas. En realidad también lo hago cuando estoy en casa, soy un gran fanático del cine. También me gustan los videojuegos, pero es difícil jugarlos durante las giras. Probé el Steam Deck, pero la pantalla es demasiado pequeña para mi gusto; a mí me gustan las pantallas grandes. Así que suelo jugar más cuando estoy en casa. Cuando tengo oportunidad, también intento hacer ejercicio porque realmente ayuda a despejar la mente. Aunque en la carretera no siempre hay tiempo para eso… además hay muchas tentaciones, así que a veces es más fácil decir: “Mejor vamos a comer”. Durante casi treinta años he intentado aprovechar los momentos libres en las giras para ser creativo: escribir canciones, mezclar música o trabajar en ideas nuevas. Pero hay algo en la vida de carretera que lo hace muy difícil. Lo que sí hacemos mucho es contar chistes malos. La cantidad de bromas terribles que se dicen en una gira es increíble. Existe un tipo de humor muy particular de las giras: los chistes son realmente malos, pero todos se ríen precisamente porque son tan malos. Luego vuelves a casa, cuentas el mismo chiste a tus amigos y te miran como diciendo: “Eso no tiene ninguna gracia”. Y tienes que explicarles: “Lo siento, es humor de gira”.

—Gracias por compartirlo. ¿Hay alguna película o serie que recomiendes actualmente?

Me gusta todo lo que sea bueno, sin importar el género. Pero últimamente estoy muy metido en la nueva serie del universo de Game of Thrones, “A Knight of the Seven Kingdoms”. Si no la han visto, la recomiendo mucho. Es bastante diferente, con episodios cortos y una historia muy interesante. Fui un gran fan de la serie original de Game of Thrones. Luego salió House of the Dragon, que no me atrapó tanto, pero esta nueva me parece fantástica.

—¿Qué opinas de la industria musical hoy en día?

Es muy diferente. Ha cambiado muchísimo en los últimos años. En el caso del metal tenemos cierta ventaja, porque los fans del metal suelen ser bastante conservadores en el buen sentido: todavía compran discos y siguen yendo a conciertos, así que no nos ha afectado tanto. Pero tengo colegas que trabajan en música para videojuegos o bandas sonoras que han perdido trabajos porque todo está cambiando muy rápido.Al mismo tiempo, también es increíble ver todas las nuevas herramientas y tecnologías que existen. Así que diría que estoy 50% fascinado y 50% preocupado. Pero al final no hay mucho que podamos hacer. Si no puedes vencerlos, tienes que adaptarte. Intento mantenerme al día con todas estas nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial. A veces escucho cosas hechas con IA y pienso: “¿Cómo es posible que una computadora pueda hacer esto?”. Es impresionante, pero también te hace preguntarte qué lugar queda para los músicos. Aun así, creo que la música, en esencia, sigue siendo una conexión entre seres humanos. No creo que una computadora pueda reemplazar completamente eso.

—¿Crees que la inteligencia artificial puede ser peligrosa para las nuevas generaciones de músicos?

No sé si peligrosa sea la palabra correcta, pero seguramente hará que sea más difícil vivir de la música, especialmente si haces música orgánica o basada en instrumentos como la guitarra. Pero también hay que recordar que cada vez que aparece una nueva tecnología ocurre algo parecido. Cuando apareció la caja de ritmos, muchos bateristas pensaron que se quedarían sin trabajo… y eso no sucedió. Con el tiempo, las cosas suelen acomodarse. La música es comunicación emocional entre personas, y una computadora no tiene deseos ni emociones que expresar. Solo hace lo que se le indica. Así que probablemente no deberíamos preocuparnos demasiado.

—Hablando del negocio de la música, ¿te gusta el resurgimiento del vinilo?

Sí, me encanta. Creo que sucede cuando la tecnología se vuelve demasiado dominante y la gente quiere volver a algo más tangible. El vinilo es una forma hermosa de disfrutar la música: tienes la portada grande, puedes ver las fotos, leer las letras… Recuerdo que antes escuchábamos discos así, sentados, concentrados solo en la música. Hoy en día estamos rodeados de pantallas y hacemos muchas cosas al mismo tiempo, así que no disfrutamos la música de la misma manera. El vinilo te obliga a detenerte y dedicarle tiempo a escuchar. Es un poco como ir a un concierto: tienes que guardar el teléfono y vivir el momento. Espero que el vinilo siga creciendo, al igual que los conciertos en vivo.

¿Te consideras más un músico de metal o de música progresiva?

—No soy muy fan de las etiquetas. Para mí solo existen dos tipos de música: la buena y la mala. Creo que fue Hans Zimmer quien dijo algo parecido. He tocado metal durante unos 35 años, así que sí, supongo que soy un metalero. Pero el término “progresivo” también me gusta porque sugiere que puedes mezclar el metal con otros elementos y explorar nuevas ideas. Y eso me parece fantástico. Así que diría que soy un poco de ambos.

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