Yngwie Malmsteen tiene 63 años, sigue tocando sin bajar el ritmo y prepara Hell Or High Water, un disco que saldrá este noviembre. El guitarrista sueco, que desde hace 14 años también canta en su propia banda, conversó con Blabbermouth sobre el nuevo material, la inteligencia artificial, su infancia entre músicos y una de las giras más raras que ha vivido el metal: 20 conciertos en la Unión Soviética.
La charla fue por Zoom y tuvo poco de trámite promocional. Malmsteen se mostró tranquilo, bromista y con ganas de contar historias largas, de las que solo salen cuando alguien lleva más de cuatro décadas viviendo de la guitarra en Estados Unidos. Estas son las respuestas que mejor retratan al músico de hoy y las que explican por qué Yngwie Malmsteen y Hell Or High Water merecen atención más allá del puro virtuosismo.
Hell Or High Water: el disco de noviembre y sus primeras canciones
Hell Or High Water llegará en noviembre y ya tiene un adelanto: «Now Or Never», el sencillo principal. Según la crónica que abre la entrevista, el álbum esconde ganchos bien trabajados, y en él las voces del propio Yngwie suenan más firmes que en trabajos anteriores. Nadie espera que un disco suyo gire en torno al cantante, porque el motivo para escucharlo sigue siendo verlo desatar solos, pero esta vez hay estribillos que se quedan.
Otro tema que llama la atención es «(He Is) Living A Lie», que continúa una vieja costumbre del guitarrista: apuntar una canción hacia alguien que le hizo daño. Cuando el entrevistador le preguntó si era un sucesor de «Liar», de Trilogy, Malmsteen lo negó con tacto. Dijo que prefiere no señalar a nadie en sus letras, que el tema habla de libertad en general y que cada oyente puede interpretarlo como quiera, igual que cada lector imagina distinto un libro.
Un guitarrista que no suelta el micrófono

Desde que decidió cantar sus propias canciones, hace 14 años, la decisión no ha sido popular entre los fans. La banda de Yngwie ha pasado por vocalistas de mucho nivel, como Jeff Scott Soto, Mark Boals o Tim «Ripper» Owens, y hay quien piensa que cualquiera de ellos haría más justicia a temas como «I Am A Viking». Malmsteen, sin embargo, insiste en hacerlo todo él, y ese afán de control ha sido la constante de su carrera.
Cuando le preguntaron si se siente más cómodo como cantante, respondió que ha mejorado con cada disco. Para él no es un capricho reciente. Recordó que en 1977 ya tenía una banda llamada Powerhouse, luego Rising y después Rising Force, y que en esas formaciones tocaba la guitarra y cantaba. Por eso dice que el paso al micrófono es «una vuelta», no una novedad. Si quieres saber cómo viven otros cantantes de metal las exigencias de las giras, en Cuartel del Metal ya recogimos los desafíos vocales de Tim «Ripper» Owens en carretera.
Sobre cómo compone una melodía vocal, Yngwie fue directo: «todo es matemática en la música». Explicó que, sobre una progresión en mi menor, la melodía no debería arrancar en la nota raíz, sino en la quinta o en la tercera, y que repetir una frase mientras cambian los acordes evita que suene aburrida. Aclaró que él no piensa así al escribir; la melodía «sale sola», y siempre escribió las líneas vocales, incluso cuando otros cantaban sus canciones.
Sin inteligencia artificial en su estudio
La primera pregunta de la entrevista fue sobre la IA, y la respuesta fue menos dramática que la de muchos colegas. Malmsteen admitió que casi no tiene experiencia con ella, que ha visto cosas asombrosas, sobre todo con imágenes, pero que se considera «de la vieja escuela»: «nada de IA por aquí». Reconoció el potencial, aunque no cree que ahora mismo amenace a los artistas de verdad. Y remató entre risas: «quién sabe» si eso cambiará.
