La espera terminó y My Chemical Romance regresó a Ciudad de México, tras una espera de tres años, luego de que fueran el acto estelar del Festival Corona Capital. Su público que los esperó durante años, suplicaban por una fecha en solitario y este 2026 se logró. El quinteto hizo realidad los sueños de miles que viajaron de todas partes de México y el mundo para presenciar un hecho que marcó a toda una generación, ver en vivo de inicio a fin el espectáculo de The Black Parade, producción que justamente esta cumpliendo 20 años de su lanzamiento. El 13 y 14 de febrero ante una taquilla agotada, más 140 mil personas vivieron el final de la gira por todo el continente.

Por encima de cualquier antecedente reciente en el Estadio GNP de la Ciudad de México, My Chemical Romance ofreció una producción que redefinió lo que puede ser un concierto de estadio. La agrupación originaria de Nueva Jersey transformó el recinto en el territorio ficticio de Draag, un universo distópico diseñado exclusivamente para su gira Long Live The Black Parade, una propuesta que combinó narrativa teatral, recursos cinematográficos y una ejecución musical de alto calibre.
Desde semanas antes de que la gira comenzará por América Latina, las redes sociales ya estaban inundadas de fragmentos que insinuaban la complejidad conceptual del montaje, ya que no sería lo mismo que presentaron en Estados Unidos el año pasado. Personajes como Marianne, Pierrot y el Gran Dictador Inmortal aparecían en clips que exigían atención minuciosa. Lejos de explicar abiertamente la historia, la banda sembró pistas que los seguidores debían descifrar, extendiendo la experiencia más allá del escenario.

El punto de partida creativo retoma el universo de The Black Parade, el álbum conceptual que consolidó a la banda en 2006. Aquella obra narraba el tránsito final de “The Patient”, un hombre con cáncer que enfrenta la muerte a través de la memoria de un desfile. En esta gira conmemorativa, el relato original se entrelaza con una nueva ficción ambientada en Draag, un país imaginario con estética soviética gobernado por un líder obsesionado con el control y, curiosamente, con los platos de espagueti.La construcción visual del régimen incluyó un idioma propio, Keposhka, diseñado por el tipógrafo Nate Piekos, colaborador habitual de Gerard Way en sus proyectos editoriales como The Umbrella Academy. Pantallas gigantes proyectaban normas absurdas del Estado mientras un actor, en el papel del dictador, observaba cada movimiento desde un ojo gigante digital que todo lo veía. El detalle escénico fue meticuloso: soldados y un himno nacional interpretado por la mezzosoprano Lucy Joy Altus, quien encarnó a Marianne con una presencia que remitía tanto a la ópera clásica como al teatro político.

Cuando la banda apareció en escena caracterizada como The Black Parade, la ficción ya había absorbido al estadio completo. Gerard Way, con el rostro pálido y ceniciento, interpretó las primeras canciones con intensidad dramática mientras las pantallas seguían los gestos del dictador, cuya actitud pasaba gradualmente de la complacencia a la irritación. El conflicto narrativo se desarrolló en paralelo a temas como “The Sharpest Lives” y “This Is How I Disappear”, integrando el argumento a la ejecución musical.

El apartado visual alcanzó uno de sus puntos más impactantes durante “Mama”, con llamaradas que envolvían el escenario y una coreografía que incluyó a un personaje aparentemente envuelto en fuego. La teatralidad no opacó la interpretación: la voz de Way mantuvo firmeza y dramatismo en una de las piezas más exigentes del repertorio. Otro elemento clave fue la introducción de The Gentleman, un muñeco de ventrílocuo utilizado para expandir la narrativa con versos adicionales y pistas sobre una conspiración interna.

Tras la recreación de la muerte de The Black Parade, con Gerard cayendo sobre la silueta de tiza que delineaba su cuerpo, la segunda parte del espectáculo mostró a la banda como sí misma, sin uniformes militares ni personajes. El ambiente se tornó más cercano. Sonaron temas de I Brought You My Bullets, You Brought Me Your Love como “Skylines and Turnstiles” y “Our Lady of Sorrows”, piezas que recordaron los orígenes del grupo en Nueva Jersey. También hubo espacio para “Helena”, con Mikey Way acercándose al público, generando una conexión directa en un recinto de dimensiones colosales. La primer fecha tuvo problemas con la pirotecnia no se utilizaron por cuestiones de gobernación, ese día la Ciudad de México, tuvo una fuerte contaminación en el aire. La segunda fecha si colocaron la pirotecnia sin problemas y en ambas fechas los suecos de The Hives fueron la banda invitada.
La gira Long Live The Black Parade no se limita a repasar un álbum emblemático; funciona como una obra escénica autónoma, con guion propio y personajes definidos. En una era dominada por grandes producciones pop, My Chemical Romance demostró que el rock también puede apropiarse del formato de estadio con imaginación narrativa y ambición estética. Más que un concierto, lo presentado en el GNP fue una experiencia inmersiva que reafirma el peso cultural de la banda en su territorio natal y en la historia reciente de los espectáculos masivos. Sin necesidad de Chat GPT mi Bernardo O’Higgins.
Fotografías: ig @vrrms

