Ni los imprevistos logísticos de última hora ni las circunstancias más adversas pudieron frenar la brutalidad de los británicos en su regreso a Santiago.
La legendaria institución del death metal británico de Birmingham se presentó ante un repleto RBX (Rock Bar Xperience) desatando una verdadera carnicería sónica para los fanáticos fieles que abarrotaron el recinto. El espectáculo, originalmente anunciado en el Teatro Cariola, se reubicó en este espacio más íntimo, convirtiendo la velada en una auténtica caldera humana.
La previa estuvo a la altura del calibre internacional de la jornada gracias a la actuación de los nacionales Diabolvs. El combo chileno se encargó de encender los fuegos con una propuesta agresiva, cargada de riffs afilados y una muralla de sonido aplastante que dejó el ambiente caldeado al máximo. Con una ejecución precisa y presencia escénica arrolladora, la banda local demostró el excelente nivel del underground sudamericano, desatando los primeros círculos de mosh y dejando al público con los decibeles al tope para recibir a los cabezas de cartel.
La fecha venía precedida por un momento sumamente delicado y complejo para la banda: su baterista titular Gio Durst, tuvo que viajar de urgencia a Europa debido al sensible fallecimiento de su padre. En una muestra descomunal de compromiso y camaradería subterránea, un baterista de relevo asumió la titánica misión de aprenderse el repertorio en apenas dos días para salvar la fecha en suelo nacional.
Sobre el escenario, el icónico Kam Lee —reconocido frontman de la vieja escuela y también recordado por su paso por Massacre— fue transparente con la audiencia. Con la crudeza y sinceridad que caracterizan al death metal, explicó la situación personal que golpeó al cuarteto e indicó que, debido al cortísimo margen de preparación, tendrían que repetir algunos temas a lo largo de la presentación. Lejos de enfriar los ánimos, la fanaticada local respondió con una ovación cerrada y un mosh pit constante e implacable.
A lo largo del set resonaron latigazos pesados de la discografía clásica de la banda, combinando la velocidad cavernosa de los primeros años de Subconscious Terror con el peso demoledor de Transcend the Rubicon y los cortes filosos de su retorno discográfico con Scriptures in Scarlet. Pese a que el repertorio debió adaptarse a la contingencia, la precisión y la potencia del ensamble dejaron exhaustos a los asistentes, cerrando una jornada de catarsis pura y respeto mutuo entre banda y fanaticada.
Benediction demostró por qué lleva más de tres décadas en la cima del metal extremo internacional: no importan los cambios de sala ni las tormentas personales, la maquinaria de guerra no se detiene. Junto al impecable prólogo forjado por Diabolvs, fue una noche inolvidable de caos organizado que deja la vara alta y el anhelo intacto de volver a verlos pronto en condiciones mucho más favorables.
Agustín Morales Pérez
Fotos por Maryana Ponce Vergara


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