¡Agarraros bien, que vienen curvas! Y no hablo solo de las escalas que Marty Friedman borda con esa magia tan suya. *Tokyo Jukebox 3*, la tercera entrega de su particular ‘jukebox’ nipona, es justo eso: un viaje musical a toda pastilla, una banda sonora perfecta para imaginarte en el OutRun de Sega, pero con una dosis de caña y creatividad que te vuela la cabeza.
El estilo inconfundible de un embajador musical
Marty lleva años afincado en Japón, inmerso en su cultura, y eso se nota. No solo es un músico de talla mundial, sino casi un embajador del metal occidental en Oriente, con programas de televisión, columnas en revistas… Este disco es el reflejo de esa vida, una inmersión en el J-Pop y J-Rock más popular, pero pasado por su filtro único. Y ojo, que no se limita a versionar sin más; transforma estos temas, muchas veces desconocidos para el oído occidental, en piezas donde su guitarra habla, canta y hasta escupe fuego.
Lo que me encanta de Marty, y que aquí se manifiesta con creces, es que nunca ha sido un “shredder” que solo busca velocidad. Su técnica es brutal, sí, pero siempre al servicio de la melodía y el sentimiento. En *Tokyo Jukebox 3* no busca romper récords de virtuosismo puro, sino que usa esa habilidad para inyectar vida y emoción a canciones que, en sus versiones originales, quizás están en las antípodas del metal. Y lo consigue. Cada nota, cada fraseo, grita “Marty Friedman”.
De himnos Pop a furiosos temazos instrumentales
El disco arranca con “Makenaide” (versión de Zard), y ya te deja atónito con los cambios de ritmo y esas melodías inesperadas. Luego llega “Sebonzakura”, que abre con un sonido que te teletransporta a los primeros Helloween, para luego sumergirte en ese ambiente de jazz fusión japonés que algunos reconocerán (o al menos sentirán esa vibra, incluso si no conocen a TRIX o Takeshi Hirai). Es una mezcla que simplemente funciona.
“Gurenge”, famosísima por el anime Demon Slayer, es otro ejemplo de cómo la guitarra de Marty reemplaza con maestría la voz original, manteniendo esa melodía pegadiza mientras añade capas de su estilo. Pero si hay un tema que te lleva de viaje en ese coche imaginario del OutRun, es “Kaze Ga Fuiteiru”. Las dinámicas aquí son una locura: de repente te corta el rollo, te mete guitarras acústicas, un piano, partes orquestadas… ¡es un temazo en toda regla!
Sorpresas rítmicas y una base imparable
Y hablando de locuras, hay temas como “Shukumei” que te sorprenden con una línea de bajo increíblemente pegadiza y hasta un ritmo con dejes de Ska. Sí, Ska. En un disco de Marty Friedman. Es parte de su genio, su creatividad asombrosa al versionar.
Aunque la mayoría es instrumental, “The Perfect World” es la excepción y el único tema propio. Con la voz de Alfakyun, se convierte en uno de los momentos más emotivos y destacados del álbum, demostrando que su talento compositivo sigue intacto.
Pero no puedo hablar de este disco sin rendirme ante la sección rítmica, en especial el bajo. Kiyoshi es una máquina. En temas como “U.S.A.” o la mencionada “Shukumei”, sus líneas de bajo son asombrosas, con slaps a toda pastilla que, como dice una reseña, te hacen pensar en monstruos como Tetsuo Sakurai (Casiopea). Tener una bajista a la altura de Marty es fundamental para que esta música funcione, y Kiyoshi lo borda.

El toque “Crudo” y la maestría final
Hay un detalle curioso que alguien notó y que me parece genial: en algunos solos y partes de guitarra, Marty parece haber usado menos reverb. Suena más crudo, más directo. Al principio puede parecer raro si estás acostumbrado a producciones pulidas, pero te das cuenta de que la “perfección” no está en los efectos, sino en sus manos, en cómo hace sonar la guitarra sin esconder nada.
El final del disco es una locura deliciosa. Temas como “Sazanka” o “Times Go By” son un batiburrillo dinámico de cambios de ritmo, con guitarras que a ratos te recuerdan al gran Brian May. Y el cierre con “Japan Heritage Official Theme Song”, mezclando orquesta, instrumentos tradicionales japoneses y esas arrancadas de guitarra vibrante, es simplemente épico y te pone el pelo de punta. El solo final, con esos doblajes, te hace morir en la gloria bendita.
Conclusión: Un placer para los oídos
En resumen, *Tokyo Jukebox 3* es un disco que, aunque basado en versiones, suena 100% a Marty Friedman. Es un festín de melodías pegadizas, fusionadas con maestría, técnica impresionante y una energía contagiosa. No importa si conoces o no las canciones originales; la guitarra de Marty te guía a través de este viaje musical por Japón con sentimiento y genialidad.
Es un trabajo para disfrutar, para escuchar esas melodías alucinantes, esos ramalazos de metal, ese toque exótico… Para los amantes de la guitarra, es una lección magistral. Friedman hace lo que le da la gana, lo graba y lo borda. Es un disco sencillamente espectacular, recomendable para cualquiera que quiera abrir sus oídos y, por supuesto, una joya para quienes, como yo, amamos cómo este hombre hace hablar a su instrumento.
Marty Friedman regresa a Chile: Una leyenda de la guitarra
El texto principal destaca la próxima visita a Chile del reconocido guitarrista Marty Friedman, célebre por su influyente paso por Megadeth y su destacada carrera solista. Se señala su impacto en el thrash metal y su actual vida en Japón.
Esta será la cuarta visita de Friedman a Chile en formato solista después de siete años. El concierto, programado para el viernes 13 de junio según la publicación, presentará material de su trilogía Tokyo Jukebox y su reciente álbum Drama (2024). Además, el show será grabado oficialmente para material en vivo, y las entradas están a la venta a través de Ticketplus.

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