No es para nadie un secreto que tener la dicha de vivir en Latinoamérica es ya de por si un acto de valentía. Nacer en un continente donde las “papas queman” siempre es interesante tanto en el ámbito político como emocional. A quien no se le ha pasado por la cabeza la idea de “irse de Latinoamérica” por alguna vez que sentías que todo iba en tu contra.
Es verdad, vivir en Latinoamérica es un constante abuso emocional y sobre todo para los músicos, personas que viven (o que tratan vivir) del arte. Estos seres humanos que comprenden la belleza de la música en su máxima expresión (por supuesto, todos menos los trues) suelen tener distintos trabajos en este continente para poder solventar sus gastos del mes. Algunos dictan clases en academias (o fundan su propia academia) o tocan en bandas de distintos estilos (las que dan más plata son las de cumbia), otros tienen otro trabajo aparte de lo musical y con esto “paran la olla”.
Por supuesto, ser músico en este continente es de valientes; sin embargo, si quieres encontrar el nivel más alto de dificultad de este juego llamado Latinoamérica, tienes que tener una banda de Metal. Exacto, atreverse a tener una banda de Metal en este continente es significado de tener que invertir constantemente en algo que jamás devolverá lo invertido, tener fe en un proyecto que piensas algún día te hará famoso como lo hicieron bandas tales como Sepultura o Rata Blanca.
Si, por supuesto, hacer Metal en Latinoamérica es de valientes… y como lo venimos diciendo entre líneas, también es de locos. Locos que creen que algún día las cosas cambiarán y que serán escuchados por miles de personas, locos que sueñan con tocar en esos hermosos escenarios donde sus ídolos tocan cuando llegan de gira por estas tierras, locos que no dejan de soñar y tener siempre todas las ganas para salir adelante.
Pero esta locura tiene un tope, un límite, y ese límite lo tocaron muchas bandas este año. En todos los países, debido a la pandemia, distintas agrupaciones decidieron dejar sus sueños de lado para poder tocar tierra y satisfacer las necesidades de sus familias. Pues como es obvio, uno tiene que dejar sus sueños para dar de comer a los suyos.
¿Pero qué se puede hacer para que estos locos continúen con la locura? Fácil, apoyar. Así como apoyamos a bandas extranjeras comprando merch oficial, discos o incluso comprando tickets, también deberíamos cambiar de hábitos y comenzar a escuchar más lo nuestro, asistiendo a más eventos y apoyar más. Lo que nos cuesta 3 cervezas nos cuesta 1 disco de tu banda local, un disco que significa un gran apoyo económico para ellos. Y bueno, si no tienes las capacidades, existen otras alternativas como las plataformas digitales, empresas que pagan una ínfima parte de los justo a las bandas… pero claro, esta ínfima parte si se multiplica por grandes números sale algo provechoso para las bandas.
Ya lo hemos dicho infinidad de veces, el Metal en Latinoamérica es bueno, existen grandes bandas con mucho talento, lo único que falta es una demanda al respecto. Dejar un lado lo que siempre escuchamos una y otra vez para poder escuchar algo nuevo, fresco y con muchas ganas de sonar en todo lado. Si hiciéramos ese pequeño cambio en nuestra mentalidad no tendríamos porqué envidiar a Europa ni a Estados Unidos.