Es una postura coherente con alguien que presume de haber construido su carrera con las manos. Nunca pidió permiso para tocar como toca, y cuando le dijeron de joven que no llegaría a ningún lado, siguió adelante. Ese espíritu artesanal aparece en cada respuesta del texto.
De Suecia a Estados Unidos: una infancia entre instrumentos
Malmsteen resumió su historia con la facilidad de quien la ha contado muchas veces. Nació en Suecia, fue el menor de una familia de músicos y cantantes de ópera, y recibió un violín a los cuatro años, una guitarra a los cinco y una trompeta a los seis. A los siete, dice, le mostraron a Jimi Hendrix rompiendo una guitarra, y él ya tenía la suya. Cuenta que desde el segundo grado organizaba conciertos y reclutaba a otros niños, aunque no supieran tocar.
Hasta 1982 vivió en Suecia, con un estudio heredado de su tío donde se grababa a sí mismo tocando batería, bajo y teclados. Ahí nació «Black Star», por accidente, según su versión. Ese año recibió la oportunidad de mudarse a Estados Unidos, «lo mejor que me pasó», y en 1984 empezó su carrera solista. Ya lleva 43 años en el país. También explicó por qué habla tan bien inglés: en Suecia las series y películas se veían subtituladas, no dobladas, y a los seis años ya había leído Ivanhoe en inglés.
Ese salto al norte dejó también una anécdota divertida: antes de mudarse, alguien de la gerencia de KISS lo llamó y le preguntó si medía seis pies. Él no supo qué contestar (calcula que mide casi seis pies y tres pulgadas) y, según cuenta, no consiguió el puesto por eso.
«Father»: el padre soldado y espía
Uno de los temas del álbum se llama «Father», y el entrevistador le preguntó por su padre. Yngwie contó que casi no creció con él, porque sus padres se separaron cuando era muy pequeño, y que se acercó a él después de la muerte temprana de su madre. Lo describió como un soldado profesional de fuerzas especiales que, ya durante la Guerra Fría, acabó espiando a los rusos. Es un relato del propio músico, y él mismo bromeó con «sin mentir».
De ahí viene la parte más increíble. Según Malmsteen, en 1986 alguien de PolyGram vendió el álbum Trilogy al sello estatal soviético Melodiya, que lo editó oficialmente y llegó a vender 16 millones de copias. Su padre, infiltrado en la URSS, escuchó el disco mientras conversaba con un cantante de ópera y vio el nombre «Yngwie J. Malmsteen» escrito en ruso: «¡Ese es mi hijo!». Así, cuenta, terminaron programándose conciertos allá.
Veinte conciertos en la Unión Soviética, con explosiones reales

Malmsteen asegura que hizo 11 noches seguidas en el estadio olímpico de hockey de Moscú, con capacidad para 18 mil personas, y nueve más en Leningrado, todas agotadas. Recuerda el lugar como un sitio sin recursos: un equipo de cámaras que cree que llegó de Finlandia, el catering enviado desde Hungría y poca tecnología. Cuenta que esa gira fue anterior a la llegada de las otras grandes bandas de metal al país, que viajaron dos años después. La grabación en vídeo, Trial By Fire: Live In Leningrad, la calificó el entrevistador de impresionante.
En la última noche la banda filmó el show sin pirotecnia, porque los efectos eran explosiones reales del ejército debajo del escenario, tan fuertes que cortaban los micrófonos. Los sonidos de bomba se añadieron después. Y hubo otra anécdota: en el público lanzaban monedas al escenario. Un día su padre subió, tomó el micrófono y pidió en ruso que dejaran de hacerlo. Según Malmsteen, funcionó. Sobre aquellos discos con su nombre en cirílico, dice que no tiene ninguno en casa, aunque a veces algún fan le enseña el suyo.
