En un mes llenísimo de conciertos tan intensos como se pueda imaginar, era totalmente necesario un relajo sin salirse de nuestro tan querido Metal. Y el Six Strings & One Voice Tour fue la excusa perfecta para la tranquilidad necesaria por parte de un dúo muy querido en el país, como lo son Marko Hietala y Anneke Van Giersbergen. El Club Chocolate tuvo el privilegio de recibirlos, encima por partida doble, en un show que analizaremos a continuación.
Caterina Nix y Nasson fueron quienes abrieron el show, con algunos covers más música de Chaos Magic, Nasson y Sinner’s Blood, bandas de ambos artistas. ‘Enjoy the Silence’ de Depeche Mode, fue uno de los puntos más altos de su presentación, con dulces voces que corearon este clásico junto al dúo. Un tibio entremés para lo que la gente esperaba.
Y ahí, entre también, una calma pocas veces vista gracias al formato acústico del concierto, aparecen en escena Marko Hietala y el guitarrista Tuomas Wäinölä. El show comenzó con música de su autoría, como ‘Stones’ e ‘Isäni ääni’ -cantada en finlandés-, que a pesar de no ser las más conocidas por el público, los cientos de personas en el recinto aplaudieron a rabiar al final de cada una. Y ahí, un clásico del Hard Rock, que tampoco es el más famoso, pero ‘Jailbreak’ de los extintos Thin Lizzy funcionó muy bien para prender a toda la gente. ‘Holy Diver’ de Dio y ‘Children of The Grave’ de los majestuosos Black Sabbath, funcionaron increíblemente bien en el formato acústico, con varios cantando a todo pulmón estos cortes que forjaron el carácter del Heavy Metal en su momento. Mientras ‘Child of Babylon’ de Whitesnake era coreada por varios, Anneke aparece en escena sorpresivamente para unirse al show.
Anneke, la más querida del circuito
Podríamos perfectamente decir que Anneke tiene la voz más bonita del Metal y posiblemente, estar en lo cierto. Un canto de sirena que envuelve melodías de The Gathering, Ayreon y Nightwish, de manera deslumbrante. La carismática y sonriente cantante agradece constantemente al público, que se hace parte del show a gritos bastante incómodos a ratos. Pero ella, toda una dama, a pesar de sus caras de asombro y sus ‘thank you’ hasta un poco tímidos, continuó con su presentación. ‘I Saw a Car’, ‘Saturnine’, ‘The May Song’ y hasta ‘Like A Stone’ de Audioslave, se dieron cita en un set que no tuvo puntos bajos.
Para la vuelta de Marko y Tuomas al stage, hay más clásicos del Metal, como son ‘Wasted Years’ de Iron Maiden y ‘Perry Mason’ del tata Ozzy Osbourne. También hay tiempo para The Gathering con ‘Strange Machines’ y una conexión sobre el escenario que se transmite a cada uno de los presentes. Todo tiene un final y este llegó de la mano de ‘The Sound of Silence’, original de Simon and Garfunkel que todos cantaron como un himno. Un bello cierre para un espectáculo sobrio y exitoso, de esos que no se ven muy seguido.
En un calendario lleno de conciertos apabullantes, uno en formato acústico parece casi un sueño, un dulcecito entremedio de todo el resto que puede ocurrir y de la manera más sencilla y básica que se puede hacer. Un unplugged que se convirtió en una fiesta para pocos, que se agradece de forma íntima y se celebra con una sonrisa de esas que se tienen tras despertar de un sueño bonito.
Samuel Víctor Acevedo
Fotos por Pedro Ateaga


