Por Alan Gormaz Cartagena.
Anoche, el Teatro Cariola de Santiago volvió a convertirse en un territorio consagrado al metal extremo. Bajo una atmósfera cargada de oscuridad, misterio y una evidente expectación, los sonidos del black metal se apoderaron del recinto para dar vida a una jornada particularmente significativa: la primera visita a Chile de dos nombres fundamentales dentro de las vertientes más sombrías del género, Hecate Enthroned y Old Man’s Child.
Desde temprano podía percibirse que no se trataba simplemente de otro concierto. Había una sensación de acontecimiento, de estar frente a una fecha que quedaría registrada en la memoria de quienes decidieron atravesar las puertas del Cariola. El público respondió con entusiasmo y, a medida que avanzaba la noche, esa expectación inicial se transformó en una comunión cada vez más intensa entre las bandas y los asistentes.
Los encargados de abrir esta ceremonia fueron los chilenos Sol Sistere, representantes de una escena nacional que hace tiempo dejó de necesitar presentaciones para demostrar su capacidad de desenvolverse dentro de los territorios más inhóspitos del metal. Su propuesta, profundamente ligada a las atmósferas propias del black metal, preparó el terreno para lo que vendría posteriormente.
La respuesta del público fue especialmente importante durante su presentación. Lejos de asumir el papel de una banda meramente introductoria, Sol Sistere logró establecer desde los primeros acordes una conexión con los asistentes, quienes recibieron su propuesta con respeto y entusiasmo. La oscuridad sonora comenzó así a extenderse por el recinto, preparando el escenario para la llegada de los invitados internacionales.
Entonces llegó el momento de Hecate Enthroned.
Para la agrupación británica, esta presentación representaba nada menos que su debut en Chile, un acontecimiento largamente esperado por quienes siguen las distintas manifestaciones del black metal europeo. Y el público santiaguino dejó claro desde el comienzo que sabía perfectamente la importancia de estar frente a ellos.
La aparición de Hecate Enthroned produjo una inmediata reacción. Los primeros compases fueron recibidos con una intensidad que rápidamente se transformó en movimiento, gritos y una participación constante de los asistentes. El Teatro Cariola parecía adquirir otra dimensión mientras la banda desplegaba esa combinación de oscuridad, agresividad y atmósferas siniestras que ha caracterizado su trayectoria.
Pero más allá de la ejecución musical, hubo algo particularmente destacable: la recepción del público. La audiencia respondió a la banda como si aquella visita hubiese sido largamente postergada. Cada reconocimiento, cada intervención y cada momento de mayor intensidad encontraba respuesta desde la pista. Para Hecate Enthroned, aquella primera incursión en territorio chileno terminó convirtiéndose en una bienvenida difícil de ignorar.
Y cuando parecía que la noche ya había alcanzado uno de sus puntos más altos, llegó el momento esperado.
Old Man’s Child finalmente pisó el escenario del Teatro Cariola.
La importancia histórica de la presentación era evidente. La agrupación liderada por Galder llegaba por primera vez a Chile, cargando consigo décadas de historia y una identidad musical profundamente vinculada a las raíces del black metal noruego. Para muchos de los presentes, finalmente se concretaba la posibilidad de escuchar en directo una música que durante años había pertenecido exclusivamente al territorio de las grabaciones, los recuerdos y la imaginación.
La respuesta fue inmediata.
Desde los primeros minutos, el público dejó en claro que había esperado demasiado tiempo para vivir este momento. El ambiente se volvió progresivamente más intenso y el Cariola se transformó en un verdadero hervidero de voces, movimiento y devoción metalera. No era solamente entusiasmo: había una sensación de reconocimiento hacia una banda cuya trayectoria ha permanecido ligada a una época fundamental en la evolución del black metal.
Old Man’s Child respondió desplegando una presentación cargada de oscuridad, melodía y agresividad. Su propuesta permitió recorrer distintas facetas de una obra marcada por riffs afilados, atmósferas sombrías y una identidad que ha sabido diferenciarse dentro del extenso universo del black metal.
El público acompañó cada instante con una energía constante. Los cánticos, los aplausos y la respuesta desde la pista demostraron que la espera había valido la pena. Y cuando llegó el momento de cerrar la ceremonia, quedó la impresión de haber presenciado algo más que un concierto: el nacimiento de un vínculo entre una banda que jamás había pisado Chile y una audiencia que llevaba años esperando recibirla.
Así terminó una noche que difícilmente podía pasar inadvertida. Sol Sistere abrió las puertas de esta dimensión oscura; Hecate Enthroned convirtió su debut chileno en una celebración de furia y sombras; y Old Man’s Child finalmente saldó una deuda histórica con sus seguidores nacionales.
El Teatro Cariola quedó atrás, pero durante varias horas sus muros fueron testigos de una ceremonia donde el black metal volvió a demostrar que sus verdaderas raíces no viven únicamente en los discos o en la historia del género, sino también en la conexión entre músicos y público.
Y anoche, en Santiago, esa conexión fue particularmente intensa.
Dos debuts internacionales, una banda nacional defendiendo su territorio y un público dispuesto a recibirlos en medio de una noche teñida de oscuridad. El Cariola tuvo sus propias sombras. Y durante unas horas, pertenecieron al black metal.
Alan Gormaz Cartagena
Fotos por Maryana Ponce Vergara

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