Botellazos, Lemmy y por qué el directo sigue siendo su casa
El peor golpe que ha recibido en un escenario fue en Alaska, cuando alguien arrojó una botella grande de Jack Daniel’s que le pegó en el mástil de la guitarra. Si hubiera tenido la mano ahí, dice, le habría destrozado los dedos. El impacto sacó varios trastes del instrumento. Aparte de eso, cuenta que ha tenido suerte. Hace un mes tocó en el Monsters of Rock de Brasil.
También habló de Lemmy, a quien llama «un buen amigo». Se cruzaban en Inglaterra a finales de los ochenta, cuando su management estaba allá, y pasaban horas conversando. Y cuando le preguntaron si podría vivir solo en el estudio, respondió que necesita tocar frente a la gente: el directo «es como ir a la batalla», con emoción y riesgo, porque nunca repite exactamente lo mismo y por eso no se aburre. Si buscas otra mirada sobre los guitarristas que marcaron a su generación, lee los guitarristas favoritos de Dave Mustaine.
Sobrio, tenista y sin achaques a los 63
Al preguntarle por su salud, Yngwie respondió que no tiene problemas. Dice que se cuida bastante: no bebe, no consume nada dañino, juega tenis, sale al sol y se levanta temprano. Reconoce que en otra época sí hubo excesos, pero que lleva unos 20 años «limpio como un silbato». También mantiene la mente ocupada, para no obsesionarse si algo empieza a crujir. Es la imagen de un guitarrista que no piensa retirarse y que sigue trabajando a su manera.
Preguntas frecuentes sobre Yngwie Malmsteen y Hell Or High Water
¿Cuándo sale Hell Or High Water de Yngwie Malmsteen?
El nuevo álbum de Yngwie Malmsteen llegará este noviembre, según la entrevista publicada por Blabbermouth. El sencillo principal es «Now Or Never», que ya cuenta con video oficial en YouTube. Otro tema mencionado es «(He Is) Living A Lie», que sigue la costumbre del guitarrista de dedicar alguna canción a quien lo ha decepcionado, aunque él prefiere no dar nombres.
¿Por qué Yngwie Malmsteen canta en sus propios discos?
Malmsteen asume las voces desde hace 14 años y asegura que ha ido mejorando con cada álbum. Explica que no es algo nuevo, porque ya cantaba y tocaba la guitarra en bandas de su juventud como Powerhouse, Rising y Rising Force. Aunque su grupo ha tenido cantantes de renombre, él prefiere mantener el control total de su música.
¿Qué piensa Yngwie Malmsteen de la inteligencia artificial?
Dice que no tiene mucha experiencia con ella y que sigue siendo de la vieja escuela: «nada de IA por aquí». Ve un gran potencial, pero no cree que por ahora amenace a los artistas de verdad, aunque deja abierta la duda con humor. Aclara que no es la persona indicada para opinar a fondo, porque no la usa en su trabajo.
¿Qué pasó con la gira de Yngwie Malmsteen en la Unión Soviética?
Según sus palabras, ofreció 20 conciertos: 11 noches en un estadio de Moscú de 18 mil asientos y nueve en Leningrado, todos con entradas agotadas. Cuenta que su padre lo ayudó a calmar al público cuando lanzaban monedas, y que las explosiones reales del ejército obligaron a filmar la última noche sin pirotecnia. La grabación se conoce como Trial By Fire: Live In Leningrad.
Con 63 años y un disco en camino, Malmsteen deja claro que su plan no cambia: mantener el control de todo, tocar en vivo y no ceder el micrófono. Los fans que lo critican por cantar tendrán en Hell Or High Water una nueva prueba, y quienes solo van por los solos difícilmente saldrán decepcionados. Para completar la lectura de la semana, otra voz que ha dado de qué hablar en Cuartel del Metal es la de Absolute Power junto a Tim «Ripper» Owens, y su sencillo «Needs Must When The Devil Drives». La fuente original de esta entrevista está en Blabbermouth.
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