Pocas bandas son tan amadas y odiadas al mismo tiempo como Six Feet Under. Amada por su poderoso death metal y una trayectoria de más de 30 años, y “odiada” por la actitud y los dichos de su vocalista y líder, Chris Barnes, sobre su antigua banda. Pero nada de eso importa ahora: lo realmente importante es que la espera terminó.
Partiendo por casa
A las 17:30 horas abrió la jornada la banda nacional GhostSpell. Con un tercio del Cariola ocupado, el trío originario de La Calera desplegó su setlist y cautivó a quienes ya estábamos presentes. Su sonido potente y sus muy buenos riffs demostraron que el metal está más vivo que nunca en nuestro país. Al terminar, salí a tomar aire y me encontré con la entrada del teatro repleta, con mucha gente fotografiándose frente a la gigantografía ubicada pasando las puertas. El ambiente era de pura expectación por ver a la banda principal.
Una leyenda nacional
A las 18:20 subieron los ya legendarios Pentagram Chile, con el recinto ocupado a más de la mitad de su capacidad. La banda, liderada por Anton Reisenegger, nos dio la bienvenida con la poderosa ‘Fatal Predictions’ y el ánimo del público no pudo ser mejor: recibieron a las leyendas nacionales con todo el respeto que se han ganado. Su thrash y death metal se hizo presente en temas como ‘Profaner’, ‘El Imbunche’ (de su último disco) y ‘Possessor’. Anton anunció que sería una presentación corta, pero no por eso menos poderosa, y cumplieron. Pasadas las 19 horas cerraron con ‘Demoniac Possession’ y se despidieron hasta una próxima oportunidad.
La espera por fin terminó
Para entonces el Teatro Cariola estaba lleno a más no poder y la ansiedad por ver por primera vez en Chile a la banda principal no daba tregua. A las 19:30, diez minutos antes de lo previsto, Chris Barnes y compañía entraron al escenario para sacudirnos con su repertorio. ‘War Is Coming’ dio indicios de lo que sería la jornada. Durante ‘Revenge of the Zombie’, un fanático intentó subir al escenario y fue interceptado por los guardias, lo que provocó un pequeño forcejeo con quien buscaba sus cinco minutos de fama. Los norteamericanos siguieron tocando, atentos al intercambio que se armó a un costado.
Barnes interactuó con el público, conversó y rio. Dijo estar feliz de por fin comprobar lo que unos “amigos” le habían contado sobre los fanáticos chilenos. Con ‘Death or Glory’ lanzaron su primer cover y, tres temas después, el segundo de la noche: una poderosa versión de ‘T.N.T.’ de los grandes AC/DC. Una vez más, Chris se dirigió al respetable: “Fue una larga espera, espero que valga la pena”.
Cuatro canciones nos separaban del final. Un Chris Barnes que no soltó el atril de su micrófono se despidió anunciando la última de la noche: ‘Hammer Smashed Face’, de su era con Cannibal Corpse. Nos fuimos con la sensación de haber visto a una de las mejores bandas de death metal del mundo y con una deuda de más de 30 años completamente saldada.
En mi opinión, tanto el sonido de la banda como la voz de Barnes estuvieron a la altura. Se siente un poco el desgaste de los años, pero nada que pueda decirse que estropeó el espectáculo.
Texto: Bodhi Sangh
Fotos: Maryana Ponce Vergara

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