Crónicas

Retro Review: Dream Theater en Chile 2024

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Dream Theater Chile 2024: el regreso que nos dejó con hambre de más

Reseña por Maximiliano Figueroa Henríquez

Con el 22 de abril de 2026 encima — y la grabación del DVD de la gira “Parasomnia feat. A Change of Seasons Tour” a pocas horas — en el Cuartel volvemos la vista atrás a aquella noche de diciembre de 2024 en que Dream Theater nos dejó con la mandíbula en el suelo y una sola pregunta en la cabeza: ¿cuánto falta para su regreso?

Hay conciertos que uno ve y se olvida a la semana. Hay otros que uno ve y entiende que fue testigo de algo. La noche del 21 de diciembre de 2024 en el Movistar Arena fue de las segundas, y el tiempo no ha hecho más que confirmarlo. Dream Theater volvió a Chile con Mike Portnoy en la batería — el Mike Portnoy, el original, el que se fue y nos dejó con el corazón partido en 2010 — y lo que entregó en esas dos noches fue, visto hoy, la promesa de lo que el 22 de abril quedará grabado para la eternidad en DVD. Esas noches plantaron la semilla. El miércoles 22 de abril, Santiago la convierte en historia.

Porque sí: fueron dos fechas. El 21 y el 22 de diciembre, ambas en el Movistar Arena, ambas con un setlist que varió lo suficiente como para que quienes tuvieron la fortuna de ir a las dos jornadas vivieran experiencias distintas. El segundo día trajo “O Holy Night” — un villancico progresivo que hizo que más de un metalero duro no supiera muy bien cómo procesar lo que estaba sintiendo — y “A Change of Seasons”, que no es casualidad que dé nombre a la gira que ahora vuelve a Chile. Pero esta reseña es sobre la primera noche. La del 21. La que abrió todo.

Baxty: el chileno que se ganó el derecho al escenario

Antes de que los cinco de Nueva York tomaran el control, el Movistar Arena fue testigo de algo que no todo el mundo le dio el mérito que merecía en su momento. Bastian Martínez, el músico chileno conocido como Baxty, que inició su carrera a los 13 años apadrinado por Tosin Abasi, subió al escenario junto a Ignacio, un guitarrista de 18 años, y juntos le pusieron los pelos de punta a más de uno que había llegado a matar el tiempo antes del plato principal. La conexión de Baxty con el universo Dream Theater no es pura casualidad ni marketing: colaboró con Jordan Rudess en el solo de “Embers” del disco Permission to Fly. No es cualquier dato. Es el tipo de dato que hace que uno se detenga y piense que la escena progresiva chilena está pasando por algo especial.

El Acto I: cuando el telón cayó y la cancha explotó

Seamos honestos: nadie en esa cancha estaba preparado del todo. Uno cree que está preparado. Uno lleva años escuchando los discos, se sabe los compases de memoria, ha visto los DVD anteriores mil veces. Y aun así, al caer el telón la aparición de la banda desató una euforia inmediata, transformando la tranquilidad en una oleada de gritos, empujones y saltos que dejó claro que esto era otra dimensión. La noche arrancó con un “Prelude” instrumental — un guiño a Bernard Herrmann que funcionó como overtura cinematográfica — antes de que “Metropolis Pt. 1” cayera encima sin piedad. Sin anestesia. La banda llegó a matar y el público respondió en la misma moneda.

Lo que siguió fue un primer acto construido con una inteligencia setlistera que no todo el mundo aprecia en el momento pero que después, al procesarlo, uno entiende que fue una obra maestra de arquitectura en vivo. “Overture 1928” y “Strange Déjà Vu” de Scenes from a Memory encadenados, y el Movistar convertido en un organismo colectivo que respiraba al mismo ritmo. LaBrie le dijo al público que Santiago era un lugar hermoso — sí, James, lo es — y luego presentó a Portnoy como “su hermano de otra madre”, quien fue recibido con una ovación impresionante. La gente llevaba años esperando ese momento.

“The Mirror” se conectó magistralmente con la poderosa entrada de “Panic Attack”, un momento caótico y contundente que destacó como uno de los más intensos del show. “Panic Attack” en vivo es una experiencia física. No es metáfora. El que estuvo ahí sabe de qué hablamos. “Hollow Years” llegó en su versión demo del 96 — con solos extendidos de guitarra y teclado que convirtieron lo que ya era una pieza emotiva en algo directamente desmedido — siendo uno de los momentos más emotivos de esa primera parte. “Constant Motion” volvió a encender todo, y el cierre con “As I Am” remató un primer acto de 75 minutos que fue, sin exagerar, una masterclass de lo que significa tocar con precisión quirúrgica sin perder ni un gramo de emoción.

El Acto II: un viaje por cuatro décadas y una puerta al futuro

El segundo acto arrancó con algo que ya de entrada te ponía en modo otro planeta: una Overtura Orquestal construida con fragmentos de cada uno de los álbumes de Dream Theater. Toda la discografía comprimida en minutos, como si la banda quisiera recordarle al público el tamaño de lo que estaba viendo antes de seguir adelante. El tipo de detalle que separa un buen show de uno que recordás de por vida.

De ahí en adelante, el Acto II desplegó su lado más introspectivo y exigente. “Night Terror” — material nuevo, una de las canciones de Parasomnia — sonó esa noche como una carta de presentación de algo que recién comenzaba. “Under a Glass Moon” transportó a la gente a los tiempos de Images and Words con una solvencia aplastante. “This Is the Life” fue uno de los momentos más conmovedores de la noche, y “Vacant” y “Stream of Consciousness” alternaron entre la calma y la explosión con esa naturalidad que solo tienen las bandas que llevan décadas tocando juntas — o que, en este caso, volvieron a hacerlo como si el tiempo no hubiera pasado. Y entonces llegó “Octavarium”, cuya ejecución impecable mostró los múltiples matices de la agrupación en una pieza que combinó emoción, técnica y complejidad: el tipo de canción que te recuerda por qué llevas veinte años siendo fan de esta banda y no te arrepientes de nada.

El encore: el Mago de Oz, una despedida y algo que se te queda pegado

Si el show ya había dado todo, el encore vino a redondear con categoría. Un clip de El Mago de Oz abrió el camino para “Home” de Scenes from a Memory, que con todo el contexto del setlist anterior llegó con una carga emocional brutal. Y el cierre fue “The Spirit Carries On” — otra pieza de Scenes from a Memory — que en el silencio relativo que dejó “Octavarium” sonó como el remate perfecto: poderosa, limpia, y con LaBrie entregándose en uno de sus mejores momentos de la noche. “Pull Me Under” cerró la fiesta como se merecía, con el Movistar entregado hasta el último decibel.

El segundo día, como decíamos, tuvo sus propias sorpresas — “O Holy Night” y “A Change of Seasons” entre ellas. Dos noches, dos experiencias distintas, el mismo nivel estratosférico. Así es Dream Theater cuando está en modo Dream Theater de verdad.

Lo que viene: esta vez queda grabado para Dream Theater y nosotros

La noche perteneció a Mike Portnoy, cuya energía y dominio de la batería hicieron que el regreso de Dream Theater a su formación clásica se sintiera completo. Pero lo que esas noches de diciembre de 2024 dejaron en claro es algo más importante: que Chile se lo gana. Que este público merece ser el escenario donde Dream Theater elija grabar su historia — y resulta que la banda pensó exactamente lo mismo.

El 22 de abril no es la continuación de diciembre de 2024. Es la confirmación. La misma banda, el mismo recinto, Parasomnia ya digerido con meses de gira encima, y una producción de DVD que va a dejar constancia de que Santiago estuvo a la altura. Aquellas noches de diciembre fueron la promesa. El 22 es el cumplimiento.

 

Foto: Sergio Mella

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